Ruta por Transilvania en 10 días saltando de sorpresa en sorpresa.
Viajar a Rumanía, y en concreto a Transilvania, es como abrir un libro antiguo que huele a historias pasadas y leyendas oscuras grabadas en nuestro subconsciente. Durante años, Transilvania ha estado atrapada en el imaginario colectivo como la tierra del conde Drácula, un lugar envuelto en misterio y sombras. Pero la realidad es mucho más rica, más luminosa y profundamente cautivadora. Afortunadamente.

Este viaje a finales del invierno, con nevadas incluidas, fue precisamente eso: un descubrimiento constante, una invitación a mirar más allá del mito para encontrar un país sorprendente que se moderniza a pasos agigantados, lleno de vida, tradiciones, arquitectura, gentes amables y paisajes que no te esperas.
Por otra parte, y a diferencia de la mayoría de mis viajes, decidí que este sería un «slow travel«. Un viaje tranquilo, sin prisas, disfrutando de los sitios a un ritmo al que no estoy acostumbrado. Confieso que no es el tipo de viaje que más me gusta y que en algún momento llegué a aburrirme. Porque, por ejemplo, no es necesario pasar 2 días en Sighisoara o en Sibiu para conocerlas. Aún así os aseguro que disfruté de este viaje que me deparó muchas más sorpresas agradables de las que esperaba.




Bucarest en un día: qué ver en la capital de Rumanía
El viaje comenzó aterrizando en una Bucarest en parte cubierta de nieve, una ciudad en reconstrucción que no suele recibir el reconocimiento que merece. Y sí, lo confieso, esta fue la razón de que no me planteara pasar más de un día para conocerla. Bucarest es una mezcla desconcertante y, al mismo tiempo, fascinante. Aquí se arremolinan sin aparente orden ni concierto grandes avenidas de inspiración parisina, elegantes edificios de marcado estilo austro-húngaro con edificios comunistas de proporciones gigantescas, barrios donde las viejas casas piden a gritos una renovación y pequeños rincones que parecen detenidos en otra época.

Bucarest, definitivamente, es una ciudad de contrastes que no deja indiferente. Al contrario, despierta las ganas de conocer más. Por eso no dudé en acercarme hasta el Ateneo Rumano, la Plaza de la Universidad, el enorme edificio del Museo Nacional de Arte, la galería cubierta del Pasaje Macca Vilacrosse o la basílica ortodoxa del Monasterio Stravopoleos.




Pasear por el casco antiguo de Bucarest resultó ser una experiencia interesante, con calles empedradas, fachadas algo desgastadas y cafés con terrazas que invitan a detenerse más de lo previsto. No muy lejos del centro, el imponente Palacio del Parlamento se alza como un recordatorio imponente y abrumador del pasado comunista del país y de la megalomanía del dictador Ceaucescu. Bucarest no esconde su historia; al contrario, la muestra con una crudeza que no se ve ya en otras ciudades del centro de Europa.


Reconozco que Bucarest no es una ciudad «bonita» como lo pueden ser Praga o Budapest. Pero precisamente sus imperfecciones, sus calles decadentes, su esplendor de otros tiempos en plena renovación y su mezcla de estilos arquitectónicos le dan una personalidad única.
Al anochecer decidí recuperar fuerzas y darme un pequeño homenaje gastronómico en uno de los restaurantes más conocidos de Bucarest, el Caru cu´Bere, una antigua fábrica de cerveza que se ha convertido en uno de los reclamos turísticos de Bucarest. Sí, hay restaurantes mejores y más baratos, pero si sólo vas a estar un día en Bucarest, tienes que conocerlo. Y no te olvides de reservar con antelación. Siempre está lleno.

Tras un intenso día pateando por las calles de Bucarest, comienza realmente mi viaje hacia Transilvania. Y que no os quepa ninguna duda: alquilar un coche es la mejor opción para moverse por el país. La libertad de moverte a tu aire visitando pequeños pueblos y deteniéndose en paisajes inesperados es un auténtico privilegio.

El castillo de Peleș: el castillo más bonito de Rumanía
El primer gran alto en el camino hacia Brasov fue el Castillo de Peleș. Situado en un entorno montañoso de unos Cárpatos todavía nevados y rodeado de bosques, el castillo parece sacado de un cuento. A diferencia de otros lugares más asociados a leyendas medievales, este castillo del S. XIX es el perfecto ejemplo de la elegancia, el refinamiento y la clara influencia centroeuropea en las tendencias estéticas de la época.

Pasear por sus grandes salones y estancias es recorrer la historia de la monarquía rumana mientras admiras sus curiosos gustos artísticos. Los recargados detalles en madera, los coloridos vitrales y la armonía del conjunto lo convierten en una parada imprescindible. La verdad es que, después de visitar este castillo, me pregunté si merecía la pena ver alguno más.

