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Iguazú, una maravilla de la Naturaleza.

Las cataratas de Iguazú forman uno de los mayores espectáculos de la Naturaleza. Todo lo que te hayas imaginado quedará corto ante su enormidad y el bramido ensordecedor del agua al caer por sus 275 saltos a diferentes alturas. Tras visitarlas comprenderás porque se las considera una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo.

Si a sus 2 km. de largo le sumas el entorno de selva tropical, y la posibilidad de visitarlas desde diferentes ubicaciones y alturas, comprenderás que estás en un lugar excepcional. Nada te prepara para enfrentarte a la grandiosidad, potencia, belleza y majestuosidad de las cataratas de Iguazú.

He tenido de la suerte de conocer algunas de las cataratas más bellas e impresionantes de este planeta, como las cataratas Victoria entre Zambia y Zimbabue. O las cataratas Murchinson, en Uganda. Pero lo de Iguazú es de otra dimensión. Sobre todo si, como yo, las visitas tras una intensa temporada de lluvias. Era tal el descomunal volumen de agua del río Iguazú que las cataratas estuvieron cerradas durante varios días antes de mi visita.

El agua arrasó con parte de las pasarelas del lado argentino. Y tras la reapertura de las cataratas, resultaba imposible acceder a un buen número de ellas. Así es la Naturaleza en Iguazú, todavía salvaje, intratable y descomunal. Y la mejor forma de mostrar su fuerza y su potencia es con las imágenes de este vídeo:

Iguazú: frontera, naturaleza y destinazo turístico

Las cataratas de Iguazú se encuentran al norte de la provincia argentina de Misiones, en el límite con las fronteras de Brasil y Paraguay. En una épica travesía que le llevó desde el océano Atlántico hasta Asunción del Paraguay, el explorador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca descubrió las cataratas para los europeos el 31 de enero de 1543. Y aunque les dio el nombre de “Saltos de Santa María”, prevaleció el nombre que ya le habían dado los indios guaranís: Iguazú, que en su lengua significa “Aguas Grandes”. Desde 1934 las cataratas de Iguazú son Parque Nacional y en 1984 fueron declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.

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Hoy, las cataratas marcan la división fronteriza entre Argentina y Brasil. Por eso lo primero que has de saber es que las cataratas se visitan desde los dos lados, que son complementarios. Desde el lado argentino, donde se encuentran el 80% de los saltos, verás caer las cataratas a tus pies y te asomarás a sus numerosos saltos. Desde el lado brasileño disfrutarás de las perspectivas del conjunto de las cataratas. Sin dudarlo, te recomiendo visitar los dos para convertir tu visita en algo inolvidable. Así que reserva al menos dos días completos para visitar las cataratas desde ambos lados.

Qué hay que saber antes de visitar las cataratas de Iguazú

1.- Compra tus entradas (una para el lado argentino, y otra para el brasileño) a través de la web del Parque Nacional. Te ahorrarás las colas de la entrada.

2.- Vas a acabar empapado así que, si no quieres que tus cámaras, teléfonos y documentación acaben totalmente mojados, guarda todo en fundas impermeables. Si quieres lleva también un chubasquero para ti, aunque vas a acabar mojándote.

3.- Ten en cuenta que del lado argentino el Parque cierra a las 18h., y que vas a necesitar casi todo el día para completar los diferentes recorridos. En el lado brasileño cierra a las 17 h y el recorrido es más corto, así que podrás hacerlo en unas 3 horas.

4.- Lleva siempre contigo tu pasaporte o documento de identidad con el que hayas entrado a Argentina. Si vas a pasar al lado brasileño has de pasar el control fronterizo, tanto para ir como para regresar. Y en la aduana no son precisamente rápidos, así que tenlo en cuenta a la hora de planificar tus horarios.

5.- Durante tu recorrido por Iguazú podrás ver aves, insectos y algunos pequeños animales como lagartos y coatíes. Intenta no molestarlos, y por supuesto, no les des de comer. Tu comida puede matarlos.

6.- Y hablando de insectos, no te olvides llevar un buen repelente para los mosquitos. Pero ten cuidado de no matar a otros insectos o a las numerosas mariposas que vuelan constantemente a tu alrededor.

7.- Si vas a hacer la excursión en lancha que te mete baja las cataratas, lleva ropa que se pueda mojar. Mete ropa de recambio en la mochila que podrás dejar en las taquillas del embarcadero. En el lado argentino estas lanchas se llaman “gomones” y salen de Puerto Macuco. En el lado brasileño salen desde el puerto de ¨Macuco Safari”. Esta es una excursión que en ambos lados se paga aparte de la entrada. Y aunque es cara (unos 75 dólares) merece mucho la pena hacerla.

