Bahía de San Diego, Virreinato de la Nueva España, año 1769.

Decenas de hombres y bestias marchaban lentamente hacia el norte desde Baja California bordeando la árida costa del Pacífico. No había tiempo que perder. Y tanto Gaspar de Portolá, gobernador de Las Californias, como Fray Junípero Serra lo sabían. Su misión era fundar una serie de establecimientos que dejaran claro que la Alta California estaba bajo la soberanía de la Corona española. El año anterior de 1768 se habían avistado barcos rusos de cazadores de focas.

Descendiendo desde Alaska navegaban costeando hacia el sur en busca de las preciadas pieles de estos animales. Además de los ingleses que pugnaban por hacerse con las tierras de Oregón desde Canadá, ahora llegaban los rusos. Era la gota que colmaba el vaso de las autoridades españolas. Así fue cómo se pusieron en marcha cuatro expediciones que por tierra y por mar buscaron incorporar definitivamente el vasto territorio de la Alta California a la Corona española.

La primera expedición de 1769 al cargo de Gaspar de Portolá y de Fray Junípero Serra tenía la misión de establecer colonias en San Diego y Monterrey. En julio de ese año los navíos San Carlos y San Antonio se encontraron en la bahía de San Diego con los dos grupos de militares, colonos y misioneros que habían marchado por tierra. Allí levantaron un presidio y fundaron la primera de las misiones de la Alta California, la de San Diego de Alcalá. Fue la primera de un rosario de 21 misiones que se prolongaron a lo largo del llamado Camino Real. Misiones que fueron el origen de ciudades como Los Ángeles, Santa Bárbara, San Luis Obispo, Carmel o San Francisco. Todo ello formaba parte del último gran esfuerzo explorador y colonizador de España en América impulsado por la monarquía ilustrada de Carlos III.

Los comienzos no fueron fáciles en este territorio seco, lejano y agreste. Pero hacia 1797 la misión de San Diego ya era la más grande de todas las fundadas en California. Contaba con varios miles de cabezas de ganado y con el primer sistema de irrigación de la costa oeste de los actuales USA. A pesar de todo su población no pasaba de unos pocos centenares de vecinos cuyo número variaba notablemente de un año a otro.

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Old Town San Diego

Tras la independencia de la Corona española en 1821 la Alta California pasó a formar parte de México. Sus residentes de entonces, los llamados “californios”, dejaron una huella que todavía es visible en lo que hoy se llama Old Town San Diego. Junto a la cercana misión este fue el lugar donde se empezó a levantar lo que hoy es San Diego. Un lugar de pioneros, un establecimiento de frontera. Restaurado en 1910 es uno de los lugares de obligada visita. No hay mejor manera de hacerse una idea de cómo vivieron aquellos pioneros y los condicionantes a los que tuvieron que hacer frente que visitando este lugar.

Aunque las tiendas de souvenirs lo han convertido casi en un parque temático, Old Town conserva rincones que te harán viajar en el tiempo. Durante décadas aquí convivieron españoles, indios, mestizos, mexicanos y luego colonos norteamericanos. Las casas bajas de ladrillos de adobe encaladas de blanco y con grandes patios interiores se conservan tal cual. Como la Casa de Estudillo, una hacienda de adobe levantada en 1827 por el que fuera el Comandante del presidio, José María de Estudillo, cuando vino a vivir aquí con su familia. Esta casa de estilo colonial español fue durante mucho tiempo el centro de la vida social y política de los primeros colonos de San Diego.

La Casa de Rodríguez construida en 1830 fue otra de las primeras casas levantadas en San Diego. Aquí vivió el soldado del Presidio Real Juan Rodríguez. Y es un claro ejemplo de cómo fue cambiando la población del lugar. En 1851 el yerno de Rodríguez, George Tebbets abrió aquí el Exchange Hotel. Y en 1869 la casa se alquiló para convertirla en la tienda de tabacos de los canadienses Racine&Laramie. La familia Rodríguez mantuvo la propiedad hasta que todo se perdió en un incendio en 1872. Lo que se puede ver hoy es una reconstrucción bastante fidedigna ya que se pudieron encontrar fotografías del lugar antes de que fuera destruido.

