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Los fiordos noruegos entre cascadas, iglesias medievales y lenguas de troll.

Los fiordos noruegos son una sucesión de inmensos escenarios naturales que resultan muy accesibles. Os he mostrado algunos de ellos en la 1ª parte de este recorrido. En esta 2ª parte continúo navegando por los fiordos, encontrando paisajes fantásticos tras cada curva donde las cascadas se vuelven innumerables y te encuentras con la Noruega más rural. Es inevitable caer rendido ante tanta magnífica belleza. 


Un sueño de infancia en los campos de Borgund

Pero después de la sobredosis de paisajes toca darle a este viaje un toque histórico y cultural. Y por qué no, también sentimental. De niño vi una vez en un libro la imagen de una iglesia de madera oscura enclavada en un valle verde de Noruega. A pie de foto sólo había un pequeño texto: “Iglesia vikinga de Borgund. La imagen se me quedó grabada en la memoria.

Hoy iba a conocer esa iglesia que soñé visitar cuando era un crío y comenzaba a dejar volar la imaginación leyendo libros de viajes. Confieso que este era uno de los objetivos de este viaje. Y me daba lo mismo si tenía que recorrer un montón de kilómetros de más. La iglesia de Borgund me estaba esperando desde hacía ya unos cuantos siglos. La emoción que sientes de adulto cuando cumples un sueño infantil no se puede describir fácilmente. Es una sucesión de estados de ánimo que discurren entre el ansia, la satisfacción, los nervios, la calma, la ansiedad y la felicidad.

La silueta oscura de la iglesia medieval de Borgund apareció por fin elevándose a un lateral de la carretera. Me pareció un milagro de que siguiese ahí como lo lleva haciendo desde que se edificó a finales del Siglo XII. Por aquel entonces el cristianismo se estaba afianzando en tierras vikingas y por todo el país se levantaron cientos de este tipo de iglesias llamadas “stavkirke”. Hoy apenas queda una treintena de estas iglesias medievales , que no vikingas. Y precisamente esta es la mejor conservada.

Durante un par de horas me dedique a observar cada detalles de sus techos escalonados, de sus cabezas de dragones talladas en madera sobresaliendo de la fachada; o de sus tallas de motivos vikingos decorando los marcos de las puertas. Su sencillo interior está decorado sólo por un altar de piedra y un pequeño icono con un Cristo crucificado. Se puede visitar tras adquirir la correspondiente entrada en el moderno centro de interpretación que queda a unos 300 metros.

Pero lo que en realidad estaba buscando era el ángulo exacto desde el que se tomó la imagen que tenía en la memoria. Y lo encontré un poco más arriba, junto a una cabaña de madera con el tejado recubierto de hierba. Una fotografía que es la imagen de un sueño cumplido.

Llegó la hora de rehacer parte del camino hecho para ir a descansar a la pequeña población de Eidfjord, 170 km. más al sur. Son casi 3 horas de carretera en las que crucé por primera vez los 25.4 km. del túnel más largo del mundo, el túnel de Laerdal. Este túnel es una obra de ingeniería de tal calibre que por si sola merece una visita. La iluminación de sus cuevas con zonas de descanso y rotondas bajo tierra te harán creer que estás en un viaje espacial. Y la salida del túnel directamente al puente que cuelga sobre el fiordo Hardanger es un momento memorable. Agotado pero feliz llegué a Eifjord. Allí me esperaba uno de esos interminables atardeceres propios del norte de Europa. Tras la ventana de mi hotel con vistas a uno de los brazos del Hardangerfjord el sol parecía no querer ponerse nunca. El día de hoy no tenía por qué acabarse.

La cascada de Vøringfossen

Amanece nublado. Apenas 20 km. me separan de mi próximo destino: la cascada de Vøringfossen. Hoy decido tomarme las cosas con calma. Al fin y al cabo Vøringfossen es la cascada más grande de Noruega y la tercera atracción turística del país. En realidad está formada por la conjunción de dos cascadas enfrentadas con una caída de 150 metros de altura de lo que debió ser un antiguo circo glacial. Cuando ya estás cerca se oye el ruido de las cascadas desde la misma carretera. Y por cierto, vaya carretera. Nunca había visto un túnel en espiral excavado en el interior de una montaña. Antes de llegar encontrarás un pequeño estacionamiento junto a la cafetería Voringfoss. Si dejas aquí el coche puedes adentrarte por el sotobosque que cubre las paredes verticales que caen directamente al río formado por las cascadas. Si caminas por esta zona has de tener mucho cuidado de no dar un mal paso. Porque ese mal paso será fatal. Pero podrás ver a una de las cascadas cayendo justo delante de ti. Un consejo: vete preparado porque los mosquitos son implacables.


