Liberando tortugas y mucho más en Monterrico.

En mi mano llevo a un pequeño ser que ha nacido hace unas pocas horas. Su cuerpo es como de goma dura, de tacto suave, y su instinto vital le empuja a patalear con insistencia. No se defiende, lo que quiere es dirigirse hacia el lugar donde va a vivir el resto de su vida.

Avanzo bajo un sol implacable por una playa de arena caliente, volcánica y gris, exactamente del mismo color gris de la pequeña tortuga que voy a liberar. Camino hacia un mar oscuro, hacia la orilla que el océano Pacífico baña hoy con suave oleaje y que esta pequeña tortuga siente ya tan cercano. Con cuidado la dejo sobre la arena a unos metros de la orilla. E instantáneamente con una feroz arrancada de sus patas palmeadas enfila directamente hacia el agua. De manera torpe pero insistente la tortuguita avanza hacia su destino. Con mucha suerte este pequeño ser sobrevivirá, crecerá y recorrerá el océano por mucho tiempo después de que yo haya muerto, tal como han hecho sus antecesoras por millones de años.

Mientras la tortuguita se debatía ferozmente contra la fuerza de unas olas que la zarandeaban, sentía la satisfacción de facilitar un poco la supervivencia de este pequeño ser. Uno más de tantos animales a los que la presión humana está abocando a la extinción. Pero al mismo tiempo sentía la profunda convicción de que la vida de una forma u otra siempre sigue adelante, indiferente a los avatares de nuestra fugaz existencia.  Mientras se adentra definitivamente en el mar, deseo la mejor de las suertes a la pequeña tortuga. Estoy en la playa de Monterrico, una pequeña población de apenas mil habitantes a la orilla del Pacífico guatemalteco y hace un calor que derrite las piedras.

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Cómo llegar a Monterrico

Esta mañana he alquilado un coche en la capital del país, Ciudad de Guatemala. Y es que llegar a Monterrico en trasporte público es toda una aventura de combinaciones de autobuses y lancha. Desde la capital (terminal de autobuses de la Zona 4) hay que tomar alguno de los que salen hacia Taxisco. De aquí otro autobús hacia La Avellana y desde su embarcadero una lancha hacia Monterrico.

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En coche el problema es salir de la capital pues apenas hay carteles o indicaciones. Con la inestimable ayuda de un mapa me perdí dando vueltas en El Trebol, una intrincada maraña de autovías, cruces y carreteras que desde la capital conducen a diferentes lugares del país. Finalmente consigo tomar la autopista de varios carriles que conduce hasta la costa del Pacífico dirección sur. Tras dejar atrás los desangelados suburbios de la capital atravieso campos de cultivos y pueblos a pie de carretera donde paran los coloridos “chicken bus”. Me alejo de la Guatemala indígena de las sierras, de la Guatemala de las ciudades mayas perdidas en la selva que conforma una parte fundamental de la Ruta Maya. Y me adentro en una Guatemala poco conocida, la de la costa del Pacífico.

Lo mejor de la ruta está en el paisaje en el que sobresalen las siluetas cónicas de los volcanes guatemaltecos de hermosos nombres como el Agua, el Fuego y el Acatenango cercanos a la colonial ciudad de Antigua, o el volcán Pacaya.

Tras poco más de una hora llego a Puerto San José donde tomo la carretera hacia Iztapa, un lugar que no me gustó mucho cuando vine a surfear hace algunos años. En la desembocadura del río María Linda hay unos rompientes con buenas olas que se abren hacia las playas de arena color ceniza. El problema es que el mar y las playas estaban invadidos por la basura que arrastra las corrientes marinas. Una auténtica pena. Tras pasar Iztapa hay un pequeño puente que se cruza tras pagar un peaje de unos cuantos quetzales. Antiguamente sólo se podía atravesar estos canales en lancha o ferry, y todavía hoy son de los medios de trasporte más usados.

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En Monterrico

Por fin, tan sólo unos kilómetros más adelante, está Monterrico. Esta población a medio hacer con calles de tierra pobladas de perros callejeros, casas bajas rodeadas de vegetación tropical y donde reina cierto caos se ha convertido en los últimos años en uno de los lugares preferidos por los guatemaltecos para pasar un día en la playa. Pero Monterrico ofrece más que kilométricas playas de arena volcánica donde venir a bañarse o tumbarse en una hamaca, o chiringuitos donde comer y beber a la sombra de palapas y palmeras.

En Monterrico no esperes encontrar aguas trasparentes de color azul celeste, ni playas de fina arena coralina, ni hoteles de cierto nivel, ni restaurantes con elaborados menús. Eso sí, el sabor local está garantizado. Los hoteles y hospedajes están llenos de mochileros, por sus calles y canales verás cerdos y gallinas además de perros vagabundeando a su aire.

