Hacia Passu siguiendo la carretera del Karakorum.

El valle de Hunza es el lugar perfecto para los amantes de las caminatas, del senderismo y de la escalada de alta montaña. Pero sus grandes paisajes y sus panorámicas de impresión se vuelven todavía más imponentes cuando salimos de Karimabad siguiendo la carretera del Karakorum hacia la frontera con China. Llegamos a los valles de Gulmit y Passu, con sus imponentes glaciares y picachos que superan los 6000 m.

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Viajar por esta carretera es ver la tierra en continua transformación. Las montañas resecas que rodean el valle formado por el río Hunza ofrecen un completa paleta de colores ocres y grises. Hay piedras gigantescas que caen por las laderas de las montañas y derrumbes que alteran el curso de los ríos y forman lagos.

Los glaciares excavan valles arrastrando montañas de rocas y piedras en sus morrenas. Y el hielo al derretirse, forma cascadas y ríos que arrasan puentes, carreteras, pueblos y aldeas. El planeta Tierra está geológicamente muy vivo en la cordillera del Karakorum. Con toda su grandeza, su fuerza y su inconmensurable belleza.

El lago Attabad

Este es uno de esos lugares donde la belleza nace de una tragedia. La que provocó el nacimiento de este lago tras el derrumbe de la ladera de una montaña el 4 enero del 2010. Murieron 20 personas, hubo centenares de desplazados y algunos pueblos del valle de Gojal quedaron inundados. Parte de la carretera del Karakorum desapareció bajo las aguas y hubo que rehacer 24 km. del trazado con una serie de 5 túneles. Una obra financiada y ejecutada en gran parte por China, ya que esta carretera es vital para dar salida a los productos chinos hacia Pakistán.

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A pesar de la lluvia y los cielos cubiertos de nubes oscuras, el color azul celeste del agua del lago Attabad resalta entre el ocre terroso de las montañas. Un azul cautivador que contrasta con las cambiantes tonalidades del paisaje que lo rodea. Su belleza ha convertido el entorno del lago Attabad en un lugar muy frecuentado por los turistas. Y en una de sus orillas se está creando una incipiente infraestructura hotelera, de restauración y deportes náuticos.

El valle de Gulmit

Nos adentramos en un lugar de escenarios naturales imponentes: Aquí las montañas reinan allás donde mires. Y el hielo de la lengua de algunos glaciares llega hasta la misma carretera. Aquí la naturaleza se muestra grande y salvaje. Un mundo descomunal, una tierra de gigantes. Las aguas de deshielo de los glaciares Gulmit y Ghulkin caen por las laderas de piedras para fundirse con las del río Hunza. El amplio valle del río está rodeado por las cumbres nevadas del Lupghar Sar (7200 m), el Momhil Sar (7414 m) y el Ultar Sar (7388m.) además de una infinidad de picos que superan los 6000 m. No hay palabras para describir la grandiosidad de estos paisajes del fascinante norte de Pakistán.

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El Hussaini Suspension Bridge

Para hacerse una idea de la fragilidad del ser humano ante esta inmensidad, solo hay que acercarse hasta el Hussaini Suspension Bridge. Desde este puente colgante que cruza el río Hunza tenemos una perspectiva general del valle. Aunque está considerado uno de los puentes más peligrosos del mundo, os aseguro que cerca hay otro más largo y mucho más peligroso. Cruzar este puente de cables de acero y tablas separadas para evitar el “efecto vela” te hace ver las cosas en perspectiva.

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Este puente se levantó en 1968 durante la construcción de la carretera del Karakorum. Renovado en 1983 y 2012, su objetivo era conectar la aldea de Hussaini con la de Zar Abad al otro lado del río. Aunque ahora también se ha convertido en un punto de atracción turística. Y es que las vistas que se tienen desde el camino de acceso justifican por sí solas el viaje hasta aquí. El puente mide 193 m. de largo, cuenta con casi 500 tablas y su punto más bajo pasa a 15m. sobre las aguas del Hunza. El espacio entre las tablas puede llegar al medio metro.

