El «cattle camp», base de la cultura ganadera de los surma.

Todavía es de noche cuando el guía surma nos interna por los senderos invisibles de la selva. Las primeras luces del alba apenas consiguen dar vida un cielo grisáceo de tintes plomizos. Vamos en busca de uno de los “cattle camp”, un campamento de ganado de los surma o suri. Allí seremos testigos de algunas de sus costumbres más chocantes e insólitas a ojos de cualquier occidental.

En busca de los surma.

Los tres días en territorio surma fueron los más intensos de este viaje al valle del Omo. Fueron días en los que pasábamos de la armonía al conflicto en un instante. Siempre bajo la atenta mirada de una gente reacia a cualquier influencia externa. Los surma nos hicieron sentir que habíamos llegado a los confines de un territorio todavía salvaje. Un lugar donde ellos eran los amos y señores.

Hacia territorio Nyangatom.

Hace un calor tórrido en territorio nyangatom. Tras cruzar el río Omo llegamos a la pequeña población de Kangatin, un villorrio que ha crecido a ambos márgenes de la carretera. Es mediodía y allí nos refugiamos durante unas horas en uno de los pocos bares del pueblo. A 37ºC a la sombra, la vida transcurre lentamente en este rincón perdido del valle del Bajo Omo.

Es noche de luna llena en territorio hamer.

La luna llena aparece en el horizonte dibujando el contorno de las acacias que rodean el poblado hamer. En el otro extremo de la bóveda celeste la Vía Láctea brilla tenuemente en un cielo que no termina de oscurecer. En ese momento las voces rítmicas de las jóvenes hamer rompen el silencio de la noche africana. Avanzando desde la aldea, se acercan a nuestro campamento en lo que será el comienzo de una noche mágica.

Los dassanech y sus difíciles circunstancias.

El sol calienta de forma implacable la llanura reseca en la que los dassanech han decidido levantar sus poblados. Todavía no son las 10 de la mañana y el calor crea reverberaciones sobre los matorrales. No hay ni árbol, ni una sombra bajo la que esconderse. ¿Por qué los dassanech han decidido instalarse en este entorno tan hostil?

Los karo en la encrucijada.

Apenas quedan 1500 miembros de la etnia de los karo o kara, la más pequeña de todas las que hay en el sur de Etiopía. Por eso poder visitar uno de los tres poblados donde viven a orillas del río Omo se convierte en algo muy especial. Los karo se definen a sí mismos como «los comedores de pescado«, porque en su lengua kara significa pescado .

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