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El alma ortodoxa de Kiev.

En la parte de Kiev que se eleva sobre el río Dnieper se encuentran algunos de los lugares más destacados e importantes de la capital. Aquí está el Monasterio de Lavra o de las Cuevas, quizás el lugar más sagrado de Ucrania. Y el Museo de la Gran Guerra Patriótica donde se relata la resistencia ucraniana al invasor nazi durante la II Guerra Mundial. 

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RUTA 2: monasterios, cuevas, museos de guerra y estatuas gigantes

Si os queréis ahorrar la caminata por el parque tras haber hecho el recorrido por el Centro de Kiev tomad el metro que funciona estupendamente con bajada en la estación Arsenalna. O mejor, alguno de los autobuses 24 o 24A que os dejarán frente al Monasterio de Lavra también conocido como el Monasterio de las Cuevas.

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El Monasterio de Lavra o de las Cuevas

El de Lavra es el monasterio más antiguo de Kiev y uno de los lugares más sagrados de Ucrania. Este es el único lugar de Kiev donde he visto gran cantidad de gente, casi todos peregrinos llegados de todos los rincones de Ucrania. Aquí la fe y la religiosidad se respira en el ambiente. Ya sólo la entrada al recinto con su cúpula dorada y su recargada decoración barroca impresiona. En realidad esta entrada es la Iglesia de la Puerta de la Trinidad y formaba parte de las fortificaciones del Monasterio. Las taquillas para adquirir la entrada están justo al lado.

Si no quieres complicarte la vida puedes contratar un tour organizado por Kiev con visita al Monasterio de Lavra. La excursión incluye la entrada a las Cuevas además de visita guiada por la ciudad con guía en español.

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Es curioso como un conjunto de cuevas sobre el Dnieper a las que se retiraron monjes ortodoxos a principios del Siglo XI acabó convirtiéndose en lo que es. Era la época en la que reinaba Yaroslav I el Sabio en el Rus de Kiev (este hombre hizo de todo). El primero fue un monje griego llamado Antonio que atrajo hasta aquí a otros monjes que decidieron vivir alejados del mundanal ruido encerrados en sus cuevas. Así nació la comunidad religiosa de los Antoninos que se dividió entre las cuevas altas y las cuevas bajas. Financiado por Yaroslav I, Antonio y sus seguidores decidieron levantar un pequeño monasterio de madera. Con el paso de los años y tras las sucesivas destrucciones de todos los invasores que pasaron por aquí, se fue ampliando y ampliando hasta lo que vemos hoy: un complejo religioso de dimensiones enormes convertido ya en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Tras el paso de mongoles y tártaros y las reconstrucciones posteriores hoy podemos admirar diferentes iglesias de estilo barroco del S.XVIII. Durante la II Guerra Mundial y en pleno cerco de la ciudad por las tropas alemanas, las tropas soviéticas volaron por los aires la Catedral de la Asunción o Dormición, el edificio más importante de Lavra. Lo que no quedó destruido tras la guerra fue convertido en museo. No fue hasta 1988 que las autoridades soviéticas devolvieron el monasterio a los monjes para que reiniciaran sus actividades religiosas. Y ese mismo año se inició la reconstrucción de la Catedral cuyas obras terminaron en el año 2.000. Por eso luce tan esplendorosa.

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El complejo está dividido en dos zonas bien delimitadas, la alta donde se encuentran casi todas las iglesias; y la baja con las cuevas donde están, sepultados pero a la vista, los cadáveres de aquellos monjes que se encerraron aquí hace 900 años. En Lavra podrás admirar el especial atractivo que tiene el arte ortodoxo. Y el ambiente de sus interiores con las velas encendidas iluminando los iconos sagrados y las decoraciones doradas entre las penumbras. En la zona alta se encuentra las iglesias de la Asunción o Dormición de la Virgen, la de Santísima Trinidad y la de Todos los Santos.

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En la zona de las cuevas bajas hay otra iglesia con su campanario, la de la Natividad. Pero en esta área lo que todo el mundo viene a ver es a los cadáveres embalsamados y momificados de los frailes. Los túneles pintados de blanco forman una especie de laberinto salpicado de nichos con los cadáveres en urnas de cristal. Los túneles no están iluminados así que lo tradicional es comprar una velita a la entrada para iluminar de forma etérea los escalones y pasadizos creando un ambiente fantasmal. No sé si la gente viene hasta aquí por morbo, por iconoclastia o por fe, pero siempre hay mucha gente recorriendo estos pasadizos. El caso es que no es un lugar apto para claustrófobicos, pero ya os digo que tampoco es para tanto. Un lugar curioso dentro de este complejo de iglesias, lugares sagrados y salpicado de tiendas de souvenirs religiosos. Está claro que allá donde vayas la religión no deja de ser un negocio.

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Después de salir de Lavra abrumado por tanto arte religioso, tanta fe y tanto humo de velas, es hora de ir a comer. Aquí cerca hay un restaurante muy recomendable llamado Kupol que queda saliendo desde la torre de la entrada hacia la izquierda. No dudes en probar el borsch ucraniano clásico, el mejor de los que he probado durante mi estancia en el país. Sabroso es decir poco. De postre pediros un solozhenik de manzanas o de guindas.

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El Museo de la Gran Guerra Patriótica

Una vez recargadas las baterías toca acercarse hasta el complejo de memoriales dedicados a las guerras patrióticas ucranianas. El acceso a la zona ajardinada impresiona desde el comienzo. Los esqueletos metálicos de vehículos blindados rusos capturados en las zonas de guerra en Crimea y en el Este se exponen a la vista de todos.

