Dubrovnik, maravillosa aunque sea en verano.

Dubrovnik, la perla del Adriático, la antigua Ragusa di Dalmazia, la superviviente a tantas guerras; la ciudad de los tejados rojos, calles de mármol y murallas imponentes, la de Juego de Tronos, la ciudad donde los vencejos crean su banda sonora…Y por todo esto y mucho más, también la de las multitudes de turistas en verano.

Dubrovnik admite todos los calificativos admirativos. Conocerla supone un privilegio desde hace siglos y soñarla despierta la excitación de millones de viajeros procedentes de todo el mundo. Pero por eso mismo visitarla en verano y en pleno S. XXI, es toda una prueba de resistencia. Aquí te daré algunas pistas para que tu soñado viaje a Dubrovnik no acabe convirtiéndose en una auténtica pesadilla bajo el sol del Adriático.

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Llegando a Dubrovnik

Durante la temporada estival son numerosas las compañías aéreas que ofrecen vuelos a Dubrovnik a precios muy interesantes. También puedes llegar por barco desde alguna de las islas cercanas si ya estás de viaje por Croacia. O quizás en un crucero, con lo que tu tiempo en la ciudad será realmente muy limitado. O puedes llegar vía terrestre si vienes desde Split tras atravesar los pasos fronterizos de Neum que permiten a Bosnia tener una salida al mar. Esta última opción puede suponer una auténtica tortura en temporada alta. Y una lección de lo absurdas que son las fronteras. Y más en el caso de la última guerra balcánica que provocó miles de muertos y heridos para acabar poniendo un par de barreras que te separan de tus vecinos. Así que aquí viene el primer consejo: no te olvides de tu pasaporte porque vas a tener que enseñarlo unas cuantas veces.

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Dubrovnik no es sólo la ciudad amurallada. Ha crecido hacia el noroeste extendiéndose por las colinas cercanas y por la península de Babin Huk. Es en esta zona donde se encuentra el puerto donde atracan los ferrys y cruceros. Muy cerca está la estación central de autobuses. Desde aquí hasta el centro histórico hay un par de kilómetros. Cuando busques alojamiento esta zona es aconsejable por varias razones. Es más tranquila que el centro, alejada de las multitudes y muy bien comunicada. Así que si te quedas por aquí mi recomendación es que adquieras la Dubrovnik Card. La tienes para un día, para 3 o para 7. La puedes adquirir por Internet, en la billetería del puerto y en la estación de autobuses, además de en hoteles, museos y oficinas de Turismo. Además del trasporte urbano incluye la visita a las murallas, la entrada a museos como el Marítimo, el Histórico o el Etnográfico y el Monasterio Franciscano. Por lo tanto es muy recomendable. Te aseguro que le vas a sacar rendimiento. También puedes buscar alojamiento en los apartamentos cercanos a la Fortaleza Lovrijenac, fuera de las murallas pero muy cerca de la Puerta de Pila. En este caso no usarás el trasporte público y si lo tuyo no son los museos, no te hará falta la Dubrovnik Card.

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La Dubrovnik soñada

Aunque hay varias entradas a la ciudad intramuros, lo más seguro es que la primera vez accedas cruzando la Puerta de Pile. Desde el exterior las murallas son impresionantes y parecen en perfecto estado a pesar del bombardeo del ejército serbio sufrido en 1991. Hacia el mar se levanta la Torre Bokar, y elevándose sobre la colina sobresale la mole de la Torre Minceta.

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En la plaza ubicada en el exterior de la muralla se encuentra una Oficina de Turismo, las paradas de autobús, tiendas de souvenirs, agencias de turismo, cafeterías con terrazas…y un mar de turistas que lo ocupa todo. Es una tarde cualquiera de julio y aquí empieza la prueba de resistencia. Hay días que para pasar bajo la Puerta Pile hay que hacer cola, pero a pesar de todo merece la pena. Vaya que sí. Los guardas vestidos de época se mantienen impasibles aguantando estoicamente los disparos de miles de cámaras.

