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Shanghai, el escaparate de la nueva China.

Shanghai apabulla con su delirio lumínico del anochecer. Te hace sentir pequeño con sus enormes rascacielos haciéndote retroceder a la infancia en su éxtasis de luces y colores. Sorprende, hipnotiza y acongoja a un mismo tiempo. Pocas ciudades del mundo provocan tal cúmulo de reacciones y la estimulación de todos los sentidos. Shanghai es mucho Shanghai.

En Shanghai, la ciudad más occidental de China con permiso de Hong Kong, se vive el consumismo a máxima escala. Los grandes centros comerciales se prolongan en calles repletas de tiendas de lujo. Sí, son kilómetros de tiendas donde los chinos enriquecidos en los últimos años compran con un desenfreno y ardor inusitados. Al lado, los antiguos barrios de casas bajas sobreviven como pueden al furor constructor de la nueva China. Frente a una sede de Lamborghini circulan viejos motocarros y motos eléctricas cargadas de todo tipo de mercancías. Detrás de una calle repleta de brillantes tiendas de lujo encuentras estrechas calles con ropa tendida secándose en las fachadas y cubos de basura en la puerta. La arquitectura más vanguardista se mezcla con la tradicional mientras los usos occidentales conviven con la formalidad oriental. Contrastes, contrastes. Esta es la China del S.XXI.

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Durante el día reina cierta tranquilidad. Pero a medida que cae la tarde masas ingentes de personas abarrotan restaurantes, centros comerciales y calles peatonales. En el paseo del Bund, en el mercado Yuyuan o en la calle Nanjing avalanchas humanas te arrastran y te engullen. Sólo queda resignarse y hacer lo que propugnaba Bruce Lee: “Be the water my friend“. Déjate llevar, adáptate, muévete y ocupa tu espacio. Como el agua.

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Aquí te doy mis razones por las que no puede faltar un viaje a Shanghai en tu curriculum viajero. Sin duda hay muchas más, pero con estas te aseguro que un viaje de 3 días está más que justificado. Y si tu viaje no continúa por China lo puedes organizar como escala en un viaje a otro país para evitar pagar el caro visado chino. En este vídeo verás una pequeña muestra de lo que puedes vivir que Shanghai.

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1.- El espectáculo nocturno

Prepárate para abrir los ojos y dejarte deslumbrar. A medida que atardece algunos de los edificios se van iluminando lentamente. Pero el éxtasis total no comienza hasta las 6 de la tarde. Puedes disfrutar del espectáculo desde el paseo del Bund que a esas horas ya empezará a estar lleno de gente. O desde alguno de los miradores de los rascacielos de Pudong. Lo mejor es que dediques una noche para cada lugar porque disfrutarás de visiones totalmente diferentes.

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El despilfarro de luces y el derroche máximo de energía eléctrica alcanza sus cotas más elevadas al anochecer. El Bund, y sobre todo Pudong con sus rascacielos, iluminan la noche de Shanghai. Los juegos de luces se alternan con fuentes de colores, edificios que se iluminan y se apagan a lo largo de las orillas del río Huangpu. Sólo cuando observas todo desde lo alto de algunos de sus rascacielos, te das cuenta de que todo ese ardor lumínico está sincronizado siguiendo un ritmo marcado. Sí, Shanghai resplandece con una coreografía propia de millones de lámparas, neones, bombillas y leds que iluminan el mundo. Porque desde aquí China muestra así al mundo su poder, su fuerza y su empuje. El Siglo XXI es de China, y lo saben.

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2.- El Skyline de Shanghai desde el Bund

La imagen de Pudong desde el Bund es la más conocida de Shanghai. Y durante tu estancia la vas a ver una y mil veces pero jamás te cansarás de ella. De día o de noche, entre la niebla, lloviendo o iluminado, el skyline de Pudong es omnipresente. Es un imán para la vista y sus rascacielos son un referente escénico sin parangón. Muchas ciudades como Nueva York, Chicago o Tokio tienen magníficos skylines dominados por  grandes rascacielos. Pero pocas ciudades ofrecen una perspectiva tan armónica como la que ofrecen los rascacielos de Pudong vistos desde el Bund.

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De día la silueta de los diferentes edificios y rascacielos es magnífica. Pero al anochecer las vistas se hace inolvidables, casi magnéticas. Miles de personas miran extasiadas, arrobadas y boquiabiertas, apenas sin moverse, la exhibición de luces y colores que se ofrece ante sus ojos. Es uno de los mayores espectáculos del planeta creados por el ser humano. Y además es gratis.

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Los orígenes del paseo del Bund se encuentran en el intento de las potencias occidentales por hacerse con el comercio chino en el S.XIX. Esa es la razón de que los edificios que bordean el YangTze a lo largo del Bund tengan un aspecto tan europeo. Tras las 2 Guerras del Opio que perdió China, ingleses y franceses se hicieron con el control de la ciudad declarándola ciudad libre para el comercio internacional. A ellos se sumaron estadounidenses y japoneses, convirtiendo en Shanghai en la ciudad más rica de la China de finales del XIX y principios del XX.