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A medida que te adentras en el parque verás que las cúpulas de las iglesias del complejo de Lavra sobresalen entre las copas de los árboles en flor creando una imagen idílica. Una imagen que contrasta con la exposición de tanques rusos de la serie T, aviones Mig, misiles y cañones expuestos al aire libre y que forman parte del Museo de los Conflictos Regionales.

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Un museo que trata los diferentes conflictos regionales en los que se vio inmersa la URSS de 1936 a 1939. La colección de vehículos artillados, helicópteros rusos y aviones a los que puedes subir a su cabina pagando una pequeña entrada es de las que le dejan a uno con la boca abierta. Los amantes de la historia militar durante el período de la Guerra Fría encontrarán aquí un tesoro digno de ser explorado.

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Y esto es sólo el comienzo. Porque el acceso al Museo de la Gran Guerra Patriótica está rodeado de fuentes, y de estatuas y murales de gran tamaño ensalzando la lucha de los soviéticos contra el invasor alemán durante la II Guerra Mundial.

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Pero hay algo aquí que destaca sobre todo lo demás: la magnífica, brillante y enorme mole metálica de la Estatua de la Madre Patria. Aquí se la llama jocosamente la «Madre de Brezhnev«, el presidente de la URSS que la inauguró en 1981. En realidad representa a Rusia como la Madre Patria, y esto le sienta fatal a los ucranianos. El escudo de la Unión Soviética que también está presente en las estatuas bajo el Arco de la Amistad, todavía es visible aquí y en otros monumentos de Ucrania relacionados con la II Guerra Mundial.

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Justo frente a la gran estatua se encuentra tres tanques, uno pintado con la bandera ucraniana que se enfrenta a los otros dos. No hay que ser muy inteligentes para asociarlos a tanques rusos en una especie de alegoría bélica de lo que está sucediendo en la frontera del este. Sobre el tanque ucraniano veo a grupos de escolares se hacen la foto de rigor. No puedo evitar pensar que quizás en unos años alguno de ellos acabará muriendo en esa guerra de baja intensidad contra Rusia.

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La Estatua de la Madre Patria resulta casi omnipresente desde las dos orillas del Dnieper. Tiene más de 60 metros de altura (102 incluyendo la base) y 560 toneladas de peso. En su mano derecha alza una espada de 16 metros y en la izquierda un escudo con el símbolo de la hoz y el martillo. Justo debajo se encuentra la entrada al Museo de la Gran Guerra Patriótica. La llevada por los soviéticos contra los ejércitos alemanes del III Reich que invadieron Ucrania en el verano de 1941. La defensa de Kiev provocó más de 600.000 muertos entre las tropas soviéticas y la práctica destrucción de la ciudad. En noviembre de 1943 las tropas soviéticas liberaron con enormes bajas lo que quedaba de Kiev que fue declarada «Ciudad Heroica», una de las 13 de la Unión Soviética a las que se le concedió dicha mención. Se calcula que durante la II G.M. murieron unos 8 millones de ucranianos y el país sufrió una devastación casi total.

Esta es la historia que se relata en el interior del museo con abundante material gráfico, paneles, fotografías y material bélico de todo tipo. Merece la pena pasar aquí un par de horas para darse cuenta de la barbaridad que supuso la invasión alemana de la Unión Soviética y su coste en vidas humanas.

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Una ventana a la Ucrania más rural en el Museo al aire libre de Pirohiv

Para borrar tanta historia bélica y fervor religioso decido ir a pasar unas horas  en uno de los lugares que más me gusto de Kiev: el Museo al aire libre de Pirohiv o Pirohovo. Aunque pueda parecer, y lo es, un parque temático sobre la vida rural en Ucrania, resulta un lugar de lo más curioso. Aquí no sólo hay reconstrucciones de casas, granjas, molinos e iglesias de las diferentes regiones de Ucrania. Porque resulta que muchas de estas construcciones son las originales. Su colección de molinos «vitriaky» de madera es única, así como algunas de las iglesias de madera como la del Arcángel San Miguel de 1601.

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Además están enclavadas en un entorno natural de bosques, colinas, lagos y praderas de hierba que lucen increíbles en primavera. Este es un lugar muy frecuentado por turistas y familias locales que vienen a pasear, a hacer picnic o a degustar la gastronomía local en alguno de los puestos repartidos por el parque.

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Para venir hasta aquí lo más fácil es tomar el autobús 172 a la salida del metro Lybidska. Tras pagar la entrada puedes hacer el paseo a pié o alquilando una bici. Yo decidí hacerlo caminando y me resultó de lo más agradable. Si tienes tiempo y el clima acompaña te lo recomiendo vivamente. A veces incluso puedes llegar a pensar que te encuentras en algún enclave rural de los Cárpatos.

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No me resultó difícil regresar a las amplias calles y avenidas de Kiev. Una ciudad que me sorprendió desde el primer momento y que resultó ser uno de los mejores viajes urbanos que he hecho. Las cúpulas de sus iglesias y catedrales siguen brillando en mi memoria desde la distancia.

No puedo terminar sin hacer mención a la razón por la que viajé a Kiev por primera vez, y su nombre es Chernobyl. Una invitación a conocer la zona de exclusión y la central nuclear accidentada en 1986 fue la excusa perfecta. Y te puedo decir que recorrer los escenarios del mayor desastre nuclear civil de la historia ha sido una de las experiencias más intensas que he tenido nunca. Si vienes a Kiev por unos días, no lo dudes porque no verás algo igual en ningún lugar del mundo.

Si quieres saber cómo es viajar a una ciudad fantasma de la época soviética te lo cuento aquí: 30 años después la vida sigue en Chernobyl.

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