Cuando un gorila «espalda plateada» surge de entre la vegetación selvática emitiendo sonidos guturales, el mundo se detiene. Tener tan cerca a un macho alfa de gorila de montaña es algo que no se olvida jamás. El gran tamaño de su cabeza, la robustez de sus extremidades y su gran musculatura, se completan con una barriga enorme y un pelaje oscuro que brilla bajo la lluvia y se vuelve blanco en esa espalda descomunal.

Gorilas en la niebla.

Estoy en Rushaga, en el sector sur del Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi, al sur de Uganda. Muy cerca de las fronteras con Ruanda y el Congo. He venido acompañando a un grupo de fotógrafos entusiastas en un viaje fotográfico por Uganda organizado por Surma Expediciones. Llegar hasta este rincón perdido del mundo, uno de los pocos donde se pueden ver a los gorilas de montaña, es la guinda del pastel de este viaje por un país que superó todas nuestras expectativas.

Sabemos que ver y fotografiar a estos grandes primates no es fácil, que vamos a encontrar condiciones bastante complicadas, y que el camino es duro. Pero también somos conscientes de que lo que vamos a vivir es algo único, algo que recordaremos para siempre.

Esta densa y húmeda selva lluviosa de montaña a más de 2200 m. de altitud es el hogar de los últimos gorilas de montaña, el Gorilla beringei. Una de las especies catalogadas en peligro crítico de extinción debido a la pérdida de su hábitat natural, a la caza furtiva y la transmisión de enfermedades por los humanos. En concreto, aquí se encuentra el 60% de la población de este gran primate que llegó a estar al borde de la desaparición. Aunque no hay estadísticas exactas, se cree que su número total no alcanza los 700 ejemplares adultos.

Un pequeño gorila, la esperanza de esta especie

Todos recordaréis la historia de la primatóloga Dian Fossey, que dedicó 20 años de su vida a estudiar estos gorilas muy cerca de aquí, en la parte ruandesa de las montañas Virunga. Y a denunciar las amenazas que ponían en peligro su supervivencia. Una lucha personal que le costó la vida, pues a la pobre mujer la asesinaron a machetazos.

El caso es que sus estudios, su labor de denuncia y el acoso a los cazadores furtivos y a las autoridades que hacían la vista gorda con el comercio de los gorilas, parece que dieron sus frutos. Así como la labor de concienciación de la estupenda película Gorilas en la Niebla” protagonizada por una inspirada Sigourney Weaver. La verdad es que hay que estar muy enfermo para desear tener una mano de gorila como cenicero. Pero las extremidades de los gorilas y sus cabezas, alcanzaron precios estratosféricos en el mercado negro de especies animales.

Aun así, las amenazas que ponen en peligro a los gorilas de montaña siguen estando muy presentes. Sobre todo, debido al incremento de la presión humana ejercida sobre las selvas donde habitan. La deforestación para conseguir madera y nuevos terrenos de cultivo van cercando a estos primates, impidiéndoles moverse hacia nuevos territorios y mezclarse con otros individuos de su especie. Y en el caso de Uganda, esta deforestación está llegando a extremos inconcebibles al arrasar los bosques tropicales para plantar… pinos y eucaliptus.

Deforestación y campos de cultivo alrededor del bosque lluvioso de Bwindi. Hasta hace unos años, todo esto era bosque tropical.

Afortunadamente, las autoridades se están dando cuenta que los gorilas vivos son más rentables que muertos. Las tasas que se cobran por poder acceder a estos santuarios naturales varían entre los 500 y los 700 dólares por visitante. Una suculenta fuente de ingresos para el Estado que también revierte de forma indirecta en los pobladores locales. Al fin y al cabo, los turistas crean puestos de trabajo en los lodges donde se alojan, compran artesanías tradicionales, contratan guías locales, etc.

¿Y por qué es “impenetrable”?

En realidad, Bwindi quiere decir eso mismo: impenetrable. Y una vez que te adentras en la espesura de selva comprendes que el nombre le viene como anillo al dedo. Las enredaderas, helechos, lianas, grandes árboles y el espeso sotobosque forman una maraña impenetrable de vegetación que los rangers tienen que ir abriendo cada día a machetazos.