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La mejor época para visitar Iguazú es…

La que no coincida con las vacaciones locales, Navidades, Semana Santa o en julio y agosto. De esta forma evitarás las colas y la masificación que en estas fechas sufren las cataratas. En mi caso visité Iguazú a comienzos de un mes de diciembre, en plena época de lluvias (entre septiembre y marzo).

Y como ya he contado, me encontré con parte del circuito de pasarelas cerrado por la avalancha de agua. Así que, si puedes evitar estos meses, hazlo. Así que queda la mejor época, la que va de marzo a comienzos de julio. Además de ser los de menos afluencia, también hace menos calor.

TIP.- Una de las propuestas más interesantes es la de visitar las Cataratas del Iguazú en las noches despejadas de luna llena. Sólo se realiza en esos días accediendo al parque a última hora de la tarde. El tren te llevará hasta el sendero de la Garganta del Diablo (si está habilitado), para disfrutar del espectáculo de las cataratas bajo la luz de la luna llena. Algo que debe resultar inolvidable.

Durante la época de lluvias verás que las aguas de las cataratas de Iguazú se vuelven marrones. Hace unas décadas no se veían así. La razón es la deforestación masiva de la selva amazónica. Cuando desaparece la superficie arbolada, la lluvia cae con más fuerza sobre la tierra, empapándola y arrastrándola hacia las vías fluviales. Como consecuencia, la capa de suelo fértil desaparece provocando la desertificación de la zona deforestada. Y no sólo esto. La cantidad de tierra que lleva el agua impide la correcta oxigenación de las aguas de los ríos provocando la asfixia de peces y otras especies acuáticas.

Para que lo sepas, la mayor parte del bosque deforestado se utiliza para plantaciones masivas de soja. Y, sobre todo, para para la cría extensiva de ganado vacuno. Carne de vacuno que acabará en tu plato, o en las latas de comida para mascotas.

Las cataratas de Iguazú desde el lado argentino

Estando en Argentina, la forma más rápida de llegar a Iguazú es por aire, en un vuelo desde el Aeroparque (Jorge Newbery) de Buenos Aires con destino al aeropuerto Cataratas de Iguazú. Si comienzas tu viaje en Brasil, puedes volar al aeropuerto de Foz do Iguaçu.

En el lado argentino toda la oferta turística se concentra en la cercana población de Puerto Iguazú. Aquí es fácil encontrar hospedaje y todo tipo de excursiones a las cataratas y lugares cercanos. Ese es el único encanto de esta ciudad de frontera, un tanto desangelada y carente de otro tipo de atractivos.

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Vistas desde mi hotel en Puerto Iguazú: el río Iguazú y la Triple Frontera bajo la tormenta

Si quieres visitar por libre las cataratas de Iguzú, te aconsejo adquirir las entradas por Internet en la web oficial del parque. Ya sea para el lado argentino o para el lado brasileño. Los precios varían según seas residente argentino, brasileño, del Mercosur, o ciudadano extranjero. Luego puedes contratar el viaje hasta las cataratas con cualquier taxista local. Te pasará a buscar por tu hotel, te llevará hasta la entrada de las cataratas y te vendrá a buscar a la salida cuando termines tu visita. La duración del viaje desde Puerto Iguazú es de una media hora, ya que la entrada al parque está a unos 20 km. Los precios están estipulados por trayectos y eres tú el que decides tus horarios.

TIP.- Aparte de los taxis y trasportes privados, tienes la opción (más barata) de tomar un bus de la empresa Río Uruguay desde la estación de ómnibus hasta la entradas al Parque, ya sea en el lado brasileño o en el argentino.

Estamos en el lado argentino. Una vez hayas entrado en el Parque Nacional, camina unos 200 m. por el Centro de Visitantes hasta la estación del “Tren de la Selva”. Por el camino verás tiendas, algunas exposiciones y también locales de restauración por si necesitas aprovisionarte. De paso, te aconsejo echar un vistazo a los paneles indicativos donde se detallan los distintos recorridos. Sobre todo, para que te hagas una idea de la enormidad del lugar que estás visitando.

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Seguramente tendrás que esperar tu turno para subir al tren. Porque en Iguazú hay auténticas avalanchas de gente, sobre todo por las mañanas. El tren atraviesa lentamente el denso entorno selvático y te acercará a las estaciones de donde parten los diferentes circuitos y senderos.

TIP.- Después del mediodía verás que el número de visitas disminuye. A partir de las 15h y hasta la hora de cierre, podrás recorrer las pasarelas y los miradores casi en solitario.