En la Casa de Machado y Silvas de 1843 se abrió el primer restaurante de San Diego en 1854. Se llamó  el Restaurante Comercial aunque luego fue llamado Restaurante Antonia. En 1932 esta casa obtuvo la calificación de “Lugar Histórico de California” y hoy es un museo.

Tras la Guerra méxico-americana de 1846-1848 México perdió la mitad de su territorio y California pasó a formar parte de los Estados Unidos. Para 1855 la población de San Diego contaba con casi 800 personas de las cuales 424 eran colonos anglo-europeos y 311 eran hispano-mexicanos. Los más de 1000 nativos americanos no eran considerados como ciudadanos por las autoridades norteamericanas. Los nativos se encargaban de las tareas de limpieza, de cocinar, de los animales y del mantenimiento de las casas a cambio de techo y comida. Unos años más tarde fueron fueron sustituidos por los chinos que llegaron para la construcción del ferrocarril. Así es cómo San Diego se fue convirtiendo en un crisol de lenguas, culturas y gentes de procedencias diversas.

La Casa de Machado y Wrightington es otro ejemplo de cómo las personas vivieron y compartieron su destino en un lugar de frontera. Un lugar que en apenas 3 décadas pasó de ser parte de la Corona española, a formar parte de México y finalmente de los Estados Unidos. Juana Machado Alipaz ya vivía en esta casa construida hacia 1841 cuando quedó viuda. Conocida por sus conocimientos de enfermería se volvió a casar con Thomas Wrightington uno de los primeros colonos anglos llegados hasta aquí desde Massachussets. Zapatero y comerciante llegó a ser Juez de Paz, Alcalde y Sheriff de la ciudad bajo los gobiernos de México y luego de los USA. Mientras tanto, Doña Juana ejerció como enfermera durante los 50 años que vivió aquí.

La Casa Whaley de 1857 es otra de las más visitadas del Old Town. Construida por Thomas Whaley se conserva tal cual estaba, con su mobiliario y decoración originales.

Durante décadas las diligencias fueron el único medio de trasporte para llegar hasta este recóndito lugar. En el Museo Wells Fargo encontrarás viejas fotografías y algunas diligencias auténticas de la época del «Salvaje Oeste«. No te pierdas los paneles donde explican cómo era viajar en aquellas abarrotadas diligencias durante días por territorio hostil. Tras la llegada del ferrocarril y la importancia que fue adquiriendo el puerto para la Marina norteamericana, las cosas empezaron a cambiar en San Diego.

A partir de finales del XIX y principios del XX los órganos de gobierno y la vida comercial de la ciudad se fueron moviendo a su actual ubicación. Afortunadamente se decidió preservar el antiguo centro con sus amplias calles de tierra y viejas casas de adobe. Te aconsejo pasar una mañana adentrándote en todos y cada uno de los rincones de Old Town. La mayoría de las casas originales han sido reconvertidas en museos y entrar en ellas supone hacer un viaje en el tiempo. Por algo es uno de los lugares más visitados de California. Te recuerdo que sus casas-museo cierran a las 16:00 en invierno y a las 17:00 en verano.

Si queréis llevaros algún recuerdo encontraréis artesanías y productos originales en el Old Town Market. Y por supuesto Old Town es el lugar perfecto para degustar alguna especialidad gastronómica inspirada en la comida mexicana. Aquí el restaurante más recomendable es la Casa de Reyes.

La mezcla de procedencias, culturas y lenguas conviviendo en un espacio de frontera fue un legado compartido. Ya los descendientes de los españoles e indígenas nacidos en esta parte del virreinato se denominaban a sí mismos californios. Estos pobladores de habla hispana apellidados Aguilar, Silvas, Machado, Serrano, López o Valdez trabajaban en los grandes ranchos establecidos en esta parte de California. Y a comienzos del XIX forjaron una identidad propia heredada de los españoles que todavía hoy es reivindicada por muchos de los habitantes de San Diego. Gran parte de esta identidad se desarrolló entre los muros de estas viejas casas, en las calles, iglesias y negocios que fueron el germen del San Diego que conocemos hoy.

