Cómo subir al Preikestolen: haciendo los sueños realidad.

Tengo que decirlo. Después de tantos años viajando todavía hay lugares cuya visita me hacen sentir un cosquilleo especial. Y el Preikestolen en los fiordos noruegos es uno de ellos.

Esta enorme plataforma rocosa que cae a pico desde más de 600 m. de altura sobre el fiordo de Lysefjorden es toda una imagen icónica de la belleza natural que atesora Noruega. Y su imagen me ha acompañado muchas veces a lo largo de estos años a medida que otros viajeros conseguían llegar hasta su cima.

Tengo que decir que hasta hace un par de años nunca me había planteado viajar a Noruega. Pero desde entonces la idea empezó a rondarme seriamente por la cabeza. Y cada vez con más insistencia hasta pasar a convertirse en destino preferente de mi agenda viajera (ilimitada por cierto). Lo que sí tenía muy claro es que el primer lugar al que debía ir tenía que ser “el Púlpito”, el Preikestolen. Para ello debía viajar a Stavanger en primavera o verano porque la climatología en los países nórdicos es un factor a tener en cuenta. Aunque también es cierto que aunque en el sur de Noruega no hace tanto frío como en el norte, las lluvias suelen hacer acto de presencia. Sin embargo tras este viaje he comprobado que aún con lluvia se puede disfrutar de algunos de los paisajes más escénicos existentes en Noruega por su grandiosidad y belleza.

Pues ese día ha llegado. La verdad es que viajar desde España a Noruega se ha abaratado notablemente. Para vuestra información este viaje desde Barcelona a Stavanger ida y vuelta me ha costado 130€. Mi intención era conocer algo más que el Púlpito. Además de visitar Stavanger quería perderme por la Ruta Jaeren en la región de Rogaland, sobre todo por su costa. Aquí, al suroeste del país se ubican algunos de los fiordos menos conocidos de Noruega. Y también muchos pueblecitos que conservan ese aire rural y marinero que le era tan propio a Noruega antes de que la riqueza del petróleo lo convirtiera en uno de los más ricos del mundo.

Tras contactar con la Oficina de Turismo de Noruega en España y con Region Stavanger, decidimos planificar conjuntamente una serie de rutas. Estas me permitirían conocer Stavanger y sus alrededores a mi aire además de la costa sur. Por lo tanto este artículo se enmarca dentro de una acción denominada #FiordosNoruegos.

El Lysefjorden desde el Preikestolen

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Sin perder ni un minuto

Tras 3 horas de vuelo y sobrevolar el paisaje costero de Stavanger aterrizamos a las 15:30. Mi intención era no esperar un minuto más y subir al Preikestolen esa misma tarde. Para ello debía llegar hasta el puerto de Stavanger, tomar un ferry, viajar hasta Tau, tomar otro autobús, llegar al punto de inicio del camino y subir y bajar en menos de 5 horas. ¿Una locura? Pues sí.

.Stavanger.

El Flybussen del aeropuerto tarda unos 30 minutos en llegar al centro de la ciudad y para muy cerca de la Terminal Fiskepiren de donde salen los ferries de la empresa Norled hacia Tau cada media hora. Los 40 minutos de trayecto a Tau pasan rápido mientras veo alejarse el puerto de Stavanger con sus grandes barcos y remolcadores dedicados a la industria petrolera. Entonces mis pensamientos se pierden entre el mar y el paisaje de islas, montañas lejanas con sus cumbres todavía cubiertos de nieve y bosques salpicados de casitas de madera. Estaba rodeado de lo que se suele llamar un “paisaje idílico”.

.Stavanger 5

Stavanger 54.

En el mismo puerto de Tau se toma el autobús que en una media hora llaga al Preikestolen Fjellstue. Este es un antiguo refugio de montaña que se ha ampliado y modernizado situado en una desviación de la carretera principal tras dejar atrás Jørpeland. El inicio del camino el Preikestolen está ahí mismo indicado por todo tipo de señales, mapas e indicaciones. Imposible perderse.

