La Graciosa: maravillosa y salvaje soledad.

Desde junio de 2018 La Graciosa es oficialmente la octava isla habitada de las islas Canarias. Un lugar que me ha hecho sentir como pocos la inmensidad del mar, la soledad buscada y la belleza de sus paisajes volcánicos casi inalterados. A priori puede parecer que La Graciosa se puede ver en un día. Pero un día se te va a quedar muy corto, ya lo verás.

Os confieso que 2 días en La Graciosa se me han quedado cortos. Sinceramente no esperaba que una isla que puedes recorrer a pie y en bicicleta, diera para tanto. Pero viajar es descubrir, sorprenderse y, muchas veces, irse de un lugar con la firme esperanza de regresar. desde luego La Graciosa es uno de esos lugares que sorprenden. Y mucho. 

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La Graciosa, junto a los islotes cercanos de Alegranza, Montaña Clara y los roques del Este y del Oeste, conforman el Parque Natural del archipiélago Chinijo. Por si no lo sabes esta es la mayor reserva marina de Europa. Un auténtico paraíso para los submarinistas que vienen hasta La Graciosa para pasar unos días haciendo inmersiones en un entorno marino protegido.

Como os podéis ir haciendo idea La Graciosa no es un destino para un turismo masivo. Aquí lo importante es dejarse llevar por el ritmo pausado de los días, las caminatas, los baños en un mar de aguas límpidas y el disfrute de sus increíbles atardeceres. Si quieres encontrar el silencio de una Naturaleza casi inalterada sólo roto por el sonido del viento, La Graciosa es tu lugar.

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Cómo llegar a La Graciosa

Desde el puerto de Órzola en el norte de Lanzarote operan dos compañías de ferrys: Naviera Armas y Líneas Romero. Entre las dos ofrecen salidas cada media hora hacia Caleta del Sebo. Te aconsejo sacar tu billete de ida y vuelta online. Lo normal es llegar hasta Órzola en coche, aunque puedes venir en autobús desde la estación de guaguas de Arrecife en unos 40 minutos. Si vienes en tu coche, el billete del ferry te da derecho a aparcar en alguno de los estacionamientos gratuitos que hay en Órzola. Pregunta en las taquillas de la compañía que te corresponda o al personal de los estacionamientos. El trayecto en barco apenas lleva media hora. Te aconsejo sentarte en la parte superior del barco y disfrutar del maravilloso paisaje.

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Caleta del Sebo, tu base de operaciones

En La Graciosa te puedes alejar del mundo sin renunciar a las comodidades básicas que encontrarás en la Caleta del Sebo. Esta es una pequeña población de apenas 800 habitantes en la que sólo necesitarás unas chanclas (cholas en las Canarias), un bañador, alguna chaqueta para por la noche y poco más. Las calles del pueblo son de arena y en cierto modo me recordaron a otro lugar habitado sin asfalto: la Aldea de El Rocío en el Parque Nacional de Doñana.

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En Caleta del Sebo, y en el resto de la isla, el único tráfico motorizado es el de los 4×4 que acercan a los turistas a los lugares más remotos. Y últimamente, el de los camiones y maquinaria para la construcción de nuevas viviendas turísticas. Aquí el turismo es la principal fuente de ingresos. Y como siempre, es una moneda que tiene dos caras.

Quitando esto, la vida en la Caleta del Sebo trascurre siguiendo el ritmo de los amaneceres y atardeceres. Y el de los barcos que vienen de Órzola trayendo turistas por la mañana y llevándoselo por la tarde. A partir de las 6-7 de la tarde Caleta del Sebo vuelve a la tranquilidad. Los vecinos se juntan a tomar algo en las terrazas de su paseo frente al mar. O se sientan a esperar el atardecer en la pequeña playa de La Laja. Desde aquí se ven los imponentes Riscos de Famara de la cercana isla de Lanzarote tiñéndose de los colores dorados, anaranjados, rojizos y morados del ocaso. Es un momento mágico. Y sólo por vivirlo merece la pena pasar aquí más de una noche.

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Casi todas las casas del pueblo son sencillas, de una planta, pintadas de blanco y con las puertas y ventanas de madera pintadas de azul o verde. Hay un par de supermercados, un cajero automático y bares, terrazas y restaurantes donde podrás degustar la gastronomía canaria local. No te pierdas los platos basados en la pesca del día. Aquí te voy a hacer una recomendación: en la misma playa de La Laja está El Veril. Además de poder comer en la playa, en su interior podrás elegir toda una variedad de pescados frescos del día: cherne, sama, vieja, sardinas…Todo te lo preparan al momento. Ya sea un pescado, una cazuela canaria o un pulpo a la plancha acompañado de papas arrugadas con sus mojos rojo y verde. Comida sencilla sin pretensiones, pero qué rico por Dios.

También te puedo recomendar el restaurante El Marinero, un clásico de la isla con ambiente local en el interior de la Caleta y buena comida. En el paseo del puerto encontrarás el Mesón de la Tierra con precios asequibles, pescado fresco y una atención exquisita de su personal. La verdad es que aquí en la Caleta es difícil, muy difícil, comer mal. Y además la gente es encantadora.