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De esa época datan los edificios que bordean el mítico Bund y que hoy son la sede de edificios gubernamentales, de bancos y de empresas chinas. Más de un siglo después el Bund vuelve a brillar con luz propia, pero esta vez la energía y el dinero que lo ilumina son auténticamente chinos.

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La misma imagen de la base del Oriental Pearl Tower en Pudong de noche y de día

Durante el día el skyline se ve un tanto difuminado. La contaminación y la humedad ambiental crean una especie de calima que flota sobre la ciudad. Pero al atardecer el aire parece hacerse trasparente a medida que cae la noche y los edificios se iluminan. Es entonces cuando miles de personas abarrotan el Bund. Todo se llena de familias, turistas, grupos de amigos y parejas que vienen a jugar, pasear, comer o beber.

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Pero sobre todo vienen para mirar el espectáculo de su ciudad en su máximo esplendor. Y para fotografiarse. La obsesión de los chinos por los selfies sólo es superada por la obsesión de las parejas de novios de Shanghai por fotografiarse con el fondo de los edificios resplandecientes de luz y color. También de día, pero sobre todo por la noche, el Bund es una sucesión de novias vestidas de rojo (algunas de blanco), novios trajeados y fotógrafos con el equipo a cuestas. No te pierdas los modelitos, las poses, las muecas y los gestos de los novios sometidos a las ordenes implacables de los fotógrafos.

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El paso de los barcos turísticos iluminados como si fueran una atracción de feria tampoco tiene desperdicio. La mayoría ofrecen paseos al anochecer para ver los edificios iluminados por el río, y algunos también la posibilidad de cenar a bordo. Por todo esto y más el Bund se convierte en el centro del mundo cuando anochece en Shanghai.

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3.- Desnucarse en Pudong

Me gustan los rascacielos, me gustan las alturas y me gusta subirme a todos los miradores que encuentro. El mundo desde lo alto se ve de otra manera. La perspectiva desde la lejanía ofrece matices que no se aprecian a pie de calle. Sencillamente las impresiones son otras. En Shanghai hablar de alturas significa hablar de Pudong. Hasta hace un par de décadas esta orilla del Huangpu situada frente al Bund estaba ocupada casi por completo a campos de cultivo. Hoy resulta imposible imaginarlo porque pasear por Pudong es hacerlo por una ciudad del futuro que ya existe. Pudong es el paraíso chino de los rascacielos, a cada cual más imponente. También de los más modernos centros comerciales rebosantes de tiendas de lujo y restaurantes para todo tipo de gustos.

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De izquierda a derecha, la Torre de Shanghai, la Torre Jing Mao y la Oriental Pearl

Desde lo alto de los rascacielos de Pudong las vistas de la ciudad son fascinantes. Las fotografías inferiores están tomadas en el mirador de la planta 100 del Shanghai World Financial Center. Este es uno de los rascacielos más altos de China con sus 492 metros de altura. Y la perspectiva desde estas alturas es de las que quitan el hipo. Otros rascacielos como la Torre Jing Mao o la conocida Oriental Pearl Tower quedan empequeñecidas tras los grandes ventanales de este enorme rascacielos reconocible por estar rematado en forma de abrebotellas.

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Si la perspectiva de Shanghai desde lo alto es de las que le dejan a uno sin habla, desde el suelo también. Aquí la vista hay que dirigirla hacia lo alto. La verdad es que a pie de calle es difícil hacerse a la idea de la magnitud, el tamaño y la altura de estas moles de cemento, acero y cristal. Sobre los rascacielos ya nombradas sobresale con un tamaño descomunal la Torre de Shanghai que con sus 632 metros es el edificio más alto de China. Junto a la Torre Jing Mao y el Shanghai World Financial Center configuran un triunvirato de rascacielos de los que le dejan a uno desnucado de tanto mirar hacia lo alto.

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El paseo elevado que lleva desde estos gigantes hasta la base de la Oriental Pearl Tower es una caminata escénica. La zona elevada está reservada a viandantes, mientras que por abajo discurren las grandes avenidas que cruzan Pudong. El paisaje está dominado por los grandes rascacielos que rodean al más característico de ellos: la Oriental Pearl Tower de 468 metros reconocible a kilómetros por sus 5 monumentales esferas acristaladas de color entre rosado y violeta.

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La mayor de estas esferas tiene 50 metros de diámetro y en total la torre cuenta con 3 miradores a diferentes alturas. Cualquier palabra es poca para definir la impresión que da caminar bajo sus enormes pilares mirando hacia arriba mientras se iluminan sus esferas de diferentes colores.

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Este recorrido por Shanghai continúa. En la 2ª parte de este articulo te llevo hasta el templo budista más importante de Shanghai, el de Jing An Si sólo vas a ver un templo, ha de ser este. También te muestro las claves para visitar el Mercado y el Jardín de Yuyuan. Una visita imprescindible para sentirse realmente en la China que todo occidental quiere ver y sentir.

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