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Aquí los restaurantes sirven buena comida local a base de pescado fresco y camarones, la arena de la playa es gris y volcánica, el mar es oscuro, las olas baten fuerte y pierdes pie en cuanto te alejas de la orilla. Sí, las puestas de sol aquí son estupendas. Ver pasar la vida mientras los pescadores regresan de faenar en sus lanchas y los pelícanos vuelan en formación mientras tomas cervezas en la playa, puede justificar el viaje. Pero yo he venido a este rincón perdido del mundo principalmente para dos cosas: recorrer los canales de agua de sus extensos manglares entre una naturaleza en vías de regeneración. Y visitar el centro de recuperación de tortugas marinas de Tortugario.

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La Reserva Natural de Monterrico-Hawai

Con este exótico nombre se declaró reserva natural en 1977 a una extensa área de franja costera de gran valor ecológico por el ecosistema de manglares que rodea el canal de Chiquimulilla. Entre el mar y la tierra, entre el agua dulce y la salobre, esta franja de tierra cubierta de una tupida vegetación es el hogar de muchas especies de aves, anfibios, reptiles y el lugar de reproducción preferido de muchos peces y crustáceos. Los pescadores locales se dieron cuenta hace ya muchos años de que sin manglares no había pesca, por eso a lo largo de los años ellos han sido los principales interesados en recuperar este tesoro natural.

Por eso nada más entrar en la calle principal de Monterrico giré a la izquierda y me dirigí directamente hacia el embarcadero. Desde aquí se accede a través de los canales a otras poblaciones del interior. también desde aquí salen las lanchas que empujadas a mano por los barqueros, se adentran siguiendo en el interior de la zona protegida declarada Reserva Natural.

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No hay más que acercarse hasta alguna de las lanchas de madera amarradas a la orilla y negociar con su dueño un precio por un paseo que dura entre 2 y 3 horas. Todo es negociable pero no hay que olvidar que esta gente vive en gran parte del turismo así que hace lo posible por cuidarlo. Y los precios que ofrecen son razonables. Si no quieres contratar directamente, también se puede hacer a través de los hoteles de la zona.

Aquí tengo que pediros disculpas, y al barquero que me llevó a descubrir los laberintos acuáticos también, pues perdí mis anotaciones y no recuerdo su nombre. Y eso que era todo un personaje que me puso al día de las grandes y pequeñas historias del lugar, de cómo se estaba recuperando el manglar, de la seguridad en la zona, de la pesca… Y de su amor por este entorno privilegiado que conforma uno de los ecosistemas más variados y complejos del mundo: los manglares.

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Además, casi no quedan zonas de manglares en el sur de Guatemala. Esto convierte a Monterrico en un refugio para las aves migratorias y para todo tipo de animales que han visto desaparecer su entorno natural ante la presión humana. Los caimanes, iguanas, tortugas y osos hormigueros todavía están presentes en estas extensiones de someras aguas e intrincada vegetación. Otras especies como ciervos o manatíes han desaparecido hace años, aunque se está estudiando su reintroducción.

Subido en la lancha y tras dejar atrás el canal principal cubierto de nenúfares y lirios de agua nos adentramos entre invisibles aberturas en los enmarañados bosques de mangle.

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Sólo se escucha el silencio, el canto de los pájaros, el rozar de la canoa con la vegetación flotante. Las raíces aéreas forman estrechos túneles por los que nos adentramos y que que me obligan a agacharme de vez en cuando.

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Entre el zumbido de las libélulas, de vez en cuando una garza eleva elegantemente el vuelo. O percibo el movimiento de algún anfibio o reptil sobre la superficie del agua o bajo la alfombra de lirios acuáticos en flor.

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Es este un paisaje de claroscuros, de fuertes contrastes de luces y sombras que parece inalterado, pero lo está tras décadas de caza y pesca sin control. Aunque existe gran riqueza de vida acuática, tras 3 horas de paseo apenas he visto vida animal en la superficie.

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Toca regresar bajo un sol que cae a plomo. Mientras tanto el barquero sigue empujando infatigable su lancha con la larga pértiga y sin dar síntomas de cansancio. Durante el trayecto me cuenta cómo se gestaron las primeras iniciativas proteccionistas para proteger el desove de las tortugas. También cómo se administra justicia en este lugar. Aquí todos se conocen así que mejor no cometas delitos, me cuenta. Luego me habla del problema que hay con la colmatación de los canales, o su sueño de reintroducir ciervos en la reserva natural, animales desaparecidos de la zona hace décadas.

Tras desembarcar tomamos unas cervezas y nos despedimos. Gracias y perdone ud. por haberme olvidado de su nombre. Es hora de irme a liberar tortugas.

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El Tortugario de Monterrico

Ubicado en el pueblo de Monterrico y lindando con la playa, accedo a este centro dedicado a proyectos de conservación, reproducción y repoblamiento de las diferentes especies de tortugas marinas, como la baule, la tortuga verde del Pacífico o las parlamas, que llegan a desovar a estas playas. Y también a la protección de otras especies como caimanes e iguanas verdes. Además este centro gestionado por el CECON -Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala- desarrolla una intensa labor de enseñanza y divulgación sobre la importancia de la conservación de los recursos naturales de la zona. Su horario es de 9:00am a 16:pm.

