Ladakh, lo que queda del budismo del antiguo Tíbet..

El grave sonido de las trompetas tibetanas resuena por el valle a las 7 de la mañana. Es la hora a la que los monjes de la gompa budista aferrada a la ladera de la montaña inician sus rezos matinales. Estoy en un valle perdido de Ladakh, a más de 4500 m. de altura rodeado por las estribaciones del Himalaya.

Ladakh, crisol de pueblos, culturas y religiones.

Ladakh es un crisol de gentes, lenguas, religiones y culturas que comparten un espacio geográfico de extrema dureza. Una amalgama de pueblos que viven juntos, pero no revueltos, con una diversidad humana todavía alejada de la uniformidad impuesta por la globalización. Si buscas autenticidad en tus viajes, desde luego en Ladakh la vas a encontrar.

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Ladakh: viaje fotográfico a uno de los lugares más remotos del mundo.

Ladakh es un lugar como ningún otro. La belleza de esta región del norte de la India no se puede expresar con palabras. Sus paisajes áridos, rocosos e inmensos situados en la meseta de la cordillera del Himalaya cortan la respiración. Literalmente. Pero Ladakh es mucho más, porque Ladakh es un auténtico tesoro para los amantes de la fotografía de viajes.

La primera capital del imperio mogol de la India.

Fatehpur Sikri se levanta sobre una colina abrasada por el sol. La que fue la primera ciudad y capital de los mogoles en la India resiste al abandono de los siglos. La belleza arquitectónica de sus construcciones levantadas en piedra arenisca roja y su importancia histórica, la convierten en una de las principales atracciones turísticas de Agra y de toda la India.

El Fuerte Rojo: más allá del Taj Mahal

El emperador Shah Jahan se asomó una vez más a la balconada del Fuerte Rojo. Tal como lo llevaba haciendo cada día de los últimos años. A lo lejos, surgiendo de entre la neblina mañanera que ocultaba el río Yamuna, vio aparecer la silueta de su más magnífica creación: el Taj Mahal.

La frenética Jaipur

Jaipur tiene el color rosado del salmón. Huele a especias y al aire polvoriento y contaminado de un tráfico alocado. Su música es la del petardeo de los tuk tuk acompañado por el ruido de miles de claxon, timbres y bocinas. El frenético ritmo de Jaipur te hace sentir perdido en este caos de gente, vehículos, ruido, polvo, vacas y elefantes. Pero cuando te vas, sólo deseas volver. Es como si siempre quedara algo por ver.

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