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Los circuitos del lado argentino

Circuito Superior (1550 m.)

Consta de varias pasarelas que cruzan por encima del río y se asoman al borde de algunos saltos. Es el momento de las primeras impresiones, de recorrer los senderos rodeado de selva y de asomarte a esta maravilla desbordante de fuerza y belleza. Las nubes de agua vaporizada al caer y el estruendo del agua te va a acompañar a lo largo de tu recorrido. La fuerza del agua y la grandeza de las cataratas se irán presentando ante tus ojos en los miradores Bossetti, Mbiguá y San Martín entre otros. Disfruta sin prisa de cada caminata, de cada mirador, porque estás en un lugar único.

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Circuito Inferior (1400 m.)

Un poco más corto, con senderos, escalinatas y pasarelas entre la selva que te llevarán hasta los dos puntos más importantes de este recorrido: el Salto Alvar Núñez y el Salto Dos Hermanas.

Para tu información, hay un camino que conecta el Circuito Inferior y Superior, así que es fácil moverse entre los dos.

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Garganta del Diablo

Esta es la joya de la corona y el recorrido más interesante, e intenso, del lado argentino. Y, ¡oh desilusión! precisamente el que no pude visitar porque las riadas de los días anteriores se habían llevado por delante algunas pasarelas. Algo que sucede casi todos los años. Ojalá que cuando vayas puedas asomarte hasta el borde mismo de las rugientes cataratas que se desploman en esta garganta desde 80 m. de altura. Si no, siempre tienes la opción de verlas desde el lado brasileño, como hice yo al día siguiente.

Sendero Macuco

Si lo que buscas es hacer una caminata por la selva, desde el Centro de Visitantes puedes acceder al Sendero Macuco. Son unos 700 m. de cómoda caminata en la que tendrás que ir con los ojos bien abiertos. Si estás atento podrás ver cantidad de insectos, lagartos y algunas de las aves que viven en el parque entre la espesura de la vegetación.

Cataratas de Iguazú desde el lado brasileño

Si estás en Puerto Iguazú, te voy a contar cómo visitar las cataratas desde el lado brasileño. Como he comentado antes, desde Puerto Iguazú puedes contratar un taxi que te lleve a la entrada brasileña de las cataratas. Aunque también puedes ir en bus desde la Estación de Omnibus de Puerto Iguazú. Pero ten en cuenta que no hay demasiadas frecuencias. Y recuerda que vas a pasar control de aduanas tanto a la ida como a la vuelta, así que no olvides tu pasaporte.

Recuerda adquirir tu entrada en la web oficial del parque para ahorrarte las colas. El trayecto hasta la entrada del parque lleva unos 40-45 minutos, sin contar con el tiempo de espera en la frontera.

A diferencia del lado brasileño, del Centro de Visitantes brasileño sale un autobús para recorrer el interior del Parque. El autobús sale cada 15 minutos y tiene diferentes paradas que te llevarán hasta el frente del Hotel Belmond. Aquí comienza el sendero “Caminho das Cataratas”. En realidad, en el lado brasileño sólo existe este sendero que se asoma directamente al frente de las cataratas que se encuentran en el lado argentino.

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A diferencia del lado argentino, desde aquí las panorámicas son más abiertas. El sendero se prolonga a lo largo de varios miradores permitiendo disfrutar de diferentes puntos de vista. El más espectacular es el que se adentra literalmente en el Salto de Santa María, justo frente a la Garganta del Diablo.

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Da igual el número de chubasqueros que lleves, que vas a acabar empapado de la cabeza a los pies. Este es uno de esos lugares donde puedes vivir las cataratas como no lo habías hecho antes. Te mojarás, sentirás las nubes de agua vaporizada arremolinándose a tu alrededor y el rugir ensordecedor de miles de toneladas de desplomándose a unos metros.

Las pasarelas se convierten en un ir y venir de gente empapada, de gritos y de risas. Entre el vapor de agua, podrás vislumbrar a unos 250 m. la Garganta del Diablo con su impresionante caída. Por este acantilado rocoso en forma de gigantesca herradura, el río Iguazú se desploma en tromba. ¡Qué maravilloso espectáculo!

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Volviendo al sendero principal, vete subiendo por las rampas y escaleras de los ascensores de la Garganta de Diablo. Y asómate a sus miradores ubicados justo al lado de la sección exterior de la Garganta. Verás cómo cae la gigantesca cortina de agua a unos metros de ti. Por supuesto, si no te habías mojado antes, ahora sí que lo harás.