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El Parque Balboa

Esta huella hispana también es evidente en otros rincones de la ciudad. No podía ser de otra manera por razones históricas y teniendo la frontera con Tijuana a unos kilómetros. Sólo hay que ver los nombres de calles, puntos geográficos, así como los numerosos restaurantes mexicanos repartidos por la ciudad. O escuchar el español de marcado acento mexicano mientras paseas por sus calles. Pero si hay un lugar en San Diego que te hace viajar a la España del Barroco ese es el Parque Balboa.

Empezaré diciendo que es el parque urbano más grande de los Estados Unidos. Y eso quiere decir que es enorme. Aquí encontrarás cuidados parques y jardines, además de los más importantes centros culturales de la ciudad. Aparte de teatros, restaurantes, museos y salas de exposiciones, también se encuentra aquí el renombrado Zoo de San Diego. Aunque personalmente no soy partidario de visitar este tipo de lugares.

El Parque Balboa no sólo es el más grande, sino que también es uno de los parques urbanos más antiguos de los USA ya que fue constituido en 1868 sobre 1.400 acres de tierras de los indios Pueblo. Todo el Parque Balboa está atravesado por El Prado, el camino que te llevará a conocer sus principales atractivos. Pero lo que más me sorprendió al visitar el parque fue el estilo español entre renacentista y barroco de la mayoría de sus construcciones, casas y monumentos.

Os recomiendo empezar por el Centro de Visitantes ubicado junto a El Prado Restaurant. Allí podréis haceros con planos e información de las actividades  y exposiciones que estén en marcha. A partir de aquí todo consiste en  seleccionar los lugares de interés porque aquí encontrarás hasta 18 museos y centros culturales donde te puedes pasar horas y horas. Para mi los más interesantes fueron el Museo de Arte y el Museo de Artes Fotográficas con sus colecciones del S.XIX hasta la actualidad.

El Museo de Arte merece una mención aparte. Aunque es un museo que intenta abarcar todos los periodos artísticos desde el Neolítico, sus mejores obras pertenecen a pintores europeos como Rubens, Van Dyck, El Greco, Murillo o Zurbarán. Además siempre encontrarás una exposición que puede resultar interesante.

En el Parque Balboa hay otros museos como el de Historia Natural, el Museo del Ferrocarril, el Museo del Aire y el Espacio, el Museo del Hombre…¿quieres que siga? Si además te gusta el baile, el teatro o las artes escénicas en general, te recomiendo solicitar la información de los espectáculos en cartel en el Centro de Visitantes. Allí te facilitarán los programas, horarios y precios de las entradas. Si lo tuyo son los espectáculos gratuitos, estate atento a los que se organizan en el Spreckels Organ Pavilion.

Además en el Parque Balboa no te puedes perder la visita a lugares como el Botanical Building con sus especies tropicales. Ni tampoco al Jardín Alcázar con sus fuentes y parterres de flores. Desde luego son el lugar perfecto para escapar del bullicio del centro urbano.

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El downtown de San Diego

Aunque San Diego no tiene el encanto de San Francisco ni el mítico renombre de Los Angeles, posee un centro urbano con algunas propuestas interesantes. Pero no te voy a engañar. Como la mayoría de las ciudades norteamericanas el centro de San Diego no tiene el atractivo que deja la pátina de la Historia y el paso de los años en sus calles y edificios. Es una ciudad del S.XX como muchas otras de los USA, así que ten en cuenta lo siguiente:

Si no tienes mucho tiempo puedes recurrir a una visita guiada. De todas formas aquí sólo voy a destacar lo esencial:

  • El Embarcadero

Un elemento fundamental en la geografía de San Diego es su bahía. La ciudad se asoma al Pacífico a lo largo de una extensa franja costera recorrida por paseos, jardines y otros lugares de interés. Y la parte más interesante es El Embarcadero. Aquí encontrarás marinas, hoteles de cadenas internacionales, el San Diego Convention Center, restaurantes que se asoman al mar, tiendas y un estupendo paseo rodeado de jardines.