En Caleta del Sebo encontrarás todo lo que necesitas para tus aventuras diarias. Hay un centro de buceo en el mismo puerto. Por supuesto podrás alquilar kayaks y, sobre todo, bicicletas. Y si no te apetece caminar o pedalear, puedes contratar los servicios de un 4×4. Te pueden acercar por ejemplo a las playas de La Cocina o La Francesa, para luego regresar caminando. También te pueden llevar y traer de vuelta de la paradisiaca playa de Las Conchas, en el extremo norte. Aunque sinceramente te aconsejo la bicicleta. Vivirás La Graciosa de una manera mucho más directa.

Es evidente que La Graciosa no es un lugar desconocido. Durante los meses de julio y agosto se llena de visitantes y es necesario reservar barco, restaurantes, actividades y, sobre todo, hospedaje con mucha antelación. El resto del año todo resulta mucho más tranquilo. Aun así encontrar donde dormir a buenos precios puede resultar complicado. La demanda es alta y la oferta es limitada. Por eso casi siempre es más cara y con menos servicios que la que puedes encontrar en la vecina Lanzarote.

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Ruta circular en bici por el norte de La Graciosa

La bicicleta es el vehículo ideal para recorrer La Graciosa. Te permitirá llegar a los lugares más interesantes de la isla en contacto con la Naturaleza. Como ya he comentado, en la Caleta del Sebo encontrarás 4 o 5 lugares donde podrás alquilar bicicletas. Antes de empezar tengo que darte unos consejos. En La Graciosa no hay carreteras asfaltadas. Todo son caminos de tierra y arena, y no están en buen estado. Las ondulaciones y baches de los caminos pueden ser una auténtica tortura para tu trasero. Intenté alquilar una bicicleta con amortiguación trasera, pero no la encontré.

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Así que, primer consejo: trae tu funda de gel para el sillín de la bici. Parece una tontería, pero me lo agradecerás. Y consejo para las chicas: usad un buen sujetador si no queréis sufrir las consecuencias. Segundo consejo: prueba la bicicleta antes de pagar los 10€ que cuesta el alquiler diario. Que se corresponda con tu altura. Y comprueba que los frenos y los cambios funcionan perfectamente. Por cierto, si lo prefieres te puedes traer tu propia bicicleta en el ferry desde Lanzarote.

Tercer consejo: no te olvides llevar una mochila cargada con agua (mucha agua) y algo de comer, así como de gafas de sol, protector solar y una toalla para las playas. Recuerda que estás muy cerca del Sahara y el sol puede ser abrasador. Cuarto consejo. Mucha gente no sabe que se puede subir a Montaña Bermeja, pero no puede hacerlo al llegar porque no trae el calzado adecuado. No te olvides de llevar un calzado cerrado con una suela que tenga buen agarre.

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Y por lo que pueda pasar, recuerda que cuando viajes es imprescindible contar con un buen Seguro de viaje. En mi caso yo siempre viajo con MONDO. Si lo contratas desde aquí tendrás un 5% de descuento. Además incluye coberturas en caso de que tu viaje se vea afectado por restricciones debido al Covid19.

La ruta circular de unos 20 Km. que te propongo comienza y termina en Caleta del Sebo. Esta ruta llamada del Norte o de Las Conchas lleva hasta esta playa salvaje, continúa hacia Playa del Ámbar y pasa junto al otro núcleo con casas de la isla: Pedro Barba. No tiene pérdida porque en las pocas intersecciones que encontrarás hay señales indicando por donde seguir.

Los primeros kilómetros son de un ligero ascenso. Aquí empezarás a “disfrutar” del particular bacheado de los caminos isleños. Seguirás hacia el norte bordeando las laderas del volcán Aguja Grande. Muy pronto verás asomar el mar al otro lado de la isla. Hay un par de sitios al borde del camino para parar, dejar la bicicleta y acercarte caminando a curiosear por este tramo de costa.

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Al fondo se ve ya la silueta cónica de otro volcán: Montaña Bermeja, así como el islote de Montaña Clara y la isla Alegranza a lo lejos. A los pies del sendero que sube hasta lo alto de este volcán hay un lugar donde dejar las bicicletas. Desde aquí otro sendero te lleva hasta la playa más espectacular y salvaje de La Graciosa. Y una de las más increíbles que haya visto en las islas Canarias: la playa de Las Conchas.

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La playa de Las Conchas

Más que playa, es un playón. Es inevitable sentirse asombrado por la belleza de este lugar, una playa de arenas doradas salpicada de rocas negras volcánicas. Las rojizas laderas de Montaña Bermeja llegan casi hasta las dunas de arena de una playa donde un mar salvaje de tonalidades azules y verdes rompe sus olas contra la orilla. La escena la completa el islote volcánico de Montaña Clara que se levanta justo enfrente.

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¡Qué maravilla de lugar! Es inevitable salir corriendo por la arena hasta la orilla y querer meterse en el agua. ¡Pero cuidado! Aquí las olas rompen con gran fuerza y las corrientes son muy traicioneras. Aun así, os puedo decir que a finales de octubre el agua está a una temperatura ideal. Pero repito, esta playa es salvaje, salvaje, no está vigilada ni hay ningún tipo de servicio.

