El Parque Nacional de Doñana: un tesoro que hay que cuidar.

Doñana es una joya natural, un tesoro ecológico que integra varios ecosistemas en los que viven especies animales en grave peligro de extinción. Pero Doñana es también un espacio trasformado por el hombre que hoy sobrevive rodeado, literalmente, de amenazas. Os llevo a visitar un entorno natural que tenemos que cuidar entre todos.

Doñana fue declarado Parque Nacional el 16 de octubre de 1969. Hasta ese momento Doñana era un territorio dedicado a la explotación tradicional de sus recursos naturales. De la madera para hacer carbón vegetal y la obtención de corcho, así como zona ganadera, de pesca y coto de caza. Muy poca gente era consciente de la importancia de este enclave natural ubicado al oeste de Andalucía. En 1980 la UNESCO declaró a Doñana como Reserva de la Biosfera. Y poco después, en 1989 y en 1997, se amplió el área del pre-parque con una zona de protección denominada Parque Natural de Doñana. Poco antes, en 1994, la UNESCO había decidido nombrar a Doñana Patrimonio de la Humanidad.

Durante estos años la superficie inicial encajada entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz vio aumentada su superficie. En el 2008 Doñana y el Parque Regional de La Camargue en el sur de Francia decidieron su hermanamiento al ser los dos humedales más importantes de Europa para la fauna aviar. Finalmente, en el año 2012 la UNESCO aprobó la ampliación de la zona protegida de Doñana que pasa de las 77 mil a las 255 mil hectáreas.

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Doñana amenazada

Todas estas medidas se tomaron en un intento de proteger a Doñana de toda una serie de amenazas. Sobre todo de la invasión de las zonas de cultivo y del aumento exponencial de pozos ilegales de extracción de agua para regadío. Pozos que agotan las reservas freáticas de agua favoreciendo la desecación de las lagunas y marismas de Doñana. Las mismas que durante las épocas de migración se llenan de millares de aves en su ruta de migración entre Europa y África. La regeneración hídrica de las marismas se ha convertido en una de las claves para la protección del parque. Naturalistas, conservacionistas, biólogos y ornitólogos llevan años denunciando la existencia de miles de pozos ilegales. Y del grave peligro que suponen para la pervivencia del delicado equilibrio ecológico que caracteriza Doñana.

La demanda de agua de la macro urbanización turística de Matalascañas, la salinización de las capas freáticas y la consiguiente desertización del parque, así como la cercanía de las instalaciones industriales del puerto de Huelva suponen una amenaza permanente. Además, el equilibrio natural de Doñana también se ve amenazado por la contaminación de las aguas fluviales. Contaminación que ha convertido a la zona de las marismas del Guadalquivir en casi irrecuperables.

Muchas veces se ha dicho que Doñana es la mayor reserva ecológica de Europa. Y otras tantas se resalta su importancia como santuario de especies emblemáticas como el lince ibérico o el águila imperial. Además, se calcula que 300 especies de aves viven o pasan por Doñana, lo que la convierte en un paraíso para ornitólogos de todo el mundo.

Sin embargo, algo no se está haciendo bien a pesar de todas estas figuras legales nacionales e internacionales de protección. Esto es evidente cuando te diriges hacia Doñana y ves las inmensas plantaciones de fresas y otros cultivos de regadío que rodean el Parque Nacional. A veces parece que el mar de plástico que protege los cultivos se adentra sin limitaciones visibles en el área del Parque Natural. Doñana aparece encajada entre sus fronteras naturales, el río Guadalquivir y el océano Atlántico, y las fronteras artificiales creadas por el hombre: carreteras, autopistas, cultivos y zonas valladas. Viendo todo esto es inevitable preguntarse por el futuro de Doñana y sobre las acciones de las administraciones públicas para garantizar su supervivencia.

Para colmo de males Doñana sufrió un grave incendio forestal en el 2017 que arrasó 10 mil hectáreas de superficie arbolada.La zona de Las Peñuelas ubicada en el Parque Natural fue la más afectada. Pasarán 50 años hasta que la zona afectada se recupere de este devastador incendio originado en una de las carboneras tradicionales que todavía siguen en activo.