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Pero ¿para qué está un puente si no es para cruzarlo? Cuando empiezas a caminar, toda la estructura se mueve. Agarrado a los cables de acero es inevitable dudar si seguir adelante o no. El puente se balancea arriba y abajo inclinándose hacia el lado que tiene más peso. Por eso sólo está permitido el paso de un máximo de 7 personas al mismo tiempo. Aquí no hay medidas de seguridad, no hay vigilancia ni nadie que te ayude si das un mal paso. Si eso pasa y acabas en las aguas heladas del río Hunza, lo más seguro es que lo pases muy mal.

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«Welcome to Passu», uno de los paisajes más bellos de Pakistán

Welcome to Passu. Así dice el rótulo escrito con piedras blancas sobre la ladera de una colina que nos da la bienvenida a Passu. Desde la carretera es imposible no pararse ante este espectáculo de valles, montañas, picos nevados y glaciares. Passu se está convirtiendo en uno de los destinos turísticos más solicitados de Pakistán. Y no sólo por la belleza de sus paisajes presididos por los Passu Peaks con más de 6000 m. y el Passu Sar de 7848 m. Lo mejor es que muchos de estos lugares son de fácil acceso, como el glaciar Passu.

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El glaciar Passu y el cambio climático

Los efectos del cambio climático son evidentes en el glaciar Passu, como lo son en la mayoría de los glaciares del mundo. Es un retroceso del hielo tan acelerado que aquí, en el norte de Pakistán, tiene consecuencias catastróficas. El aumento de las temperaturas derrite la base de hielo del glaciar, que de pronto se resquebraja y provoca gigantescas avalanchas de hielo, piedras y agua que arrasan todo lo que encuentran a su paso. Sólo 2 semanas de visitar esta zona, se produjo una de estas avalanchas en el cercano glaciar Batura afectando a la carretera del Karakorum y destruyendo un camping cercano.

Para llegar hasta la lengua del glaciar Passu, hay que desviarse de la carretera y tomar el camino que lleva hacia el lago Borit. Un poco más adelante comienza un estrecho sendero de tierra, piedras y lajas de pizarra que en menos de una hora os hará descubrir un paisaje de ensueño. Por las tardes el sol cae justo por la parte más alta del glaciar quedando a contraluz. A cambio, los Passu Cones, la morrena del glaciar y el valle del río Hunza muestran toda su gama de colores grises y ocres.

A medida que subimos, el paisaje se va haciendo más y más grandioso. Abajo la morrena de piedras y rocas arrastradas por la lengua del glaciar es bien visible. Hasta hace unos años el hielo llegaba hasta el valle del río Hunza.

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El estrecho sendero continúa su ascenso a medida que va apareciendo la lengua del glaciar. Aunque ha retrocedido cientos de metros respecto a su longitud original, es imposible cuantificar el enorme volumen y el tamaño de esas montañas de hielo que ocupan gran parte del valle.

Desde la distancia, el paisaje del hielo rodeado de afilados picos rocosos y montañas cubiertas de nieve, es hipnótico. Sólo se escucha el agua que corre por la ladera del camino y los lejanos crujidos del hielo al romperse en el glaciar. Este es uno de los lugares más increíbles que he visto en Pakistán, y al que volvería ahora mismo.

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El Passu Suspension Bridge

Si el puente en suspensión Hussaini os pareció peligroso, esperad a ver el puente de Passu. Aquí de verdad te planteas si merece la pena cruzar al otro lado, sin tener que cruzar a otra vida. Si quieres sentir miedo de verdad, entonces lánzate a cruzar este puente en un día gris y ventoso.

Los que han calificado el puente de Hussaini como uno de los más peligrosos del mundo, es que no han visto el de Passu. Que por cierto, está muy cerca. Llegar hasta él es un poco más complicado ya que no hay indicaciones y el camino de tierra y piedras para los 4×4 sólo es accesible en parte. Luego hay que seguir a pie por un estrecho camino excavado en la ladera del río Passu. La visión de este largo, largo puente colgante de traviesas de madera separadas e irregulares , es de las que te hacen aclararte la garganta. Sobre todo, si sopla el viento y todo el puente se inclina y se mueve haciendo chirriar los cables de acero como si fuera a voltearse sobre sí mismo.

