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Bizancio, Constantinopla… Estambul.

Un alarido tremendo me hace saltar de la cama preguntándome qué sucede. La quejumbrosa letanía continúa hasta que al fin me doy cuenta: estoy en Estambul. Y de que la potente voz que resuena en mi cabeza es la del muecín de la mezquita Paça Camii situada al lado del hotel. Al momento, desde los altavoces de otras mezquitas, resuena al unísono la llamada a la oración.

Son las 5 de la madrugada, es noche cerrada, y me cubro la cabeza con la almohada. Vuelvo a dormirme pensando en que ese es el sonido que me va a despertar todas las mañanas durante los próximos 6 días. Sí, estoy en Bizancio, en Constantinopla, en Estambul… tres nombres de reminiscencias históricas, épicas y religiosas. Un lugar único en el Mundo sin parecido a ningún otro donde se encuentran Oriente y Occidente. Donde se entremezclan culturas, pueblos y arte a veces en capas superpuestas, otras de forma explícita. Una ciudad entre dos mundos, entre dos continentes y que todavía hoy se debate entre un presente cada vez más marcado por la creciente influencia de la religión musulmana y una tradición laica con más de un siglo a sus espaldas que ejerce de contrapeso.

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Abrumadora a partes iguales por su extensión y su belleza. Atractiva en su caos urbano que parece venirse abajo en ciertas partes. Mágica en sus olores y sus sonidos. Inolvidable por esos atardeceres rojos sobre el Bósforo. Estambul es una megalópolis de 17 millones de habitantes que llenan sus calles, plazas, mercados, mezquitas, restaurantes…Y lo más sorprendente es que la mayoría resulta ser bastante amable con el extranjero a pesar de la invasión masiva de turistas y visitantes. A priori nada hace pensar que con sus dimensiones kilométricas es una ciudad fácil de recorrer a pié. Que debe caminarse sin prisas, con espíritu curioso y con los ojos bien abiertos. La grandiosidad y belleza de sus monumentos no debe hacernos perder la perspectiva de las pequeñas cosas. Tampoco de los ocultos rincones, de los rostros de sus habitantes, de la vida latiendo entre puestos de comida humeantes o de los pasadizos repletos de tiendas donde todo se vende y se compra. El conjunto es de una potencia y de una vitalidad seductora cada vez más escasa en Occidente que no decepcionará a quien llegue hasta aquí dispuesto a ver y a enriquecerse.

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Un poco de Historia

Hay lugares donde al hablar de Historia hay que hacerlo con mayúsculas. Estambul es uno de ellos porque no la entenderemos ni la apreciaremos en toda su magnitud sin hacer un breve recorrido por los acontecimientos que la han convertido en lo que es. Por su ubicación estratégica entre el mar Mediterráneo y el mar Negro, entre Europa y Asia, en los últimos 3.000 años por aquí han pasado y dejado su huella todos los pueblos que han tenido algo que decir en esta parte del mundo.

En el S.VII a.C. los griegos de la antigua ciudad de Megara establecieron una colonia en el paso estratégico que controlaba el estrecho del Bósforo a la que denominaron Bizancio. En las posteriores guerras entre persas y griegos Bizancio fue destruida por los persas en el S.V a.C., luego disputada por griegos y espartanos que se pelearon por ella como era su costumbre a brazo partido. Y, finalmente, en el S.III a.C. Alejandro Magno la integró en la órbita de Macedonia.

Para entender el Cisma de Oriente y las luchas intestinas durante la época dorada de la Constantinopla medieval y bizantina, os recomiendo “El Conde Belisario” de Robert Graves. Una lectura imprescindible.

Con la expansión del Imperio Romano, la ciudad griega de Bizancio se fue convirtiendo desde el S.II a.C. en un punto estratégico de vital importancia. Hasta tal punto que el emperador Constantino refundó la ciudad en el 330 d.C. dándole el rimbombante nombre de Constantinopla. Pocos años después se convertiría en la capital del Imperio Romano de Oriente tras la caída de Roma en manos de los “bárbaros”. Constantinopla pasó a controlar las rutas comerciales entre Oriente y Occidente, además de los accesos al mar Negro y de la parte oriental del Mediterráneo. Esto la convirtió en la ciudad más grande y rica de la Europa Medieval. Y también en la capital cultural y religiosa del mundo ortodoxo griego durante todo este periodo llamado Bizantino.