Sí, porque muchas de las actividades y usos tradicionales de Doñana perduran con el paso del tiempo. Son actividades que no suelen afectar al entorno natural como la pesca, la apicultura o la ganadería de vacuno o caballar. Por eso todavía es posible encontrar en Doñana chozas o cabañas aisladas de gente que ha vivido aquí desde hace generaciones. Sin embargo, los pozos ilegales siguen extrayendo agua para los cultivos y desecando las marismas.

Este es el problema principal: la carencia de agua para todos ya que plantea un grave problema social que afecta directamente a las poblaciones cercanas a Doñana. Pueblos y gentes que viven desde hace generaciones de sus cultivos. Sin duda es necesario encontrar una solución equilibrada que permita dar una respuesta tanto a las necesidades de las poblaciones como a la protección de Doñana. Es una problemática similar a la que sucede en el entorno de otros humedales naturales protegidos como las Tablas de Daimiel en La Mancha.

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Cómo y cuándo visitar Doñana

Debido a su gran extensión hay varias formas de acceder a Doñana. En cualquier caso antes de ir has de saber varias cosas:

  • La mejor manera de acceder a cualquiera de los Centros de Visitantes de Doñana es en automóvil. Los más visitados son el de la «Fábrica de Hielo» en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), el de La Rocina en la carretera que une El Rocío con Matalascañas (Huelva), y el más conocido de todos, el de El Acebuche. Menos frecuentado es el de José Antonio Valverde, también conocido como Cerro Garrido en la provincia de Sevilla. Su acceso es más complicado ya que se hace por caminos de tierra.

  • Os aconsejo una estancia de 2-3 días para poder conocer los lugares más interesantes de Doñana.
  • El acceso al Parque Nacional es gratuito. Una vez allí verás que hay zonas de acceso libres y otras a las que sólo podrás acceder en excursiones organizadas de pago con alguna de las empresas que operan en el Parque Nacional.
  • La combinación de visitas libres y organizadas es la mejor forma de conocer todo lo que esta gran reserva natural puede ofrecer al visitante.

  • Doñana es un entorno natural formado por varios ecosistemas. Sin duda el más llamativo es el de las marismas. Pero el de las grandes extensiones de dunas, el de bosque mediterráneo y el de matorral donde vive el lince, se entremezclan formando un espacio único.
  • De los centros de visitantes parten senderos de diferentes extensiones que se pueden hacer fácilmente a pie. Es una buena manera de visitar una parte importante del parque por libre. También existen otros senderos como el del Parque Dunar de Matalascañas con pasarelas de madera que permiten recorrer parte del complejo de dunas. También está permitido caminar a lo largo de los 30 Km de playa entre Matalascañas y Sanlúcar de Barrameda. No te vas a encontrar a casi nadie.
  • La mejor época para visitar Doñana es la comprendida entre febrero y mayo. A la abundancia de agua se suma el color verde de la vegetación y la presencia de miles de aves que descansan aquí de su migración desde África a Europa. Durante el verano la mayor parte de las marismas se secan, hace mucho calor y la presencia de aves es mucho menor.
  • Te aconsejo llevar unos prismáticos. Si te gusta la fotografía no puede faltar un buen teleobjetivo en tu equipo.

Aunque hay mucha gente que decide tener Matalascañas (un horror del desarrollismo turístico) como base operativa, a mi me parece mucho más interesante la aldea de El Rocío. Yo opté por quedarme en una de las cabañas del camping «La Aldea«. Y fue una magnífica elección, aunque no tuviera las vistas a las marismas que tienen hoteles como el Toruño o La Malvasía. Además, El Rocío es uno de los lugares con más encanto que conozco en esta zona de Huelva.