Sigue conduciendo hacia arriba para llegar al estacionamiento del hotel Fossli. Desde ahí parte el camino que te llevará hasta los miradores colgados directamente sobre las cascadas. El espectáculo es realmente memorable. Las cascadas enfrentadas cayendo a tus pies y el río que serpentea entre las paredes del valle fluvial perdiéndose a lo lejos entre las montañas nevadas.

Si dispones de suficiente tiempo hay una ruta a pie que discurre junto al cauce inferior del río para ver las cascadas desde abajo. Ya sea desde estos miradores colgados en el vacío o desde abajo, Vøringfossen no decepciona en absoluto.


Desde aquí hay unas dos horas de carretera hasta mi siguiente destino: Tyssedal. Todo el recorrido lo harás pegado al fiordo Hardanger, primero por la carretera nº 7 y luego por la 13. Y si digo dos horas me quedo corto porque las carreteras en Noruega tras el invierno están casi siempre en obras. Además, los paisajes que te vas a encontrar son de los más espectaculares que podrás ver en Noruega. Así que tómatelo con calma y disfruta. El Hardangerfjord es todo un espectáculo de montañas verdes y cascadas reflejándose en la superficie del agua. Todo un regalo para la vista.

Todo un reto: la subida al Trolltunga

Sí, esta es la razón de venir hasta Tyssedal: aquí está el punto de partida para hacer una de las rutas a pie más famosas del mundo: la subida al Trolltunga. Y el primer consejo es que comiences temprano. Porque quieras o no vas a echar casi todo el día para completar esta caminata de ida y vuelta hasta la “Lengua de Troll“.

Sin duda alguna esta es una de esas rutas a pie que te dejarán boquiabierto. Y no sólo por los maravillosos paisajes de montaña que vas a recorrer, sino también por el esfuerzo físico que conlleva. Ten en cuenta que desde el estacionamiento P-2 hay casi 27 km. de caminata de ida y vuelta por todo tipo de terrenos montañosos.

Hay que estar en forma porque son muchos kilómetros y porque hay tramos complicados. Sobre todo si te encuentras, como fue mi caso, con bastante nieve en pleno deshielo. A la nieve y las placas de hielo añade charcos helados y tramos embarrados. Tendrás así un entretenido cóctel de superficies diversas en las que poner a prueba tu calzado de montaña. Así que trae tu mejor calzado water-proof y de suela anti-deslizante, además de calcetines de repuesto.

Y te preguntarás qué hice en mi caso. Pues te lo digo ya: me hice los 28 km. completitos de principio a fin. Una auténtica machada incluso estando en forma. Tanto es así que mucha gente sube con su tienda para pasar noche y hace el recorrido en 2 días. Aquí te cuento todo lo que tienes que saber antes de ponerte las botas y lanzarte a la aventura en este post específico: Subir al Trolltunga no es ninguna broma.

No puedo evitar hacer comparaciones con el Preikestolen aunque los paisajes y la experiencia en sí son diferentes. Está claro que la subida al Preikestolen no es tan exigente, ya que llevado por el entusiasmo lo subí y lo bajé dos veces en menos de 24 horas. Cosa que ni me planteo en el Trolltunga. Finalmente llego a la conclusión de que tanto uno como otro ofrecen una experiencia única que hay que vivir y disfrutar como se merece. Al final completé los 27 km. en 7 horas a las que hay que sumar un par de horas de paradas, descansos y tomas de imágenes. Un reto duro, pero asumible si vas bien preparado. Mi consejo final es hazlo sí o sí. Tómate tu tiempo, pero sube al Trolltunga. Te aseguro que no te arrepentirás.

Regreso a Tyssedal para subirme al coche y volver a Bergen. Son casi 3 horas de ruta en las que da tiempo a seguir admirando el paisaje y a pensar en el ascenso al Trolltunga. Ha sido un gran día. Un día memorable. Como todos y cada uno de los que he vivido estos días recorriendo parte de los fiordos noruegos.

Porque este sin duda ha sido uno de los mejores viajes que he hecho últimamente.