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Me meto, literalmente, bajo las cataratas de Iguazú

Antes he comentado la posibilidad de navegar en lancha para meterse bajo las aguas de uno de los saltos. Decidí vivir esta experiencia desde el lado brasileño, aunque desde el lado argentino es muy similar. Hagas donde la hagas, vas acabar igualmente empapado y chorreando agua.

Desde el lado brasileiro, la excursión se contrata en el Centro de Visitantes y se paga allí mismo. Con el ticket en la mano te subes al bus del Parque y te bajas en la parada llamada “Macuco Safari”. Desde aquí te subirás en una especie de trenecillo eléctrico que recorre un estrecho sendero por la selva. Los últimos 600 m. se hacen a pie en un interesante paseo rodeado de espesa vegetación hasta llegar al embarcadero junto al río.

Tras dejar tus cosas en un casillero cerrado con llave, te pondrán un chaleco salvavidas y te subirás a una lancha neumática con otras 20 personas. Tras asegurarnos en nuestro sitio, la lancha remontó un tramo del río rodeado de selva hasta la Isla San Martín. Y, tras un rato de observación, el piloto enfiló directamente hacia el Salto de los Tres Mosqueteros. Es el momento que todos esperábamos con una mezcla de expectación, ansiedad y emoción contenida.

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Sin dejarnos tiempo a pensar más, nos adentramos a toda velocidad hacia la catarata. La gran tromba de agua se desploma sobre nuestras cabezas y nos moja por completo. Apenas veo nada y sólo oigo algunos gritos apagados por el rugir del agua. Poseídos por el espíritu y las aguas de Iguazú, salimos de la catarata para comprobar que seguimos vivos y enteros. Para adentrarnos de nuevo. Pero esta vez los gritos de la primera vez se volvieron risas alocadas. Y es que estábamos disfrutando como niños en un parque acuático.

Al final entramos y salimos de la catarata 3 veces. Y 3 veces que me lo pasé en grande. Por un instante pensé que el piloto también estaba disfrutando y que nos metería de nuevo, pero no. Finalmente, empapados, emocionados y alegres, volvimos hacia el embarcadero a toda velocidad botando por el agua río abajo.

Puedes pensar que esta es una actividad un tanto loca. Y te digo que sí, que así es. Que es peligrosa, pues así lo parece. Pero no he oído a nadie hablar o comentar sobre accidentes pasados. Es cara, sí, pero vale la pena. Al fin y al cabo ¿cuántas veces en tu vida te vas a meter bajo las aguas de una de las cataratas más impresionantes del mundo?

Conclusión de mi viaje a las cataratas

La visita del lado argentino supuso un cúmulo de sensaciones agridulces. Como ya he dicho, no puede visitar el lugar más increíble de Iguazú, la Garganta del Diablo. Además, el acceso a algunas pasarelas de los circuitos Superior e Inferior permanecían cerradas. Aun así, caí rendido ante la fuerza brutal y la grandiosidad de una Naturaleza desbocada desplomándose en forma de cataratas en medio de la selva.

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Las mires como las mires, estas cataratas son una auténtica maravilla. Recorrerlas es una experiencia inmersiva en la que se mezclan los olores y sonidos de la selva con el bramido del agua. Ver el agua rugiendo bajo tus pies para desplomarse en inmensas trombas desde diferentes alturas despierta sensaciones inolvidables. La sensación física del agua vaporizada que te empapa, se entremezcla con los colores y las formas de una selva apenas domesticada. Y con los arcoíris que se forman en algunos de los saltos cuando luce algún rayo de sol entre las nubes.

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Lo que no sabía todavía es que algunas de estas sensaciones iban a ser superadas en mi visita del día siguiente al lado brasileño de las cataratas. El día en que, literalmente, me metí bajo las aguas de Iguazú.

Porque la experiencia en el lado brasileño es más corta, pero más intensa. Sobre todo si te decides, como yo, a hacer la excursión en lancha. Sencillamente ¡BRUTAL! Aparte de esto, las vistas panorámicas a lo largo del sendero brasileño son inolvidables. Y es que a veces puedes abarcar de un vistazo más de un kilómetro de saltos y cataratas a diferentes niveles, justo frente a ti.

Cuando creí que lo que había visto todo de las cataratas desde el lado argentino, el lado brasileño supuso un auténtico sorpresón. Solo entonces te das cuenta de lo cierta que es la premisa básica para visitar esta maravilla: si quieres conocer de verdad las cataratas de Iguazú, tienes que visitar los dos lados.

Porque cada uno aporta sensaciones y perspectivas diferentes y totalmente complementarias. Cada uno con sus paisajes y rincones únicos, con sus puntos fuertes y sus panorámicas inigualables. Es la única forma en la que, de verdad, vas a disfrutar las cataratas de Iguazú.

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