Qué ver en Brașov en 2 días
Continué hacia Brașov, donde me esperaba una estancia de dos días. Esta ciudad, rodeada por los Cárpatos, tiene algo especial. Quizá sea su plaza principal, amplia y acogedora con sus restaurantes y terrazas abiertas a pesar del frío. O sus calles impolutas que suben y bajan como si jugaran con el visitante. Brașov es cómoda, amable y tiene ese equilibrio perfecto entre lo turístico y lo auténtico.

Brasov es de esas ciudades pequeñas donde puedes caminar sin rumbo fijo para curiosear en sus tiendas, detenerte en una cafetería o buscar restaurantes donde degustar la gastronomía local. Os aconsejo aquí unos cuantos. En la animada Plaza Sfatului, los restaurantes La Ceaun y el Gustari. Bajando por la calle peatonal Strada Republici encontraréis el Ursul Carpatin en una calle a la derecha. Y si queréis algo más elegante, os aconsejo el Sergiana Mureselinor.


Para vuestra información, la gastronomía en Rumanía no es ninguna broma. A los rumanos les encanta comer ya que es parte intínseca de su cultura. Y os aseguro que los platos son sabrosos y contundentes. A destacar sus sopas, los platos de carne en sus múltiples variedades, y ese postre que vuelve loco a quien lo prueba: el «papanasi«. Una bomba atómica adictiva de calorías que es un auténtico peligro público.


Estando aquí tenéis que subir en funicular, sí o sí, al mirador de Tampa que se encuentra junto al gran cartel de BRASOV en lo alto de la montaña para contemplar la ciudad desde las alturas. Las vistas desde aquí son espectaculares. Además, en esta montaña, hay un montón de caminos que puedes recorrer a pie, siempre prestando atención a la presencia de osos. Que los hay como en otras zonas montañosas de los Cárpatos.


Otra caminata fácil es la que te lleva desde el centro hasta la Torre Negra y la Torre Blanca, para terminar adentrándote en el casco histórico siguiendo la Strada Dupa Ziduri. Tendréis otra visión de la ciudad y de las montañas circundantes.

El castillo de Bran: el famoso castillo de Drácula donde nunca estuvo Drácula
Brașov es también el punto de partida para explorar lugares como el archiconocido castillo de Bran. Sí, el famoso “castillo de Drácula”, aunque la conexión real con el personaje histórico es, por decirlo suavemente, casi inexistente. Sencillamente Bram Stoker situó en este castillo la residencia de su famoso conde Drácula en su icónica novela.
Ya os digo que visitar el interior de este castillo no merece la pena. Pero el lugar tiene su encanto. Está situado en un entorno espectacular, sobre una colina, y su arquitectura es tan fotogénica como sugerente. Más allá de la historia que lo rodea, lo interesante es dejarse llevar y disfrutar de los caminos del entorno desde donde podrás observar el castillo desde diferentes perspectivas.

Las iglesias fortificadas de Prejmer y Viscri (Patrimonio de la UNESCO)
Además de los castillo, lo que realmente me sorprendió y me dejó boquiabierto de esta zona de Transilvania fueron las iglesias fortificadas ya que representan una parte menos conocida pero profundamente auténtica de Transilvania. Antes de viajar a Rumanía no tenía ni idea de la existencia de estas iglesias-fortaleza declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sólo visité las de Prejmer y Viscri, aunque hay muchas más.

En Prejmer el edificio de la iglesia está rodeada por una muralla circular fortificada de más de 800 m. de largo que habla de tiempos en los que la defensa era una necesidad constante. El interior, con sus múltiples estancias, habitaciones, talleres, e incluso una escuela, transmite una sensación de comunidad y de refugio compartido en tiempos difíciles.

Viscri, por su parte, es un pequeño pueblo que parece haber detenido el tiempo. Sus casas pintadas con colores suaves, sus calles de tierra o empedradas y la tranquilidad que se respira aquí crean una experiencia difícil de describir. La iglesia fortificada de Viscri nos habla de los tiempos -Siglo XII- en el que colonos alemanes llegaron hasta estos territorios que por aquel entonces formaban parte de Hungría.
Hasta aquí trajeron sus creencias y su forma de vida que se mantuvieron hasta la derrota del imperio Austro-Húngaro en la Primera Guerra Mundial. Esta es la razón de que todavía en ciertas partes de Transilvania muchos de sus habitantes siguen hablando alemán y de que parte de su población sea de origen húngaro.