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Allá voy. Es imposible parar a sacar la cámara para tomar alguna foto. Necesito agarrarme con las dos manos a los cables-guías de acero. Y mirar una y cien veces antes de dar un paso hacia la siguiente tabla de madera. Tabla que a veces está rota, o separada más de medio metro de la anterior. A medida que me acerco al centro del puente, el viento sopla con más fuerza en la parte más estrecha del valle. Bajo mis pies el río fluye a toda velocidad, y allá arriba en el cielo se siguen formando oscuros nubarrones. 

Finalmente, llego al otro lado. Desde aquí se puede comenzar una caminata que lleva hasta algunas aldeas semi abandonadas de Zar Abad con sus típicas casas de piedra y madera. Y, finalmente, al Hussaini Bridge. El paisaje que rodea el valle es magnífico. Una pena que se esté cubriendo de nubes grises que anuncian mal tiempo.

Es hora de volver por el mismo camino. No he encontrado información acerca de las dimensiones de este puente, pero sí os puedo decir que supera con creces al de Hussaini, tanto en longitud como en peligrosidad. Algo que compruebo de nuevo durante el regreso, y esta vez con rachas de viento todavía más fuertes. Para mi queda claro que, si no es el más peligroso del mundo, es el más peligroso que he cruzado en mi vida.

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Los Passu Cones. El escénico paisaje que domina el valle

Despertarse por la mañana frente a esa sucesión de picos afilados que superan los 6.000 m. de altitud es todo un privilegio. Es lo que sucede si decides pasar noche en alguno de los hotelitos familiares de la zona, como el Passu Ambassador. Basta asomarse a la ventana o cruzar la carretera para perderte por los campos de cultivo con esa sucesión de moles rocosas dominando todo el paisaje.

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Los Passu Cones, también conocidos como Passu Cathedrals, se llaman oficialmente Tupopdan, y su máxima elevación alcanza los 6106 m. Estos picos se alzan como una muralla sobre el valle del río Hunza creando uno de esos lugares que pide a gritos ser fotografiado una y otra vez. Pocas veces verás un lugar tan escénico como este de Passu en la cordillera del Karakorum.

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Pero además de sus imponentes paisajes, lo mejor de esta zona de Pakistán es su gente. En pocos lugares encontrarás tanta amabilidad y hospitalidad como aquí. Y como ya comenté anteriormente en el artículo dedicado al valle de Hunza, no me cabe duda de que esto es debido a que la mayoría de la población es ismaelita. Una versión mucho más abierta y liberal del islam chiita que se hace evidente a cada paso que das. Aquí las mujeres tienen una presencia activa en las calles, no se tapan la cara y se puede conversar con ellas. Tienen acceso a los estudios y muchas trabajan en los negocios familiares dedicados al turismo. Aunque el peso de la tradición todavía es muy fuerte en las relaciones sociales y familiares, la situación de la mujer en general es mucho más amable que en otras regiones de Pakistán.

Y un detalle más: aquí está permitido el cultivo de la vid para elaborar vino (y consecuentemente sus derivados) siempre que no sea para uso comercial. Sí, y esto a pesar de la prohibición de beber alcohol que rige en todo Pakistán por mandato religioso. Así, el peso de la tradición y un secular aislamiento, han permitido conservar algunas costumbres pre-islámicas que hacen del valle de Hunza una especie de oasis en medio del desierto.

Todo esto hace que visitar Passu y en general el valle de Hunza, se convierta en una experiencia mucho más completa a nivel humano que la que puedas tener en otras regiones de Pakistán. Hay momentos que tienen un valor intangible, como cuando te inviten a comer o cenar en casa de una familia, conversando con unos y otros, hombres y mujeres, mientras te cuentan historias locales y familiares. El despliegue culinario de comida casera a base de platos de cordero, pollo, acompañados de garbanzos, acelgas y arroz es de los que no se olvidan. Un auténtico festín que siempre termina con un surtido de dulces, pestiños y filloas acompañados de mermeladas de mora y albaricoques, además de frutos secos. Y por supuesto el típico chay que acompaña a todas las comidas.