Pero es que además aquí está atracado uno de los barcos-museo más impresionantes que puedes visitar. Todo un símbolo del poderío naval de los USA en el S.XX: el portaaviones USS Midway. La visita a este gigante de los mares sólo es comparable al del portaaviones USS Intrepid en Nueva York. Pero el Midway le supera con creces. Por si no lo sabes el Midway fue el barco más grande del mundo desde su botadura en 1945 hasta 1955. Su eslora alcanza los 300 metros y su cubierta de vuelo es más grande que los estacionamientos de algunos aeropuertos. Tanto en sus hangares como sobre la cubierta se expone toda una colección de los aviones y helicópteros en perfecto estado de conservación de la II Guerra Mundial, la Guerra de Corea, la de Vietnam y la Iª Guerra del Golfo.

Hay una palabra que define a este barco y es apabullante. La visita te llevará unas cuantas horas y te hará ponerte en forma en un recorrido donde las escaleras se alternan con pasillos, gigantescos hangares y plataformas. Además hay salas de exposiciones, podrás visitar la cubierta de mando y escuchar las charlas explicativas de militares jubilados que estuvieron de servicio en el Midway. Nadie mejor que ellos para contarte los secretos de este inmenso barco. La entrada cuesta 23 dólares y la hora límite de admisión es a las 16:00 horas.

Muy cerca del USS Midway, junto al memorial dedicado al actor Bob Hope, se encuentra la gigantesca estatua de El Beso. Representa la famosa imagen tomada por Alfred Eisenstaedt en Times Square, Nueva York, el 14 de agosto de 1945. Desde el momento de su publicación en la revista Life la fotografía llamada V-J Day o The Kiss se convirtió en una imagen icónica. Hoy sigue representando la alegría desatada en los Estados Unidos al declararse el fin de la II Guerra Mundial. Si vienes con tu pareja a San Diego no te cortes. Muchas parejas vienen hasta aquí para darse un apasionado beso en este lugar.

La visita al Midway te dejará casi agotado. Pero si eres de los incansables y te gusta el tema naval a unos 600 m. al norte se encuentra el Museo Marítimo de San Diego. Aparte de esto El Embarcadero es el lugar ideal para caminar, ver los atardeceres y tomarse algo antes de ir a cenar e irte de fiesta nocturna por el barrio más animado de San Diego: el cercano Gaslamp Quarter.

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  • Gaslamp Quarter

Aunque te recomiendo visitarlo al anochecer, una visita al centro de San Diego no estará completa sin darte una vuelta por el Gaslamp Quarter. Este fue el lugar elegido para trasladar la actividad comercial y administrativa de San Diego a finales del XIX desde su emplazamiento original en Old Town.

Ya sabes que en los USA cualquier cosa que tenga más de 100 años es considerada “histórica”. Y el Gaslamp Quarter con sus edificios de estilo victoriano del XIX y comienzo del XX son una parte importante del patrimonio histórico de la ciudad. Hay que tener en cuenta que el edificio más antiguo, la William Heath Davis House es de 1850. Aparte de esto aquí encontrarás muchos comercios, algún viejo teatro como el Balboa y muchas tiendas de moda. Pero sobre todo encontrarás bares, terrazas y restaurantes para disfrutar de la animada vida nocturna de San Diego. Porque en el Gaslamp Quarter late el corazón de la ciudad.

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Si buscas playa, vete a Coronado

Mirando ese mar y a la gente en ropa informal disfrutando del buen tiempo, es imposible olvidar que estamos en la soleada California. Después de recorrer el centro de San Diego querrás disfrutar de sus playas y de las 3 “eses” típicas de California: sun, sea, surf. Todo eso lo encontrarás en los alrededores de San Diego. Y sobre todo en la península de Coronado, el lugar de esparcimiento playero más emblemático de la ciudad. Además de en coche por el puente I-5, si te gusta caminar puedes llegar desde El Embarcadero hasta Coronado atravesando la bahía en el Coronado Ferry.