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Montaña Bermeja: La Graciosa en 360º

Después de recorrer los 600 m. de la playa de extremo a extremo, del baño y de tomar el sol, toca subir a Montaña Bermeja. Cuando llegue este momento te acordarás de mi cuarto consejo: calzado cerrado con suela antideslizante. Si no subís los 160 m. de este volcán os vais a perder las vistas en 360º más fantásticas de esta isla y del archipiélago Chinijo. El esfuerzo de subir por la ladera de arena volcánica se ve recompensado con creces cuando llegas a lo más alto. Te aseguro que te vas a quedar sin palabras.

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El camino continúa atravesando las llanuras de arena que nos llevará hasta Playa Lambra o del Ámbar. Pero poco antes de llegar a la línea de costa y girar hacia la derecha hay que detenerse. Se puede dejar la bici junto a las vallas de madera donde comienza un sendero para hacer a pie. Aunque no hay ninguna señalización es fácil de encontrar. Desde aquí iremos caminando entre rocas y arena por el bode de los acantilados hasta llegar al mirador de Baja de Maspalomas. Aquí se encuentran una serie de arcos basálticos de lava bajo los que se adentra el mar. Al fondo la silueta de Montaña Bermeja preside la escena.

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Este es un lugar que te dejará boquiabierto. Y por el que tendrás que andar con mucho cuidado si no quieres acabar cayendo al agua. Este tramo de costa es una sucesión de entrantes y salientes rocosos de lava petrificada. Y de formas basálticas que en algunos lugares me recuerda las formaciones de la Calzada del Gigante en Irlanda del Norte.

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Playa Lambra o Ámbar está muy cerca. Es una playa de arena suave salpicada de rocas negras y rodeada de formaciones de dunas en la que apenas encontrarás gente. Aquí las corrientes también son bastante intensas, así que cuidado si decides bañarte. A partir de aquí el camino se complica un poco. Además de que hay tramos en los que está cubierto de arena, comienza una sucesión de sube y baja que alcanza su parte más dura en las cercanías de Pedro Barba.

Aquí tienes que decidir si bajar hasta Pedro Barba merece la pena. Personalmente no lo hice para no tener que volver a ascender hasta el camino principal. Apenas cuenta con una veintena de casas y una playita por si te apetece volver a bañarte. En este tramo las cuestas se hacen más duras y el suelo roto y bacheado convierte el pedaleo en una pequeña tortura para los no habituados a la bicicleta. Pero las vistas de Lanzarote al otro lado del canal marino de El Río amenizan el regreso y compensan el esfuerzo.

Además, allí abajo ya se divisa Caleta del Sebo. Cuando al final aparques la bicicleta habrás disfrutado de un día muy especial. Es el momento perfecto para terminar el día viendo alguno de los famosos atardeceres de la isla.

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En La Graciosa también llueve

Sí, apenas 10 días al año, pero cómo llueve. Un tremendo aguacero que comenzó por la noche y se prolongó hasta pasado el mediodía me impidió hacer la ruta en bicicleta hasta Montaña Amarilla por la costa noroeste. Tocaba cambiar de planes en un día que se mantuvo gris y cubierto de nubes. Este tiempo era el perfecto para ir caminando hacia el sur por la costa hasta la playa de la Cocina pasando por la playa del Salado y playa Francesa. Es un camino que no tiene pérdida porque siempre tendréis delante la silueta de la Montaña Amarilla. A la izquierda, al otro lado del mar, os acompañarán los oscuros riscos de Famara y la lejana silueta de los volcanes de Timanfaya en la vecina isla de Lanzarote.

Playa Francesa es una de las más visitadas de la isla ya que está a unos 3 km. de Caleta del Sebo. Se encuentra en una pequeña bahía donde suelen anclar veleros y los barcos que hacen excursiones a esta playa. Caminando por la orilla el paisaje es una sucesión de arenales salpicado de rocas basálticas que se adentran en el mar. No hay sombra bajo la que esconderse y este es un camino que no se puede hacer en bicicleta. Así que, si vienes en un día soleado, ven preparado. Y recuerda que te puede acercar alguno de los taxis 4×4 del pueblo.

La lluvia intermitente de la tarde me impidió llegar hasta la playa de la Cocina que se encuentra a los pies de la ladera de Montaña Amarilla. Mejor, porque así ya tengo una excusa para regresar a La Graciosa. Aunque no hay que buscar muchas excusas para regresar a esta isla. El atardecer gris-azulado de este día nublado no tiene nada que ver con el estallido de colores cálidos que había disfrutado la tarde anterior.

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Apenas si he visto a un par de personas en toda la tarde. El único sonido que escucho es el del viento y el del agua llegando suavemente a la orilla. Todo parece intacto, un paisaje en el que no veo por ningún lado la mano del hombre.

Desde luego, si quieres contacto con la Naturaleza y disfrutarla en soledad lejos de todo y de todos, La Graciosa es tu lugar.

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