Mapa de Monterrico

La época de puesta de huevos de las tortugas va desde mediados de julio hasta marzo según la especie. La observación de la puesta se rige por normas muy simples, las misma que se aplican por ejemplo en Tortuguero, Costa Rica: no hacer ruido, no alumbrarlas con linternas y no asustarlas acercándose a ellas de frente. Si no sigues estas normas lo más probable es que la tortuga de media vuelta y regrese al mar sin hacer la puesta de entre 6 y 10 docenas de huevos.

Las tortuguitas comienzan a nacer un mes y medio después de la puesta y desde el CECON organizan su liberación al mar. Pagando 1 dolar se “adopta” una tortuguita para llevarla hasta la orilla del mar y dejarla libre. Con el dinero obtenido se financia un programa de recuperación de los huevos que son recogidos por los habitantes de la zona y llevados hasta el Tortugario. Allí son enterrados en un entorno controlado y protegido de aves y otros depredadores como aves y perros abandonados que suelen destrozar los nidos de las tortugas.

Tras pagar la entrada recibo una pequeña explicación acerca del proceso de la reproducción de las tortugas, desde la incubación de los huevos en zonas específicas, su nacimiento y otras iniciativas encaminadas a favorecer su conservación. Pero antes me dedico a pasear por las piscinas donde se encuentran los caimanes, inmóviles como estatuas, siempre inquietantes…

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No hay más visitantes y recorro todo el centro a mi aire . Un poco más adelante hay un recinto con grandes iguanas de aspecto jurásico. Uno de los guías me deja coger a un pequeño caimán recién nacido y ya de aspecto amenazante a pesar de su tamaño. Y también una iguana de intensísimo color verde recién salida del huevo que se aferra con sus garras a mi camiseta.

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Cercanas a la playa se encuentran las áreas de incubación de los huevos recogidos por los habitantes de Monterrico. Cada zona está protegida del sol por una malla de tela que deja pasar la luz y delimitada en cuadrículas donde están los diferentes nidos. En cada nido se entierran unos 50 huevos a una profundidad de unos 30 centímetros durante 45 días. Dependiendo de las fluctuaciones de la temperatura, las tortugas serán machos o hembras. Si es mayor de 30º nacerán solo hembras, y si es menor nacerán solo machos. Curioso.

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El momento cumbre llega cuando me enseña los grandes cubos con decenas de pequeñas tortugas recién salidas del huevo que no paran de agitarse y moverse frenéticamente. Cada una de ellas representa una esperanza de futuro para la especie.

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El guía me comenta orgulloso que cada temporada llegan a nacer unas 40.000 tortugas de las tres especies que desovan en el Pacífico, lo cual me parece una cifra asombrosa. A todo esto hay que sumar el programa de educación ambiental implantado en las escuelas locales y los proyectos de financiación internacional que permiten la compra de los huevos de tortuga a los vecinos. Así estos obtienen ingresos adicionales y pasan a ser parte interesada en la protección de las tortugas. Ya no me cabe duda de que aquí se están haciendo las cosas bien y este proyecto merece ser dado a conocer.

Finalmente escojo una y me la llevo hasta la playa caminando por la ardiente arena. La tortuguita no para de moverse agitando continuamente sus patas mientras me acerco al mar.

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A unos metros de las olas la deposito en la arena para que corra libre hacia el océano. Enseguida se lanza como una flecha y en línea recta con una fuerza y determinación alimentada por ese instinto trasmitido a través de miles de generaciones.

Y allá va, entre revolcones de las olas, entre espuma y arena, pero siempre agitando sus patas de forma incansable hasta que por fin se adentra en el inmenso mar. Suerte pequeña y que tu vida sea larga, muy larga.

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Información práctica:

  • Si alquilas un coche en Guatemala capital no lo dudes, hazte con un GPS.
  •  Si no sabes nadar bien, ni te metas en la playa de Monterrico. Las corrientes y el oleaje aquí no son ninguna broma.
  • Recuerda que un buen Seguro de Viajes te puede ahorrar preocupaciones y resolver muchos problemas. Así que ni lo dudes. Desde aquí te recomiendo MONDOel seguro de viaje inteligente para viajeros inteligente.
  • No te olvides de las chanclas o las havaianas para no quemarte los pies con la arena volcánica de la playa. Me lo agradecerás.
  • No te olvides de una gorra o sombrero y protector solar factor máximo. Tampoco del antimosquitos.  En la temporada húmeda de mayo a octubre los mosquitos son una auténtica tortura.
  •  Respeta la vida salvaje y sobre todo haz caso a este cartel:

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  • Y si crees que proyectos de protección medioambiental como éste deben ser conocidos y reconocidos, comparte este post.

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