Tras desembarcar en Coronado te espera una caminata por barrios de casas unifamiliares, jardines cuidados y calles impolutas. Cuando llegues a Central Beach te sentirás como en el escenario de una típica película norteamericana. Gente bronceada haciendo deporte, paseos entre jardines junto a la arena, la brisa del mar…y el Hotel Coronado de fondo. Construido en 1888 es el edificio más reconocible de Coronado con su estilo victoriano, sus fachadas de color blanco, sus torres cónicas y sus tejados rojizos.

Todo parece tan cuidado que parece un decorado. Evidentemente la gente que vive o veranea por aquí no tiene problemas económicos. Si quieres ver esos Estados Unidos que parecen estéticamente perfectos este es un buen lugar. Pero todo es tan formal, tan cuidado, ordenado y legislado que lo encuentro algo impersonal y carente de gracia.

Tomando dirección sur llegaremos al paseo más famoso de Coronado, el Silver Strand Boulevard. Desde aquí nos esperan kilómetros de playas, barrios residenciales al borde del mar, restaurantes, marinas y muelles de madera que se adentran en el océano. Personalmente os recomiendo recorrer el Silver Strand en bicicleta. Así comprobarás que la vida en San Diego se vive de otra manera. Hay gente pescando en los muelles, surfers buscando la ola ideal, familias tomando el sol en las playas…Todos parecen relajados y sonrientes bajo el sol de California.

Cuando llego a Imperial Beach sigo la línea de costa y apenas a 5 km. adivino la frontera con México. Entonces no puedo evitar pensar que lo que hay más allá de ese muro físico parece muy ajeno a lo que estoy viendo. Son dos realidades que viven paralelas a un muro, dos mundos que se mantienen tan lejanos y tan cercanos que obligan a la reflexión. Del lado USA el gigantesco mall de Las Américas Premium Outlets define parte de este paisaje imposible. Pasada la frontera está Tijuana. Allí, junto al mar y pegada al muro fronterizo pintado con grafitis se encuentra la Plaza de Toros Monumental.

Desde el faro que se asoma a la playa la valla metálica de esa frontera se adentra en el Pacífico dividiendo a California en dos partes que se buscan, se rechazan y se complementan. Una California en la que el mar y los atardeceres todavía son iguales a ambos lados de la frontera. Afortunadamente.

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Sobre el turismo sostenible en San Diego

No he nombrado hasta ahora uno de los lugares más emblemáticos y renombrados por todas las guías de turismo al uso: el Sea World San Diego. Y no lo he hecho porque no considero ético el hecho de capturar animales salvajes para mantenerlos encerrados por puro negocio y divertimento. El Sea World anuncia entre sus actividades más lúdicas la interacción con delfines por entre 190 y 220 dólares. Con las ballenas beluga a partir de 180 dólares. Disfrutar de ver encerradas a las orcas cuesta a partir de 80 dólares. El tour para toquetear pinguinos sale a partir de 60 dólares. El espectáculo para ver saltar delfines a partir de 30 dólares. Y así una larga lista que incluye leones marinos, nutrias marinas, flamencos y hasta perezosos. Y todo ésto Sea World lo vende como actividades pensadas para «animal lovers«. Irónico ¿verdad?

Si de verdad amas a los animales y los respetas deberías considerar muy seriamente visitar lugares como este. Afortunadamente la presión social ha obligado recientemente a Sea World San Diego a cancelar los espectáculos con sus 10 orcas. Y esto lo han aprovechado para vender una imagen idílica de sus actividades supuestamente basadas en el rescate, la conservación y protección de especies marinas. Pues ya me dirán que hacen en Sea World las pobres belugas, delfines, tiburones, tortugas y demás especies obligadas a permanecer confinadas en espacios cerrados totalmente ajenos a sus entornos naturales.

Sé responsable. Piénsalo bien antes y no fomentes este tipo de turismo depredador de la Naturaleza. Los animales no son ningún espectáculo de feria.

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