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La aldea del El Rocío

El Santuario de Nuestra Señora del Rocío se refleja en las aguas remansadas del Charco de la Boca al atardecer. Las luces de las casas bajas de la aldea se encienden y en el agua de las marismas pochas de agua, flamencos y patos descansan, nadan o buscan su alimento. Es una de esas imágenes difíciles de olvidar y que forman parte del imaginario más tradicional de Andalucía. Sólo por vivir estos momentos merece la pena llegar hasta aquí.

El Rocío es más que una aldea, es un lugar simbólico. La procesión de los almonteños por la aldea el lunes de Pentecostés, y el posterior salto de la verja del santuario en plena madrugada son imágenes conocidas por todos. La Virgen del Rocío, o Blanca Paloma, es entonces sacada en volandas del santuario por miles de fieles que pugnan por tocarla y llevarla a hombros. Es un momento de exaltación religiosa multitudinaria impactante donde se llegan a juntar un millón de personas.

Pero cualquier otro día las calles de arena (aquí no ha llegado el asfalto) de El Rocío permanecen casi vacías y tranquilas. Con la excepción de los fines de semana en la que siempre veréis la celebración de alguna boda en el santuario. Hay gente paseando en calesas o montando a caballo y los bares y restaurantes se llenan de gente que luego se va a pasear por las orillas de la laguna.

El Rocío vive a otro ritmo. Hay calles y plazas que parecen sacadas de una película del oeste americano, con los caballos atados a los postes y amarraderos. Porque aquí la cultura del caballo se vive cada día.

En El Rocío encontraréis las oficinas de empresas que hacen excursiones guiadas en 4×4 por Doñana como Discovering Doñana o Doñana Reservations and Tours. Si preferís daros un paseo por vuestra cuenta acercaros hasta el Centro Francisco Bernis que cuenta con un magnífico mirador para aves en la misma orilla de la marisma. Desde aquí podrás ver numerosos ánsares o patos comunes, agujas colinegras, garzas, avefrías, espátulas o moritos comunes, la única especie de ibis propia del continente europeo. Son inconfundibles gracias a su pico curvo y a las tonalidades de su plumaje. Y por supuesto también veréis a decenas de flamencos.

Desde El Rocío también podéis daros un paseo por el denominado Coto del Rey tras tomar el camino que empieza pasado el Puente del Ajolí. Además de disfrutar de la caminata entre viejos alcornoques, enebros, pinos piñoneros y acebuches, puede que os encontréis con alguna grata sorpresa en forma de águila real o de lince. Desafortunadamente yo no vi ninguno.

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Centro de Visitantes La Rocina

Saliendo de El Rocío y en la carretera que lleva hacia Matalascañas se encuentra el Centro de Visitantes La Rocina. Desde aquí se puede caminar por los senderos de madera que bordean parte del Charco de La Boca. Podréis ver, como en otros lugares de Doñana, alguna de las típicas chozas de madera revestidas con techos de junco y brezo que caen hasta recubrir casi por completo la choza. Fue aquí donde pude ver un buho chico a plena luz del día.

Es un lugar perfecto para disfrutar de la observación de las aves zancudas y limícolas en las marismas. Recuerda que en verano gran parte de estas marismas de poca profundidad se secan y no verás a muchas de las aves que crían aquí.

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El Palacio del Acebrón

Desde el acceso a La Rocina se puede tomar la carretera H-9023 que lleva directamente a este palacio construido el siglo pasado y rodeado de extensos pinares. Aunque en Doñana siempre han existido pinos, fue el VII Duque de Medina Sidonia el que promovió la plantación masiva de estos árboles a partir de 1737. Desde entonces los pinares constituyeron una fuente adicional de ingresos gracias a su madera, el carboneo y la recogida de piñas y piñones.

El Palacio del Acebrón se puede visitar de forma gratuita.La planta baja sirve como museo ya que se conserva como cuando estaba habitado. La primera planta es un centro de interpretación del Parque Nacional y desde la terraza superior se tienen vistas a las grandes extensiones de pinares de esta zona. Partiendo del palacio hay un sendero que recorre parte del bosque de ribera de las orillas del arroyo de La Rocina. Sendero que termina en un mirador que se asoma al Charco del Acebrón. No es lo mejor del parque, pero en su conjunto es un lugar curioso y una muestra más de cómo el hombre ha intentado poner Doñana a su servicio.