Como un torrente la ola de visitantes entra en la ciudad amurallada para encontrarse ante la Fuente de Onofrio y la calle Stradun. Hemos retrocedido unos siglos. Aquí no hay coches, no hay asfalto, los edificios son de piedra y las calles están revestidas con losas de mármol pulido y brillante por el paso de millones de personas. La Ciudad Vieja luce impecable, limpia y ordenada. En la Fuente de Onofrio los turistas beben, se refrescan y buscan la sombra. Esta fuente poligonal con 16 caras es un oasis de frescor en los días de canícula veraniega, una bendición en forma de fuente. Sé ecológico, no desperdicies botellas de plástico y utiliza la que lleves encima para rellenarla de agua. Repartidas por la Ciudad Vieja encontrarás más fuentes que están ahí para disfrute de todos. En Dubrovnik el sol luce inmisericorde durante el verano regalando insolaciones entre los turistas desprevenidos. Así que tampoco olvides la crema de protección solar, un buen sombrero y ropa ligera.

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A la izquierda verás uno de los accesos a las murallas junto a la iglesia de San Salvador y el adyacente Monasterio Franciscano con su claustro. Un oasis de tranquilidad a dos pasos de la locura. Te aconsejo su visita y la de su botica, la tercera más antigua de Europa y todavía en funcionamiento.

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La calle Stradun es el corazón donde palpita la vida comercial de Dubrovnik. Sus 300 metros son un ir y venir continuo de gente. Tras el devastador terremoto de 1667 se decidió que todas las casas de esta calle se reconstruyeran siguiendo un mismo patrón: la parte baja se reservó para instalar pequeños comercios bajo las arcadas, y las plantas superiores para vivienda. A día de hoy esa estructura permanece casi igual, aunque ahora las tiendas, restaurantes y comercios de Stradum puede que sean los más caros de Croacia. Créeme si te digo que es inevitable que pases por aquí una y otra vez, así que aquí va otro consejo: disfruta de caminar por Stradun al anochecer, cuando apenas quedan turistas y las luces encendidas se reflejan en el suelo pulido de la calle.

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La Torre del Campanario que se levanta al final de la calle es visible desde la misma Puerta de Pile. Pero antes hay que detenerse a curiosear. Verás que muchas de las tiendas de Stradun tienen forma de “P” con la puerta y una ventana adyacente. Es parte de la antigua estructura comercial de esta calle en la que a los clientes de las pequeñas tiendas se les podía atender directamente por la ventana manteniendo la puerta cerrada. A la izquierda verás unas estrechas callejuelas, casi pasadizos con escalinatas, que suben hacia la parte alta de la ciudad. En una de ellas, la calle Antuninska 6, se encuentra el War Photo Limited. Un lugar donde se exponen fotografías de reporteros gráficos que hablan de la crudeza de todas las guerras. No falta una sección fija dedicada al asedio sufrido por Dubrovnik en 1991 durante la guerra de los Balcanes que destruyó parte de la ciudad.

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Hacia el lado de la derecha las calles son un poco más luminosas. Hoy alguna de estas calles están abarrotadas de terrazas y restaurantes, sobre todo pizzerías. No son una mala opción para comer si te decides por la comida italiana que aquí tiene mucha influencia y una amplia presencia como en el resto de Croacia.

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Si sigues adentrándote irás dejando atrás el bullicio turístico para encontrar rincones casi solitarios. Calles donde la gente local hace su vida, casas con jardines, pequeñas plazas y pasadizos estrechos donde el tiempo parece haberse detenido.

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Esta es parte de la Dubrovnik que no has de dejar de conocer. Más allá de las grandes fachadas de piedra de los palacios renacentistas y de las iglesias barrocas, hay una ciudad que vive ajena al turismo masivo. Perderse por sus callejuelas, subir y bajar por sus escalinatas, saludar a la gente sentada frente a la puerta de su casa o tomar un vino local en alguna pequeña taberna te harán descubrir esa Dubrovnik que no está en las guías. De una u otra forma volverás a la calle Stradun para plantarte en la Plaza de Luza. Aquí se levantan el Palacio Sponza de estilo gótico-renacentista, la Pequeña Fuente de Onofrio y la iglesia de San Blas, de estilo barroco veneciano. Sin duda este es uno de los lugares más hermosos y monumentales de la Ciudad Vieja.

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Si giras hacia la derecha pasarás por delante del palacio renacentista del Rector, donde hoy está el Ayuntamiento y el Museo de la Ciudad. Al fondo te encontrarás con el lateral de la Catedral de la Asunción. Tanto museos como iglesias son un refugio de sombra, descanso y frescor para las horas en las que el sol brilla en lo más alto. Si giras aquí a la izquierda llegarás al Mercado del Pescado, ya en el Puerto Viejo.