Tras ver este video podréis entender perfectamente a lo que me refiero. Así como las dificultades que encontré a la hora de fotografiar los gorilas de montaña.

Hasta que no te adentras en este bosque lluvioso tropical de montaña es difícil entender el concepto de “impenetrable”. Pero bastan 5 minutos de marcha entre la tupida maraña que forma la vegetación y el suelo embarrado cubierto de follaje en descomposición para entenderlo perfectamente. El calzado se hunde en el barro, o directamente te resbalas por las pronunciadas laderas. Tienes que avanzar agarrándote a lo que sea para no caer continuamente. Y la mochila, el bastón, las cámaras y todo lo que lleves encima se convierten en un estorbo. Afortunadamente se puede contratar un porteador que lleva todo lo que no necesitemos, además del agua y las provisiones por si se prolonga la marcha.

Porque a priori no se sabe dónde vamos a encontrar a los gorilas. Aunque los rangers del parque los tienen vigilados, los gorilas se mueven constantemente buscando la vegetación más fresca y apetecible para ellos. Por eso, la caminata a pie por esta espesa selva donde llueve cada día en busca de los gorilas se convierte en toda una aventura.

Nada más llegar al recinto de entrada del Parque Nacional en el sector de Rushaga queda claro que sólo puedes acceder con la supervisión del personal del parque. Tras la inscripción en el Libro de Visitantes con nuestro pasaporte, recibiremos una charla informativa en las que nos darán todos los detalles de lo que se puede y no se puede hacer durante el recorrido.

Posteriormente los visitantes son adscritos según su capacidad física a un guía y unos rangers en grupos máximos de 8 personas. Ellos vigilan los movimientos de las familias de gorilas, normalmente dominados por un macho alfa, un gran “espalda plateada”. Y buscan los grupos de gorilas más cercanos para las personas con más dificultades. El objetivo es que nadie se quede sin ver a los gorilas, cueste el esfuerzo que cueste.

Fotografiar y disfrutar de estos momentos excepcionales con los gorilas

Fotografiar bajo la lluvia o en condiciones de humedad extrema, rodeado de una vegetación que lo esconde todo y chapoteando de barrizal en barrizal, no es nada fácil. Pero cuando por fin aparecen los gorilas moviéndose entre la vegetación, todos los inconvenientes pasan a segundo plano. Sobre todo, cuando de entre la espesura aparece un gran “espalda plateada”.

La emoción se dispara cuando de entre la espesura aparece el gran macho alfa apoyado en sus 4 extremidades. Nuestro corazón se pone a punto de ataque cardiaco cuando decide acercarse a comprobar que las hembras y crías que estamos fotografiando, están bien. Y para ello no duda en pasar a unos centímetros de donde estamos, emitiendo unos sonidos guturales e imponiendo su masiva y musculada presencia. Todo sucede de forma tan sorpresiva que casi no tenemos tiempo para fotografiarlo. Afortunadamente, al ver que todos siguen comiendo plácidamente, sigue su camino internándose en la selva. Indiferente, hasta cierto punto, a la presencia del grupo de humanos que contemplan la escena con ojos desorbitados y el corazón desbocado.  

¡Qué maravilla de animales! ¡Qué porte, qué potencia y qué fuerza acumulada en esa tremenda corpulencia! Esos momentos son indescriptibles. Tu corazón se pone a latir desbocado y te debates entre disfrutar del momento o dedicarte a tomar fotografías. Afortunadamente tenemos una hora para seguir los pasos de la familia de los gorilas, siempre guiados por los rangers que estudian cada uno de sus gestos y movimientos. Aquí la teoría de la relatividad del tiempo se hace realidad, porque una hora se convierte en lo que parecen unos pocos minutos.

El macho de más de casi 250 Kg. de peso se adentra fácilmente en la selva. Y tras él, los rangers se afanan en seguirlo abriendo un camino a machetazos entre la densa maleza. El gran gorila nos llevará hasta donde está el resto de miembros del clan familiar. Así es como avanzamos, lentamente, cayéndonos y enredándonos entra las lianas, raíces y hojas que nos rodean. E intentando no meter el pie en las profundas huellas que los elefantes han dejado impresas en el barro húmedo. Sí, porque en el bosque lluvioso de Bwindi también hay ejemplares de los llamados elefantes de selva.