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Centro de Visitantes El Acebuche. Linces y excursiones en 4×4

Siguiendo la carretera que va de El Rocío a Matalascañas encontraremos en el Km.12 los carteles señalando el acceso al Centro de Visitantes de El Acebuche. Es el más conocido y visitado de todo Doñana por varias razones. Desde este viejo cortijo andaluz se monitoriza con cámaras de vigilancia a los linces que crían en cautividad para después dejarlos en libertad. En época de nacimientos (primavera) hay monitores donde se ve a las hembras de lince cuidando de sus crías. Ya os digo que no hay visitas públicas al centro de cría del lince ibérico inaugurado en 1992 para salvar esta especie endémica que se encontraba al borde de la extinción. A día de hoy el programa de cría y reintroducción del lince está siendo un éxito, y el lince ibérico se aleja cada año de su temida desaparición.

Desde El Acebuche parten un par de senderos que permiten llegar hasta la cercana Laguna del Acebuche (1.5 km) o a la más alejada Laguna de las Pajas (3 km). Ambos son fáciles de recorrer y cuentas con varios miradores para la observación de aves.

Pero mi visita a El Acebuche tenía otro objetivo, que además se convirtió en su mayor atractivo y una de las mejores cosas que hice en Doñana. Desde aquí parten las excursiones que hacen la visita más completa dentro del Parque Nacional. La Sociedad Cooperativa Andaluza Marismas del Rocío propone a los visitantes un recorrido de casi 70 km. en camiones 4×4 por los diferentes ecosistemas de Doñana. Te aconsejo reservar esta visita con antelación ya que es muy solicitada. Y sólo se hace dos veces al día así que hay que estar atentos a los horarios:

  • Del 15 de septiembre al 30 de abril las salidas son a las8:30 y a las 15 horas. Desde el 1 de mayo al 14 de septiembre las salidas son a las 8:30 y a las 17 horas.

Yo escogí el horario de la tarde. Así se puede disfrutar de la puesta de sol desde el 4×4 rodando por  la inmensa playa de Doñana entre la desembocadura del Guadalquivir y Matalascañas.

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La visita a Doñana en camión 4×4

Aparte de este recorrido también proponen otras visitas en Doñana para grupos pequeños, rutas por zonas concretas o con guías especializados en ornitología, botánica, fotografía, etc. La visita a Doñana dura unas 4 horas y parte del estacionamiento del Centro de Visitantes de El Acebuche. Durante el recorrido se atraviesa la zona de dunas, la de marismas, la de bosque mediterráneo con sus pinares y zonas de matorral bajo, para llegar finalmente a la desembocadura del Guadalquivir. Desde aquí se recorren unos 20 km de playa hasta llegar a Matalascañas y regresar a El Acebuche. Aunque la mayor parte de la visita se hace subido en el 4×4 también se realizan algunas paradas. Una en la zona de dunas y otra en el poblado de La Plancha a orillas del Guadalquivir frente a Sanlúcar de Barrameda.

  • La playa

El recorrido guiado comienza con el 4×4 internándose en la playa tras dejar atrás las feas urbanizaciones turísticas de Matalascañas. Por el camino quedan algunas cabañas de pescadores y viejas estructuras de vigilancia como la Torre de la Carbonera. Estas torres almenaras las mandó construir Felipe II en el S.XVI a lo largo de la costa para avisar de la presencia de los piratas berberiscos.

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  • Las dunas

Pasados unos kilómetros el 4×4 se adentra entre uno de los ecosistemas más característicos de Doñana: las dunas móviles. Ocupan una extensión de casi 30 km de largo y desde la playa se adentran más de un km. tierra adentro. Este es un entorno cambiante en el que las dunas, empujadas por el viento, avanzan, desaparecen, crecen o se tragan bosquecillos de pinos. Son los conocidos como trenes de dunas.