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Pero los enfrentamientos religiosos entre las diferentes facciones cristianas, la expansión del Islam por Oriente Medio y la sangría provocada por las Cruzadas a partir del S.X iniciaron un proceso de decadencia que condujo a la famosa Caída de Constantinopla. Los turcos llevaban asediando la ciudad muchos años y finalmente en 1453 cayó en sus manos pasando a convertirse en capital del Imperio Otomano. En poco tiempo las grandes basílicas como Santa Sofía y la mayor parte de las iglesias fueron reconvertidas en mezquitas. Minaretes y medias lunas aparecieron por toda la ciudad y el cristianismo ortodoxo quedó arrinconado por el empuje otomano e islámico. Durante siglos los sucesivos sultanes compitieron por construir las más grandes y hermosas mezquitas, por eso hoy podemos disfrutar de estas joyas de la arquitectura que nos dejan boquiabiertos.

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Entre los S.XV y XVIII el Imperio Otomano se expandió por Oriente, el norte de África, Grecia y los Balcanes. Llegaron a amenazar Viena y todas las posesiones españolas y de los estados italianos en el Mediterráneo (que se lo digan a Miguel de Cervantes). Pero la decadencia otomana del XIX se hizo del todo evidente tras el desastre que la derrota en la I Guerra Mundial supuso para el anquilosado Imperio Otomano. (Psss…un secreto, en 1915 los turcos se dedicaron a masacrar a los armenios provocando un genocidio de más de un millón de muertos. Pero en Turquía ni se te ocurra hablar del tema)

La necesaria refundación y regeneración del país fue iniciada por el héroe nacional por antonomasia, Mustafa Kemal Atatürk. En 1923 puso el país patas arriba acabando con el sultanato y estableciendo la República de Turquía de corte laico y occidental. Entonces el Islam dejó de ser la religión del Estado, se trasladó la capital a Ankara, se expulsó a millón y medio de griegos que vivían en la costa del Egeo y se cambió el nombre de Constantinopla por Istambul en 1930.

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Para entender el convulso período en el que Turquía expulsó a los griegos de sus territorios, recomiendo la película “La sal de la vida” de Tassos Boulmetis. En ella se muestra la peculiar forma de vida de los griegos que habitaron durante siglos en Estambul. Y por extensión, a lo largo de toda la costa turca del Egeo. Por su parte los griegos respondieron expulsando a todos los turcos de la Grecia continental.

La neutralidad de Turquía durante la II Guerra Mundial se vio sucedida por una serie de golpes de estado. La dictadura militar no dudó en invadir el norte de la isla de Chipre en 1974 ni en entrar a formar parte de la OTAN. Aún así durante la Guerra Fría Turquía mantuvo un delicado equilibrio con la URSS. Para ello estableció que el Bósforo era lugar de paso internacional para así facilitar la entrada y salida de la flota soviética del mar Negro desde el Mediterráneo. A partir de 1983 se inició un lento proceso democrático sacudido por los continuos enfrentamientos militares con los kurdos del Kurdistán que ya ha provocado decenas de miles de muertos.

Y así llegamos al S.XXI en el que nos encontramos con un país de 70 millones de habitantes con un crecimiento económico anual del 8%. Esto lo convierte en una auténtica potencia regional (con intervenciones militares en Siria y Kurdistán) que pugna desde hace años por entrar a formar parte de la Comunidad Europea. Ahora mezclar todo esto con la creciente influencia islámica en la vida pública que día tras día está socavando las bases del estado laico implantado por Atatürk. Agitad la coctelera y  tendréis un potente cóctel repleto de explosivos sabores. Desde luego no me podréis decir que no es una historia interesante.

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Sultanhamet, el Estambul histórico

El barrio de Sultanahmet, además de “poseer las joyas de la corona” de la ciudad, guarda la quintaesencia del Estambul más tradicional. En sus colinas ubicadas en el llamado Cuerno de Oro entre el Bósforo y el mar de Mármara fue creciendo a lo largo de los siglos una ciudad que ha sido capital de tres imperios: Romano, Bizantino y Otomano. Este es un hecho que ningún viajero puede dejar pasar por alto. Para no perder tiempo y energías lo más práctico es encontrar hospedaje por aquí cerca, y cuanto más próximo al Hipódromo o a Santa Sofía mucho mejor. Sultanahmet es un hervidero de actividad. Está plagado de mezquitas, bazares, restaurantes tradicionales, palacios, baños turcos y muchas otras pequeñas sorpresas que aparecen ante el visitante a base de andar, andar y mirar con los ojos bien abiertos.