Dispersos por la espesura del bosque, los miembros del clan familiar se dedican a comer hojas y más hojas que seleccionan con cuidado de entre la densa vegetación. Los gorilas de montaña son 100% vegetarianos y necesitan pasar parte del día comiendo para poder mantener esos corpachones. En un pequeño claro dos crías ya crecidas juegan entre las hojas. Una de ellas se golpea repetidamente los pectorales con los puños.

Más allá hay una hembra devorando hojas y no vemos la pequeña cría en su regazo hasta pasado un buen rato. Luego otra hembra se cruza justo por delante nuestra dando un “aviso” al ranger que va abriendo camino. Cuando se sienta entre la vegetación comprendemos la causa de su advertencia: tiene una pequeña cría aferrada a su pecho.

Entre la vegetación parece otro macho “espalda plateada” que parece enorme al lado de una hembra que tiene cerca. Es sorprendente el dimorfismo sexual, la diferencia de peso y tamaño, entre machos y hembras. Los rangers nos cuentan que en este grupo denominado “Bweza” hay 2 machos más, además del alfa. Y que de vez en cuando surgen las peleas. En los cortes de una mano y de la cabeza del macho alfa se ven las consecuencias de una de estas refriegas sucedidas el día anterior. Aunque los gorilas son mucho más tranquilos que los chimpancés, el conflicto puede surgir cuando 2 grandes machos se enfrentan para quedarse con las hembras y formar un grupo familiar propio.

Ver a estos grandes primates en libertad, en su medio natural, es algo que resulta fascinante. Los gorilas se mimetizan perfectamente entre la maleza, se suben a los árboles con una agilidad pasmosa a pesar de su tamaño y avanzan entre la espesura del bosque con una facilidad asombrosa. Su tamaño y su fuerza tranquila conmueve y deslumbra al mismo tiempo. Al igual que sus miradas y sus gestos que, al ser casi humanos, nos resultan extraordinariamente cercanos.

El juego de hoy se llama «Encuentra al gorila»

Fotografiarlos es todo un ejercicio de reflejos, rapidez y mucha suerte. Como la mayoría de los animales habituados a la presencia humana, tienen la curiosa tendencia a dar la espalda a los fotógrafos. Y quienes hayan hecho safaris saben de lo que hablo. Culos, lomos y espaldas es lo más fácil de fotografiar en cualquier safari por el continente africano. Los gorilas siguen esa tendencia general a dar la espalda, a comer de espaldas, a moverse y a subir a los árboles dándote la espalda. Hay que pensar que eso significa que se sienten tranquilos en tu presencia. Ningún animal da la espalda ante un peligro o en presencia de un posible depredador.

A esta dificultad particular, hay que añadir otras dadas por el medio en el que nos estamos moviendo. Poco espacio para moverse entre la maraña selvática, enfocar a los gorilas entre la vegetación, encontrar el buen ángulo o la luz correcta, evitar que la lente se moje o se empañe…Todo un reto que se suma a la intensidad de las emociones que estamos viviendo.

Cuando finalmente, y con mucho pesar, termina la visita, sólo deseas volver para encontrarte de nuevo frente a estos increíbles animales. La razón de que sólo se permita verlos durante una hora es evitar que se estresen demasiado y dejen de comer lo que, repetido cada día, puede acabar debilitándoles. Ahora entiendo la fascinación que despiertan estos primates, y por qué gente de todo el mundo viaja a Uganda para vivir esos 60 minutos entre estos gorilas de montaña.

Los batwa, los pigmeos que compartían el bosque de Bwindi con los gorilas

El bosque de Bwindi se estableció como Parque Nacional en 1991 y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero todo esto, que a priori parece estupendo, tuvo sus víctimas colaterales. Bwindi también estaba habitado por los batwa, una tribu de la familia de los pigmeos. En 1991 fueron expulsados del bosque donde vivían desde tiempos remotos, sin derecho a ninguna compensación, ni material ni económica. Sin explicaciones, los obligaron a abandonar el bosque, sus costumbres y su forma de vida, bajo pena de encarcelamiento.