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El Puerto Viejo de Dubrovnik

Este es uno de los rincones con más encanto de la ciudad. Las murallas de la Fortaleza de San Iván rodean y protegen esta ensenada natural. Decenas de pequeños botes, lanchas y los barcos turísticos tienen aquí sus amarres. Además de restaurantes como el Arsenal o el Poklisar, aquí se encuentra el Mercado de Pescado. Su gran terraza frente al mar es un lugar perfecto para probar las especialidades locales de pescados y mariscos. Así que esta es mi recomendación: Aunque puede parecer un lugar muy turístico, y lo es, en el Mercado del Pescado se pueden probar algunos platos interesantes. Sinceramente la gastronomía croata no es para hacer una fiesta, pero esta terraza en pleno puerto es una gozada y los precios tampoco son excesivamente caros.

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El Puerto Viejo es un lugar perfecto para darse una vuelta al atardecer. Cruzando bajo la muralla nos plantaremos de nuevo en la Plaza de Luza. Pero si antes giramos a la derecha, ascenderemos por la calle Dominika hasta salir de la Ciudad Vieja por la Puerta Ploce.

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Desde aquí hasta la pequeña playa de piedras de Banje sólo hay unos minutos de caminata. Durante el día suele estar repleta de bañistas que pagan por la sombrilla y la tumbona. Pero mi recomendación es que vengas al atardecer cuando puedes tomar algunas de las mejores imágenes de Dubrovnik mientras el sol cae tras la ciudad. Y es que la orientación de la Ciudad Vieja de Dubrovnik no permite ver unos atardeceres muy espectaculares a no ser desde una cierta distancia.

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Visitar las murallas de Dubrovnik sin morir de deshidratación en el intento

Puede que no te gusten los museos, que te den igual las iglesias barrocas, los palacios renacentistas y las tiendas de recuerdos abarrotadas de parafernalia de Juego de Tronos. Pero si hay algo que no te puedes perder en Dubrovnik es un paseo por lo alto de sus murallas. Al fin y al cabo son el símbolo de la ciudad y su mayor atracción turística. Son casi 2 kilómetros de recorrido que incluyen 5 fortalezas, 16 bastiones, muros de hasta 6 metros de espesor y 25 de altura, subidas y bajadas…y casi ninguna sombra. Por eso después de mi experiencia al borde de la deshidratación mi recomendación es: haz el recorrido de las murallas a primera hora de la mañana (en verano abiertas desde la 8h), o por la tarde antes de su cierre a las 19:30h. Calcula un par de horas para completar la visita. Además de librarte del bochorno y de una insolación casi asegurada, evitarás encontrarte con las multitudes de turistas de los cruceros. Y tendrás mejor luz para tomar fotografías.

Las murallas que vemos hoy se levantaron durante el S.XIV cuando Ragusa consiguió independizarse de la República de Venecia. Posteriormente fueron ampliadas y reforzadas para defenderse primero de los venecianos (que estaban empeñados en recuperar la ciudad) y luego de los ataques otomanos. Si Ragusa resistió entonces todo intento de invasión fue precisamente gracias a la solidez de estos muros. Por eso simbolizan la libertad e independencia de Dubrovnik. Porque como aparece tallado en uno de los muros de la fortaleza de Lovrijenac: No Bene Pro Toto Venditur Auro Libertas, lo que significa: “La libertad no se vende por todo el oro del mundo”

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Y así fue hasta que las tropas de Napoleón tomaron la ciudad en 1806. Pero las murallas de Dubrovnik sufrieron su peor ataque durante la guerra que asoló la ex Yugoslavia. Afortunadamente hoy ya no queda rastro de los bombardeos del ejército yugoslavo y a día de hoy lucen en todo su esplendor.

El acceso a las murallas se hace normalmente desde la escalinata que se encuentra nada más entrar en Stradun por la Puerta de Pile. Aunque tengas la Dubrovnik Card tienes que pasar por la oficina de billetes situada en la plaza donde está la Fuente de Onofrio para que te validen el pase. La entrada incluye la visita a la cercana Fortaleza de Lovrijenac construida sobre el promontorio rocoso que se eleva frente a este lado de las murallas.

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Nada más subir a la muralla sobre la Puerta de Pile te encontrarás con la perspectiva de la calle Stradun con la Fuente de Onofrio a tus pies. Evidentemente este es uno de los lugares más fotografiados de Dubrovnik.

