Es noche de luna llena en territorio hamer.

La luna llena aparece en el horizonte dibujando el contorno de las acacias que rodean el poblado hamer. En el otro extremo de la bóveda celeste la Vía Láctea brilla tenuemente en un cielo que no termina de oscurecer. En ese momento las voces rítmicas de las jóvenes hamer rompen el silencio de la noche africana. Avanzando desde la aldea, se acercan a nuestro campamento en lo que será el comienzo de una noche mágica.

Los karo en la encrucijada.

Apenas quedan 1500 miembros de la etnia de los karo o kara, la más pequeña de todas las que hay en el sur de Etiopía. Por eso poder visitar uno de los tres poblados donde viven a orillas del río Omo se convierte en algo muy especial. Los karo se definen a sí mismos como «los comedores de pescado«, porque en su lengua kara significa pescado .

En busca de los bodi.

Una anciana mujer bodi se acerca caminando descalza, tapada apenas con una manta roída y una piel de cabra. Su rostro es un muestrario de arrugas que reflejan la dureza de su vida en un entorno hostil. La sabana africana cubierta de arbustos en la llanura aluvial del río Omo se extiende hasta donde alcanza la vista.

En teritorio arbore.

El centro del valle del Omo se presenta como una inmensa planicie donde predomina el típico paisaje de la sabana africana. Con un sol que cae a plomo y la temperatura rozando los 40ºC veo por primera vez un poblado de los arbore con sus chozas de madera y paja. El 4×4 avanza sobre el duro suelo reseco levantando nubes de polvo.

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