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El Hipódromo o Plaza de Sultanhamet

Primer día en Estambul. Después del sobresaltado despertar gracias a los cánticos del muecín, subo a la terraza del hotel donde se sirve el desayuno. Desde allí tengo una vista privilegiada de las cúpulas y el minarete de la mezquita de Paça Camii. De fondo tengo el mar de Mármara donde flota una infinidad de barcos anclados como si el mar fuera el estacionamiento de un centro comercial. El abigarramiento de tejados y terrazas es tal que apenas si deja ver alguna de las calles del barrio de Sultanahmet. Poco después me lanzo a esas calles buscando el Hipódromo, epicentro de toda visita Estambul.

Durante vuestra estancia pasaréis irremediablemente una y otra vez por el Hipódromo y sus aledaños. La plaza arbolada está llena a rebosar de grupos de turistas y de vendedores ambulantes que ofrecen su mercancía con educación. Bastará con decirles que no si no os interesa comprar y se alejarán tranquilamente sin insistir. Esta gran explanada de casi medio kilómetro está presidida por dos obeliscos en un extremo y por el otro por la Fuente del Kaiser. Bordea un lateral de la muralla que rodea la Mezquita Azul y da paso al gran espacio abierto que se abre ante la basílica de Santa Sofía y que continúa hasta las mismas puertas del Palacio de Topkapi. Es decir, estamos en el centro del poder religioso y político que ha marcado el devenir de Estambul durante los últimos 2.000 años, que se dice pronto.

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El Hipódromo fue construido como tal en el S.II d.C. por el emperador Septimio Severo y remodelado por Constantino el Grande. Donde antes estaba la pista por donde corrían las cuadrigas, hoy transcurre la calle que rodea la Plaza. Y donde estaban las tribunas y el anfiteatro, hoy nos encontramos con la Mezquita Azul. El Obelisco egipcio del Faraón Thutmosis III (1.500 a.C.) se trajo hasta aquí en el S.IV desde el Templo de Amon en Karnak. Lo que vemos hoy es solamente la parte superior porque se rompió en tres partes cuando lo desembarcaron. Muy cerca está lo que queda de la Columna de las Serpientes (S.V a.C.), tres serpientes de bronce entrelazadas hundidas en el suelo de la Plaza y traídas desde el Templo de Apolo en Delfos por Constantino el Grande. La columna se utilizó como fuente en la época bizantina y conservó las tres cabezas de las serpientes hasta finales del S. XVII. En el otro extremo de la Plaza sobresale la Fuente del Kaiser, donada por el emperador Guillermo II en 1895 como símbolo de la amistad germano-turca.

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Mi primer objetivo está ahí a la vista. El alto muro que la rodea y los árboles que bordean el Hipódromo apenas si dejan ver la elegante estructura de esta joya construida durante el reinado del Sultan Ahmed I, de ahí su nombre: la Sultanhamet Camii, más conocida como la Mezquita Azul.

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Información práctica

  • Turquía nos da la bienvenida en el Aeropuerto Internacional Atatürk de Estambul. Aunque antes se podía obtener directamente en las fronteras del país, desde mediados del 2014 es obligatorio solicitar un visado de entrada desde esta web del gobierno turco. Toda una señal de que tendremos que abrir la cartera más veces de lo esperado durante nuestra visita. El visado no es necesario para los cruceristas ni para las personas que viajen en tránsito y no abandonen el aeropuerto. Tras pasar el control de pasaporte encontraremos oficinas de cambio para hacernos con Liras Turcas (LT) y también cajeros automáticos (ATM).
  • Desde el aeropuerto un taxi a Sultanahmet nos saldrá por unos 20€ dependiendo del tráfico, claro. Hay un servicio de autobuses, el Havabüs, que cada media hora tiene salidas para Taksim. Desde allí tendrás que tomar un taxi u otro autobús para llegar a Sultanhamet.
  • Estamos en una ciudad de 17 millones de habitantes y los atascos pueden ser kilométricos. Por eso y porque el entramado de calles y nombres es bastante complejo, recomiendo el uso del transporte público. Sin duda el tranvía es el medio de transporte más cómodo para desplazarse por la ciudad, sobre todo porque la línea T1 recorre los principales puntos de interés de Estambul. Podréis adquirir unas fichas llamadas Jeton para viajes individuales o la tarjeta Istanbulkart para usar todos los transportes públicos incluidos los barcos y los funiculares, en los expendedores situados en las paradas del tranvía, metro y estaciones de autobuses.
  • Al principio todo nos parecerá caótico en esta ciudad en la que saltamos de Oriente a Occidente, de lo tradicional a lo moderno en un par de paradas de tranvía. Pero pronto veremos que el transporte público funciona a la perfección, la frecuencia de paso de tranvías y metro es asombrosa y los horarios de los barcos se cumplen.