.Preikestolen mapa 1.

Antes de venir me planteé la idea de pasar noche en Stavanger para al día siguiente salir temprano hacia Tau, subir al Preikestolen y regresar en el mismo día. Es algo que hacen la mayoría de los turistas que desembarcan de los cruceros que atracan en el puerto de Stavanger. Y lo que hacen muchas agencias especializadas de la zona. Pero desde el principio mi intención era subir al atardecer. En primavera y verano la noche parece no llegar nunca en estas latitudes y realmente no había visto nada escrito sobre subir al Pulpito casi de noche. Ni tampoco nada sobre cómo bajar a oscuras. Sólo sabía que entre ida y vuelta iba a necesitar más de 4 horas y que el ascenso era de dificultad media con tramos peligrosos. Pero ya sabes… si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes. El hecho es que casi todas las imágenes del Preikestolen que había visto eran imágenes diurnas. Pero casi ninguna al atardecer.

Si vais a intentar lo que yo os recomiendo desde ya hacer una reserva para una noche en el Preikestolen Fjellstue. A la vuelta lo agradeceréis. También existe un camping más barato a unos 4 km. pero entonces tendréis que traer vehículo propio porque si no toca volver a pie de noche. Y os aseguro que no os va a apetecer nada de nada. Este moderno refugio de montaña cuenta con restaurante, habitaciones de madera al estilo nórdico y hasta wi-fi. Sin duda es el punto ideal para iniciar la caminata a pie a horas intempestivas. No es barato, pero amigos, esto es Noruega y el Preikestolen lo vale de sobra. Porque paisajes así no los verás todos los días al acostarte o al levantarte.

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Así fue cómo lo hice

Tras aterrizar en el aeropuerto a las 15:30, a las 18:00 me subí en el puerto de Stavanger al ferry hacia Tau. A la llegada tomé el autobús al Preikestolen Fjellstue que sale a las 19:25. Me instalé en mi habitación a las 20:00 y comencé la subida a las 20:30. Esperaba llegar antes pero así me salieron las cosas ¿Era demasiado tarde? No tenía ni la menor idea. Había consultado en Internet la hora del anochecer, las 23:00, así que me tocaba bajar de noche. Para eso llevaba una linterna además de algo de comer y bebidas isotónicas. Por supuesto iba cargado con un par de cámaras además del trípode, y el móvil siempre a mano por si acaso. De todas formas pregunté al personal de recepción que les parecía la idea. Y me desaconsejaron subir. “Too late”. “Demasiado tarde. Vas a tener que bajar de noche y es peligroso”, me dijeron.

Me lo pensé por unos momentos. Mi plan tenía el inconveniente de regresar de noche, sin visibilidad, entre rocas, acantilados sin protección, barrizales y sin ninguna referencia de lo que me iba a encontrar por el camino. Pero ¿qué es la vida sin un poco de riesgo y aventura? Me dije que había esperado demasiado tiempo para llegar hasta allí y quedarme sentado a mirar el bonito paisaje. Siempre me he arrepentido de las cosas que no he hecho y esta no iba a ser una de ellas. A las 20:30 cargué con la mochila y así comencé el que sería mi primer ascenso al Preikestolen.

.Preikestolen 5459

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Todo hacia arriba

¿Qué os puedo decir del camino? Primero, que hay que estar en buen estado de forma. No hay que ser un atleta, pero tienes que estar habituado a largas caminatas por caminos de montaña. La subida de unos 5 Km. comienza con un repecho importante que se prolonga hasta algunos pequeños llanos. De todas formas estaba dispuesto a llegar al Preikestolen antes del atardecer a las 22 horas aunque llegara con la lengua fuera.