Y para inolvidables los bailes y la música que te acompañan en buena parte del viaje. Porque en el valle del Hunza, la música también es parte de la vida. Estos son los momentos de hospitalidad cercana son los que te permiten descubrir las sutilezas de una sociedad basada en la existencia de una extensa red familiar y un gran respeto hacia la gente mayor. Sin duda son los momentos que de verdad aportan auténtico valor a un viaje.

De Passu hacia la frontera china por la Ruta de la Seda

La carretera del Karakorum es una proeza de la ingeniería. Cruza todo el valle de Hunza desde el centro de Pakistán hasta la frontera con China. En su camino atraviesa montañas, salva ríos y glaciares. Y muchas veces parte de su trazado se ve alterado por derrumbes, terremotos, desprendimientos de rocas, crecidas de los ríos, etc. Lo más curioso es que sigue fielmente el antiguo trazado original de la Ruta de la Seda.

Aunque en muchos de sus tramos esta vieja y mítica ruta comercial casi ha desaparecido por los derrumbes de las laderas y la falta de mantenimiento, mantiene partes intactas. Pero no imaginéis un gran camino amplio y cómodo. En esta parte tan montañosa de Pakistán la antigua Ruta de la Seda es un estrecho, peligroso y revirado camino pensado para el trasporte de mercancías en yaks, mulas y caballos. El espíritu de esta antigua ruta comercial que desde China entraba en Pakistán, para seguir hacia Afganistán y el centro de Asia, pervive hoy en la carretera del Karakorum

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En nuestro camino hacia la frontera comprobamos que los desprendimientos de rocas y piedras son constantes. Esto hace que el mantenimiento de esta carretera sea una pesadilla. Por todas partes se ven altos muros de hormigón resquebrajados por la fuerza del agua, del hielo y los derrumbes de tierras.

Tras pasar varios controles policiales, entramos en el Parque Nacional Khunjerab. Aquí es relativamente fácil ver a los escurridizos íbices caminando por la escarpadas y casi verticales laderas rocosas. 

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Entre las laderas todavía cubiertas de nieve pastan rebaños de yaks y corretean las marmotas. Este es también el territorio del esquivo leopardo de las nieves, aunque ver a este magnífico animal en libertad es casi imposible.

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La carretera se convierte en una sucesión de curvas en ascenso cubiertas de nieve. Porque el de Khunjerab es el paso fronterizo internacional por carretera más alto del mundo. Y con sus 4.693 m. de altura es el punto más elevado de la carretera del Karakorum. Finalmente, tras 3 horas de ruta, llegamos a la frontera con China. A pesar de su importancia estratégica y comercial para China, gran parte del año este paso permanece cerrado debido a la presencia de hielo, nieve y las adversas condiciones climatológicas. Pero ahora es la pandemia del Covid la causa de que esté cerrado a cal y canto.

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¿Merece la pena llegar hasta aquí? Si no dispones de mucho tiempo en Passu y en el valle de Hunza, mejor que lo aproveches para realizar algún trekking, visitar pueblos y aldeas, o subir hasta algún glaciar. Llegar hasta esta frontera es una mera curiosidad, un pequeño hito viajero sin más trascendencia que la de llegar a este punto fronterizo. Además de poder ver por donde trascurría una de las partes más peligrosas de la mítica Ruta de la Seda.

El valle de Hunza, un lugar al que volver

Después de estos días en el valle de Hunza, me ha quedado muy claro que es uno de esos lugares del mundo al que resulta inevitable querer volver. La combinación de paisajes naturales inigualables, aventura y riesgo, riqueza histórica y valores humanos de sus habitantes es una combinación imbatible. Pienso en todo esto mientras me asomo al paisaje que me rodea. Los picachos de los Passu Cones destacan sobre el cielo azul celeste de esta mañana. A lo lejos, la lengua del glaciar de Passu asoma entre las laderas de las montañas. Es un paisaje fascinante e hipnótico ante el que es imposible permanecer indiferente.

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Hya un largo viaje hacia el paso de Phander para llegar a Chitral y después a los perdidos valles donde viven los últimos kalash. Una etnia que durante siglos ha permanecido casi aislada en las montañas lindantes con Afganistán. Y que ahora lucha por mantener sus tradiciones, su lengua, religión y cultura, ajenas al islamismo oficial imperante en Pakistán.

Pero esta es otra historia.

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