A medida que nos alejamos del mar las dunas van perdiendo altura. El 4×4 avanza ahora entre grandes extensiones de colinas de arena salpicadas de hierbas y matorrales. Es el momento de la primera parada. 15 minutos que nos permiten estirar las piernas y caminar por la gran extensión de arena. El paisaje desde aquí es una inmensidad de arena delimitada a lo lejos por grandes pinares que subsisten al embate de las dunas. Si te fijas es fácil descubrir huellas de los animales que merodean por aquí, sobre todo zorros, jabalíes y ciervos.

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  • Las marismas

Seguimos adelante y nos adentramos en el entorno de bosque y matorral mediterráneo que rodea las marismas. Ante nuestros ojos se extiende una inmensa superficie vacía. Es la marisma y aunque estamos en primavera está completamente seca. La decepción se lee en los rostros que me rodean, y en el mío.

El guía nos explica que esto es la consecuencia de años de sequía y de la extracción ilegal de agua del acuífero para la agricultura. La joya de la corona del parque se muestra sin brillo, desolada. Sin embargo, basta que llegue el agua para que este erial se convierta en un vergel pleno de vida. Es entonces cuando por todas partes aparecen las aves, los peces, crustáceos, insectos, reptiles como la casi desaparecida tortuga mora y anfibios como ranas o sapos.

Hasta las orillas de la marisma se acercan a beber ciervos, gamos, zorros y jabalíes. Y entre la vegetación se asoman las nutrias, las musarañas, los erizos, los lirones, los gatos monteses y el lince ibérico.

Con suerte es posible ver a la emblemática águila real de la que quedan algunas parejas nidificando en el parque. Los arbustos secos cobran vida y sirven de alimento a las vacas que pastan en Doñana. Y a los caballos marismeños propios de esta zona y que vagan en libertad. El desierto seco se convierte en un oasis húmedo y lleno de vida que llega a albergar hasta 300 especies de aves. Y todo gracias al agua. Sin agua, Doñana acabará desapareciendo tal como la conocemos.

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  • El bosque mediterráneo

Dejamos atrás las orillas secas de la marisma y nos adentramos entre las sombras que ofrecen los pinos piñoneros. El 4×4 avanza por las roderas marcadas en el suelo de arena. Un entorno donde los crecen los pinos y los arbustos como el tomillo, la jara o el romero. Este es el mejor lugar para ver jabalíes, ciervos y gamos. Es un entorno seco y arenosos, pero el guía nos dice que toda esta vegetación vive gracias al agua de los acuíferos. Una vez más comprobamos que el agua que no vemos es la que da vida a Doñana.

Dejamos atrás el Palacio de las Marismillas donde vienen a pasar sus vacaciones presidentes y mandatarios extranjeros. El río Guadalquivir queda a nuestra izquierda tras el bosquecillo de ribera que oculta sus orillas. Pronto llegamos al poblado de La Plancha donde se hace una nueva parada. Este poblado de chozas estuvo habitado hasta los años 90 del siglo pasado y hoy se ha convertido en un centro de interpretación etnográfico. Si no has tenido la oportunidad de conocer las típicas chozas de Doñana esta es una magnífica ocasión.

De nuevo en el 4×4 avanzamos hacia la desembocadura del Guadalquivir mientras en la otra orilla vemos las casas bajas de Sanlúcar de Barrameda. Iniciamos el regreso por la playa a orillas del Atlántico con un sol que va descendiendo en el horizonte. Por el camino nos cruzamos con algunos pescadores rastrillando la orilla en busca de coquinas. Nos sobrevuelan las gaviotas y por la arena corretean los correlimos. En el 4×4 todos contemplamos el espectáculo de una naturaleza que parece todavía intacta mostrando una belleza simple y hermosa.

Un atardecer inolvidable con un sol anaranjado poniéndose tras el horizonte es el último regalo de este recorrido por Doñana. Un lugar único enmarcado en un entorno natural de tal fragilidad que sólo es posible de apreciar tras visitarlo.

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