Qué ver en Sighișoara en 2 días
Tras estos días en Brașov y sus alrededores, seguí ruta hacia Sighișoara. El trayecto ya es en sí una experiencia: campos abiertos, colinas onduladas y pequeños pueblos y granjas que aparecen aquí y allá mostrando la importancia que todavía tiene el mundo rural en Rumanía.
Sighișoara es, sin exagerar, uno de los lugares con más encanto de Transilvania. Su casco histórico, perfectamente conservado, es Patrimonio de la Humanidad y no es difícil entender por qué. Pasé casi dos días explorando sus calles empedradas, sus torres medievales, su cementerio en lo alto de una colina y sus rincones llenos de historia.


Y esta vez sí, os confirmo que aquí nació y vivió el auténtico conde Drácula en el S. XV. En realidad, Vlad Tepes, conocido como Vlad Dracul, fue un príncipe de Valaquia. Aquí en Rumanía es considerado un héroe nacional ya que se enfrentó a Hungría y al imperio Otomano en defensa de sus tierras. En Sighisoara encontrarás su casa natal, ahora ocupada por un restaurante y un pequeño cutre-museo que no merece la pena visitar.
Lo mejor de esta pequeña ciudad es que te invita a vivirla a un ritmo especial y a disfrutarla tranquilamente. Todo el centro es peatonal, así que te puedes perder por sus callejuelas y subir por la escalera cubierta que protegía del mal tiempo a los niños que iban a la escuela situada en la parte alta de la ciudad. Y de paso, perderte en su cementerio que en días de niebla debe ser bastante…tenebroso. Por cierto, fíjate en que casi todos los nombres de las tumbas son de procedencia alemana ya que parte de Transilvania fue poblada por colonos sajones a partir del S.XII.


También puedes sentarte en alguna terraza (en Rumanía disfrutan de tomar un buen café), recorrer su recinto amurallado o subir a lo más alto de la imponente Torre del Reloj construida en el S. XIV. Su pequeño museo y el ascenso al campanario de la Torre es de lo mejor que puedes hacer en Sighisoara. Te darás cuenta de que la historia de Vlad Tepes, el personaje que inspiró la leyenda de Drácula, queda en segundo plano frente a la riqueza del conjunto histórico.

Si quieres alojarte en un lugar muy especial en Sighisoara, sin ninguna duda te recomiendo la Taschler Haus. No todos los días podrás disfrutar de una habitación enorme en una casa habitada desde hace 500 años. Es de esos lugares con historia, carácter y personalidad, con una atención exquisita por parte del personal y una ubicación inmejorable a los pies de la Torre del Reloj.

Las salinas de Turda: la maravilla subterránea de Rumanía
Tras varios días recorriendo ciudades y pueblos, iglesias fortificadas, castillos y lugares históricos, decidí cambiar de registro y visitar uno de los lugares más impresionantes de Rumanía. A menos de 2 horas de Sighisoara se encuentran las Salinas de Turda. Os aseguro que es uno de esos lugares a los que vas sin saber muy bien qué te vas a encontrar, pero que terminan superando cualquier expectativa. Y desde ya os digo que lo considero un “must”, un lugar que no os podéis perder si venís a Transilvania.



Este es un viaje hacia las profundidades de la tierra. Es como un viaje a otro planeta que te lleva por una serie de túneles y galerías que desembocan en dos enormes y gigantescas cavidades: la mina Rudolph y la mina Therezia, excavadas por generaciones de mineros hasta que la mina dejó de ser explotada en 1932. Hay ascensores y escaleras recubiertas de una capa de sal que permiten bajar hasta lo más profundo de estas enormes cavidades.

La iluminación tenue y las estructuras modernas (incluida una noria) que se han integrado en los espacios crean una atmósfera casi surrealista. Sobre todo, cuando llegas a la laguna que se encuentra al fondo de la mina Therezia a más de 100 metros de profundidad. Aquí es donde te quedas boquiabierto y de verdad te sientes en una base espacial de algún planeta lejano.
Sí, resulta fascinante caminar por un lugar que supera lo imaginado y que hoy se presenta como una mezcla de historia, ingeniería y arte. Pero más allá de lo visual, lo que realmente impresiona son las dimensiones de este lugar y la sensación de estar en un entorno completamente distinto a otras minas de sal que he visitado, como las de la Catedral de Sal de Zipaquirá o las minas de Nemocón, ambas en Colombia.

Qué ver en Sibiu, la antigua capital de Transilvania
Tras pasar medio día en las profundidades terrestres, seguí hacia mi siguiente destino: la ciudad de Sibiu, que fue fundada con el nombre de Hermannstadt por colonos sajones en el S.XII. Ya en el S. XVIII se convirtió en la capital de Transilvania bajo el imperio Austro-Húngaro y hasta el fin de la Primera Guerra Mundial fue la sede del poder político de los alemanes en la región.