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  • Respecto a los hoteles, os recomiendo quedaros en alguno de los muchos hoteles de Sultanahmet o zonas próximas como Sirkecy, próxima al puente Gálata, o Beyazit, cerca del Gran Bazar y la Universidad. Desde estas zonas se pueden recorrer caminando casi todos los puntos de interés del viejo Estambul. En las zonas más modernas de Taksim o Galatasaray se encuentran los hoteles de las grandes cadenas internacionales. Pero tendréis que estar moviéndoos constantemente hacia Sultanahmet porque la mayoría de los monumentos están allí.
  • En Sultanahmet das una patada a una piedra y aparece un hotel. El problema es que la gran mayoría son caros para lo que ofrecen. La calidad de las habitaciones, el aislamiento, la infraestructura y servicios que se anuncian a veces no tienen nada que ver con la realidad. En Internet algunos hoteles tienen las fotos trucadas y la “habitación de lujo” que contratas y pagas a precio de lujo no tiene nada que ver con el cuartucho en el sótano que te ofrecerán como primera opción. Esto es Turquía amig@s, y aquí eres un turista más entre los millones de millones que ya han pasado antes que tú.
  • Aquí te dejo unas recomendaciones para que no te tomen el pelo:
    • -No te fíes ni de la información ni de las fotos del hotel que has contratado por agencia o por Internet. Suelen estar manipuladas para parecer más nuevas, más grandes y más luminosas.
    • -Tampoco te fíes mucho de las opiniones de los viajeros en determinados portales. Por lo visto a  demasiada gente le parece un lujo tener una pastilla de jabón en la habitación. Patético.
    • -En temporada alta es casi imposible encontrar un buen hotel a un precio razonablemente desorbitado (todos hinchan sus precios). Intenta reservar con mucha antelación,
    • -Cuando llegues a tu hotel prepárate para el combate y para un duelo dialéctico imposible. Antes de pagar, exige que te enseñen la habitación. Si no es lo que has contratado, ponte firme hasta que te den otra. Si tampoco te gusta, insiste. Y si no te dan lo que quieres y no es temporada alta, vete a cualquiera de los hoteles que están al lado del tuyo a iniciar de nuevo la búsqueda.
    • -El personal de los hoteles, como casi todo el mundo por aquí, es muy amable y te ayudarán en todo lo relacionado con visitas, rutas, etc. Pero no te dejes engañar. En cuanto puedan intentarán darte una habitación peor, cambiarte sin preaviso, etc.
  • La comida en puestos callejeros, terrazas y chiringuitos humeantes varios se realizará bajo vuestro propio riesgo, pero sería una pena dejar de probar esos bocadillos de caballa que preparan por todos lados. En muchos restaurantes se paga por el peso de comida que os ponen en el plato. Preguntar antes el precio, que no suele estar indicado para evitar sufrir el síndrome del turista vilmente timado. Por lo demás la comida suele ser sabrosa y estar bastante buena ya que es de estilo Mediterráneo. Si queréis haceros pasar por auténticos turcos acompañad vuestras comidas, desayunos y bocadillos con Ayran, ese yogur líquido ligeramente salado que termina por convertirse en una adicción. Está buenísimo.
  • No es recomendable beber agua que no sea mineral. Evitad usar (y tirar) cientos de botellas de plástico utilizando una botella que podáis rellenar. Cuidar del medio ambiente cuesta muy poco.

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  • No os dejéis engañar por las excursiones organizadas a pié o en barco desde el hotel. Muchas cobran auténticas barbaridades. Un ejemplo: el viaje en barco a la isla de Buyukada desde el embarcadero de Kabatas apenas si cuesta 4€ por trayecto. He visto viajes organizados que cobraban 60€. Si quieres contratar alguna excursión, negocia, negocia, y negocia.
  • Para terminar, este es un país de tradiciones musulmanas. En la calle nadie os dirá nada por la vestimenta, pero tener el detalle de sacaros los zapatos al entrar en las mezquitas. A vosotros se os pedirá no entrar con el bañador de surfero. A vosotras se os pedirá cubrir la cabeza y las piernas. No olvidéis que el respecto a las culturas es patrimonio de todo viajero responsable.
  • Y recuerda que en cualquier viaje un buen Seguro te puede ahorrar preocupaciones y resolver muchos problemas. Así que ni lo dudes. Desde aquí te recomiendo MONDOel seguro de viaje inteligente para viajeros inteligentes. Además si lo contratas desde aquí tendrás un 5% de descuento.

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