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El paseo por las murallas no sólo ofrece las mejores vistas sobre los tejados de color rojizo de la ciudad vieja. También sobre el mar y la costa cercana con la cercana isla de Lokrum justo enfrente. Como ya he comentado, el mediodía no es el mejor momento para este paseo. Casi no hay sombra, el sol cae a plomo y viendo el mar ahí abajo dan ganas de tirarse desde lo alto de las murallas para refrescarse. Sólo hay un par de bares con sombra y algunas mesas en dos de sus torreones donde nos amontonamos los sudorosos y sedientos visitantes.

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Precisamente desde las murallas que dan al mar descubrí un bar entre las rocas que daba a la parte exterior. Desde allí los bañistas se zambullían en el agua tirándose desde las rocas a un mar de aguas limpias y azuladas. Esa misma tarde no paré de recorrer la parte interior de la muralla hasta que descubrí el acceso a este lugar. Un pequeña abertura en la base de los muros era la discreta entrada al Buza Bar. Y aquí va mi recomendación: el Buza Bar es el sitio ideal para bañarte en el mar mientras visitas la ciudad. Sí, las bebidas son caras, pero hay parasoles junto a las mesas y esos baños en el Adriático no tienen precio en pleno verano. Muy recomendable para refrescarse. Eso sí, no vengas aquí a ver los atardeceres porque la muralla oculta el sol por las tardes.

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Durante el recorrido circular darás la vuelta a Dubrovnik y verás sus tejados, torres, monumentos y campanarios desde todos los ángulos. Su punto más alto está en la Torre Minceta, desde donde la panorámica es completa. En un par de puntos la muralla está cortada pero se vuelve a acceder fácilmente, así que puedes aprovechar para ver las calles cercanas. Y repito: si sólo puedes hacer una cosa en Dubrovnik porque llegas en crucero y tienes poco tiempo, esa es la visita a las murallas.

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La Fortaleza Imperial: la mejor despedida de Dubrovnik

En lo alto del Monte Srd se divisa una fortaleza que domina Dubrovnik. Una de mis aficiones preferidas es subir a los puntos más elevados que encuentro para disfrutar del paisaje a vista de pájaro. Y la Fortaleza Imperial ofrece algunas de las vistas más increíbles de la ciudad. ¡Vaya que sí! Originalmente toda esta zona se llamaba Dubrava que quiere decir bosques, ya que estaba cubierta de pinos y robles. Y de ahí viene el nombre de Dubrovnik.

Al Monte Srd puedes subir andando (una locura en verano), en teleférico, en taxi, en excursión organizada o en tu vehículo si lo tienes. La carretera de acceso va paralela a la costa hasta que empieza a subir ofreciendo unas perspectivas únicas. A lo largo del recorrido hay lugares habilitados para detenerse y tomar las fotos de rigor. Las vistas desde lo alto de sus 412 m. en un día claro alcanzan los 60 km. Esa es la razón por la que Napoleón decidió levantar aquí un fuerte a principios del S. XIX. Y de ahí el nombre de Fortaleza Imperial.

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Hoy parte de la Fortaleza está ocupada por el Museo Dubrovnik de la Guerra, un recordatorio de la guerra que asoló los Balcanes de 1991 a 1995. En realidad este fuerte se convirtió en la última línea de defensa de la ciudad por parte del ejército de Croacia. Ya en el exterior las vistas de la amurallada Dubrovnik  se lleva todas las miradas. Es un lugar increíble para que dejar que la vista se pierda en el mar. O para dejar pasar el tiempo viendo cómo entran y salen los barcos del Viejo Puerto de la ciudad. Pero sobre todo es el lugar perfecto para despedirse de una ciudad única.

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Dubrovnik tiene un encanto especial que enamora. Quizás sea por la perfección de su entramado urbano, por la belleza del lugar donde está enclavada o por sus espectaculares murallas. Es cierto que sus monumentos no son sobresalientes, que en verano la Ciudad Vieja está atestada de gente, que hace un calor del demonio y que comer bien es difícil y caro. Pero aún así caí prendado de Dubrovnik. Probablemente fue por sus rincones escondidos, o por esas tiendas donde los artesanos locales venden sus creaciones como antaño; o por el brillo resplandeciente de sus mármoles al anochecer. Quizás por ese mar Adriático que la rodea y donde me bañaba en cuanto podía. Y también por su gente que aguanta estoicamente la invasión turística de la que todos formamos parte. Personas que todavía son capaces de recibirte con una sonrisa en los labios y un sincero “dobrodošli” (bienvenido).

Por todo esto y más merece la pena viajar a Dubrovnik, aunque sea en pleno verano. Pero si quieres un último consejo, mejor vete en otoño o primavera.

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