Sibiu tiene una personalidad muy marcada, con un centro histórico casi monumental perfectamente conservado donde sobresalen sus amplias plazas, sus edificios con “ojos” en los tejados y sus diferentes iglesias. Y por todo ello fue declarada en el 2007 la primera Capital Europea de la Cultura de un pais del Este tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético.


Uno de los aspectos que más disfruté fue la sensación de que Sibiu no abruma, pero tampoco aburre. Tiene lo suficiente para mantener el interés sin saturar. Es un lugar donde se pueden alternar las visitas culturales con momentos de descanso. Algo que, como ya dije al principio, no estoy acostumbrado a hacer.


Aquí conviven en armonía iglesias católicas, protestantes y otodoxas. Por cierto, la catedral ortodoxa de la Santísima Trinidad es una auténtica maravilla, construida siguiendo el modelo de Santa Sofía en la actual Estambul (aquí los ortodoxos la siguen llamando Constantinopla).


También podéis subir a lo alto de la torre de la catedral Evangélica Luterana desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad. Aparte de esto Sibiu cuenta con un paseo por su parte amurallada, museos, teatros y una buena cantidad de restaurantes decorados con mucho gusto.


Parque Nacional Cozia: la naturaleza de los Cárpatos
Para cerrar el viaje, decidí adentrarme en la naturaleza en el Parque Nacional Cozia. Después de días de ciudades, pueblos y monumentos, este cambio de ritmo fue perfecto. Aunque el invierno no es el mejor momento para visitarlo, se agradece perderse unas horas por estas montañas cubiertas de bosques por donde los ríos bajan con fuerza y el aire tiene una frescura revitalizante.
En otras épocas del año, sobre todo en otoño, el parque tiene que lucir increible ya que la mayoría de los árboles son de hoja caduca. Estos bosques son el hogar de osos, lobos, castores, águilas, ciervos y otras muchas especies de animales. Aunque yo sólo puede ver un conejo a lo lejos.

Las Termas de Bucarest, un final de viaje perfecto
Y para revitalizante y refrescante mi última parada en Bucarest antes de regresar a casa: Las Therme Bucaresti, el mayor complejo de aguas termales de Europa. Con las instalaciones ultra modernas de estas termas tengo que decir que Rumanía me sorprendió del primer al último día. Este enorme complejo de piscinas, saunas, aguas termales, toboganes, zonas de masaje y restauración es una auténtica gozada.


Aquí puedes pasar un día entero saltando de piscina en piscina, relajándote en las distintas saunas o tirándote por los 14 toboganes gigantes que te harán pasar un rato super divertido. El agua geotérmica se extrae del subsuelo a una temperatura superior a los 80 grados centígrados. Después del tratamiento y enfriamiento, la temperatura en el balneario se mantiene constante a 33°C.

Es el lugar perfecto para estar calentito en invierno, y refrescarte en las piscinas exteriores de agua fría en verano. Si puedes reservar un día de tu estancia para pasarlo aquí, sobre todo al final del viaje ya que las termas están cerca del aeropuerto de Bucarest, no lo dudes.

Conclusión: Transilvania más allá del mito
Para finalizar, me queda la impresión de que este viaje por Transilvania ha supuesto mucho más que hacer una simple una ruta turística. Ha sido todo un descubrimiento, una exploración de contrastes, de lugares desconocidos, de historias y de paisajes. Rumanía, y en particular esta región, tiene una capacidad única que no ha dejado de sorprenderme ni un solo día. No se trata solo de lo que se ve, sino de lo que se siente.


Está claro que Rumanía se está moviendo a mucha velocidad y, como digo siempre, no hay como viajar para acabar con las ideas preconcebidas. El cambio ha empezado por las ciudades y ya no se puede ghablar de una Rumanía pobre y subdesarrollada. Aquí se está moviendo mucho dinero y se nota que los fondos europeos se están invirtiendo, porque hay edificios renovados y obras por todas partes.

Si decides viajar a Rumanía te aconsejo dejar los prejuicios en casa, porque lo que realmente marca la diferencia en un viaje es la actitud con la que recorres un lugar. Venir dispuesto a descubrir y a dejarse sorprender es, probablemente, la mejor forma de disfrutar Transilvania.
Al final, lo que queda no son solo las fotos o los lugares que has visto, sino la sensación de haber recorrido un territorio auténtico habitado por gentes amables, lleno de matices y con una identidad muy marcada. Te aseguro que volverás a casa con ganas de seguir conociendo otras regiones de Rumanía, un país que sigue siendo uno de los grandes desconocidos de Europa.









Dejar un comentario