El camino de tierra bien delimitado se fue convirtiendo en todo un surtido de tramos empedrados entre bosques de pinos, escalinatas rompepiernas, pequeños llanos con pasarelas de madera para superar los barrizales…Y más escaleras de piedra por un camino que se hacía cada vez más estrecho. A mitad de camino hay una escalera para gigantes formada a base de rocas acumuladas por las que hay casi que trepar. Iba a buen ritmo. Tardé media hora para llegar hasta aquí pero ya estaba resoplando. Afortunadamente el camino está perfectamente señalizado y en los tramos más complicados se ha pintado una T en color rojo para señalar el camino correcto y no acabar perdido por los fiordos noruegos.

.Preikestolen 5492.

Llega un momento en el que la vegetación de hoja caduca sustituye a los pinos y el paisaje se hace más boscoso, con paredes de roca y arroyos de deshielo corriendo entre las piedras. Seguía habiendo buena luz, así que me animé dispuesto a enfrentarme a esos tramos de rocas, a esos sube-baja entre hermosas lagunas y puentes que ayudan a superar algún precipicio. Según los marcadores de distancia instalados cada pocos Km. ya estaba llegando. A mi izquierda ya se veía el Lysefjorden, el fiordo Lyse, y ya sólo podía seguir avanzando. De vez en cuando me cruzaba con algunas personas que ya bajaban y que me miraban extrañados como preguntándose ¿dónde va este a estas horas?

.Preikestolen 5497

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Preikestolen 5546

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Por fin, el Preikestolen

El último tramo de roca se me hizo eterno, pero ya casi estaba. Había subido en 1 hora y 5 minutos. Y todavía había luz. Eran las 21:35. Empapado de sudor y casi sin resuello empecé a fotografiar casi a lo loco. No sabía que todavía me quedaba luz para rato. Sólo había una pareja más en la plataforma del Preikestolen recogiendo sus cosas para irse.

.Preikestolen 5570.

Me detuve a admirar este paisaje único. Entonces me di cuenta de que el camino por el que había pasado estaba literalmente sobre el abismo y caía a pico sobre el Lysefjorden. Se me pusieron los pelos de punta al pensar que de aquí al fondo del fiordo hay más de medio kilómetro de caída. Ese fue un momento que jamás olvidaré.

.Preikestolen 5582.

Mira por donde Alina y Ulises, la pareja de argentinos con la que me encontré, iniciaban un viaje alrededor del mundo en bicicleta. Comenzamos a hablar y me contaron que acababan de estrenar el blog Viajeros Crónicos como parte de un proyecto para dar a conocer la problemática de ser viajeros con diabetes. Uli padece de diabetes Tipo 1 y leer su blog es una crónica de la fuerza que estas personas han de tener para superar todas las dificultades que les supone viajar. Subir al Preikestolen le había costado a Ulises 3 ataques hipoglucémicos. En comparación mi “glorioso” ascenso en poco más de una hora quedaba moralmente reducido a la nada.

Ya sabía quién me iba a hacer unas fotos para inmortalizar este momento.

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Cuando se fueron me quedé solo. Completamente solo. El Preikestolen, El Lysefjorden y yo. Todo para mí. Lo recuerdo y casi se me saltan las lágrimas de la emoción. No voy a describiros el paisaje. Todavía no he encontrado las palabras.

.Preikestolen 5682

Preikestolen 5632

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El descenso

La luz empezaba a desaparecer. No hubo hora azul ni grandes contrastes. El anochecer llegaba despacio, de una forma lánguida y casi inapreciable. Y a las 23.00 decidí regresar. Volví la vista un momento hacia atrás y ya sólo vi el estrecho camino por el que había pasado. El vértigo, el silencio más absoluto, el vacío a unos centímetros y la inmensidad del paisaje me produjeron sensaciones encontradas.

.Preikestolen 5707.

Quería llegar cuanto antes al hotel pero vista la subida sabía que iba a tener que andar con mucho cuidado. Entonces el cielo comenzó a teñirse de una especie de morado que se reflejaba en las lagunas y en los charcos de agua estancada en las rocas.

.Preikestolen 5713

Preikestolen 5736

Preikestolen 5739.

La coloración casi mágica apenas duró unos pocos minutos en los que disfruté tomando fotografías sin importarme ya el horario, la noche y el descenso. Es cierto, no tuve “hora azul”. Pero acababa de descubrir la “hora morada”.

.Preikestolen 5754

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Preikestolen 5731.

A partir de ese momento comenzó a oscurecer. Durante la bajada ya sólo pude pensar en dónde ponía cada pie, concentrándome en cada paso, en cada salto entre las rocas. Fue entonces cuando descubrí que el uso del trípode como bastón de apoyo. Aún con la escasa luz, cuando se abría un espacio en algún cortado entre las rocas y la vegetación, podía disfrutar de las vistas de la laberíntica costa de Stavanger allá a lo lejos.

.Preikestolen 5764.

Durante el descenso sólo me crucé con un danés cargado con su tienda, su mochila y acompañado de su perro. Venía de intentar subir al Kjerag, la cima de 1.000 m. ubicada al final del Lysefjorden , pero el barro y la nieve hacían impracticable el ascenso. Así que ahora subía a hacer noche en el Preikestolen para ver el amanecer. Mmmmhh…esa sí que era una buena idea y un Plan B muy a tener en cuenta.

Finalmente legué al Preikestolen Fjellstue justo pasada la medianoche, sudoroso, agotado, con los pies echando humo y agarrado a mi linterna. Pero feliz de regresar de una pieza, de no haber escuchado las palabras de la recepcionista, feliz de estar en Noruega, de hacer realidad mis sueños… y en definitiva, de estar y sentirme vivo.

Antes de caer rendido arropado por los edredones nórdicos puse el despertador para las 7:30. De nuevo iba a subir al Preikestolen pero esta vez de día. Sí, dos veces en menos de 12 horas. A ver quien supera esto. Y mira por donde, curiosamente la experiencia resultó totalmente distinta.

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Informaciones prácticas:

– El cambio de Euro a Coronas noruegas a junio del 2015 es 1,00 EUR = 8,78 NOK

– El Flybussen del aeropuerto cuesta 110 Nok por 1 trayecto. Ida y vuelta sale por 160 Nok y el billete es válido por un año.

– El ferry a Tau cuesta 49 Nok el trayecto. El billete se paga a cualquiera de los empleados que los venden en el interior del ferry.

– El autobús al inicio del camino de subida al Preikestollen cuesta 40 Nok y sus horarios todavía son un misterio para mi.

– La habitación en la parte más moderna del Preikestolen Fjellstue para una persona con baño incluido, wifi y desayuno cuesta 1.125 Nok. La habitación doble cuesta 1.425 Nok. En el Hostel una habitación pequeña para una persona sale por 520 Nok, y una doble por 760 Nok.  En el Vatnegården una cama en habitación compartida sale por 320 Nok por persona. De todas formas tenéis toda la información en la web.

.Preikestolen 5489.

– Llevar un buen calzado, algo de ropa de abrigo, comida, bebida y una linterna para iluminar el camino al regreso.

– El camino está perfectamente señalizado con “T” rojas pintadas sobre las rocas en lugares estratégicos. También hay carteles que indican la distancia recorrida y la pendiente, además de marcadores kilométricos. Hay que ir muy despistado para perderse.

– En el aspecto fotográfico, para paisajes tan inmensos y con escasa luz, es fundamental usar un gran angular y un trípode. El equipo que he utilizado consiste en una cámara Nikon D7100 formato DX y dos objetivos: un Nikkor 18-200 f 3.5-5.6 y un Nikkor 12-24 1:4. Además de una cámara de bolsillo Canon G-12. Tampoco he utilizado filtros.

– Y lo más importante. No olvides tu espíritu de aventura y tus ganas de superación. Ambas cosas te pueden llevar muy lejos.

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