Los batwa, un pueblo de cazadores-recolectores, sólo sabía vivir en la selva. De pronto se vieron inmersos en una realidad totalmente desconocida. Sin dinero, sin tierras, sin educación y sin derechos. Conocer su realidad es conocer parte de la historia de muchos de estos pueblos que luchan día a día por sobrevivir en un mundo que les es ajeno. Durante años se dedicaron a pedir limosna y algo de comer por las aldeas cercanas. Fueron “rechazados y apaleados como monos” (palabras literales de nuestro guía batwa) por los nuevos habitantes que venían a desbrozar la selva para asentarse en estas tierras.

Los batwa se habían enfrentado numerosas veces a los bantúes y a otros pueblos para defender el bosque lluvioso donde vivían. Pero cuando se estableció el Parque Nacional se convirtieron en parias en su propia tierra. Desde entonces la superficie de bosque húmedo de estas montañas no ha dejado de mermar. Cuando le preguntamos a los batwa hasta donde llegaba el bosque, nos señalaban con gestos hacia todo a nuestro alrededor. Ese “todo” se había convertido en campos de cultivo, praderas para el ganado, aldeas precarias arracimadas a las laderas y plantaciones de eucaliptos.

El bosque impenetrable de Bwindi

Ellos os descubrirán los secretos del bosque y os contarán su historia. También os mostrarán con su música y sus bailes cómo era su añorada vida en un lugar que para ellos era el paraíso en la tierra: el bosque que compartían con gorilas, chimpancés, elefantes y serpientes, las cuatro especies que no cazaban. Gorilas y chimpancés, porque aprendieron de ellos lo que se podía y no se podía comer. Además, les parecían tan cercanos que eran como de la familia. Los elefantes, porque eran demasiado peligrosos. Y las serpientes porque eran el animal al que iban a parar los espíritus de los batwa muertos.

Viajar es algo más que regocijarse en las maravillas que uno se encuentra en el camino. Viajar también es conocer algo de la realidad que estás viendo, interesarse por lo que nadie quiere contar, e intentar descubrir los diferentes prismas de una misma realidad. Por eso os recomiendo hacer una visita por la aldea más cercana a la entrada al parque guiados por los miembros de Batwa Cultural Experience.

Una vivencia excepcional

Poder viajar a Uganda y vivir estos momentos es algo único, realmente excepcional. Piensa que eres una de las personas afortunadas en este planeta que ha podido encontrarse con un ser vivo que ha estado a punto de desaparecer. Y que todavía se encuentra en grave peligro de extinción. Aprecia en su verdadero valor la oportunidad de conocer un entorno natural selvático que todavía conserva la belleza salvaje. Y el misterio de esa África mítica trasmitido por los aventureros y exploradores del S.XIX.

Es cierto que hoy todo está cambiando. Y más que va a cambiar. El momento histórico del continente africano está por llegar, y ya son muy evidentes los signos de ese giro hacia una modernidad que ya no tiene marcha atrás. Por eso, cada momento vivido aquí es como un tesoro de valor intangible. Todo un sueño hecho realidad entre las sombras de un bosque lluvioso.

Gorilas en blanco y negro

¿Quedan mejor las fotos de los gorilas en blanco y negro o en color? La verdad es que no suelo editar las fotos en B/N, pero esta vez he querido experimentar un poco. Y el resultado, a pesar de ser una edición básica, me ha sorprendido. Siempre digo que la vida es color, porque yo la veo en color. Pero hay que reconocer que las fotos en blanco y negro tienen algo especial. ¿Tu qué opinas?

Consejos prácticos antes de ver a los gorilas

  • Llegar hasta el entorno en el que viven los gorilas de montaña es toda una aventura. Para llegar hasta el sector sur de Rushaga en el bosque de Bwindi tendrás que ir con un conductor experto en un vehículo 4×4. En Surma Expediciones siempre viajamos con guías expertos y conductores locales que se conocen cada piedra del camino.
  • Para disfrutar de tu viaje con tranquilidad, lo mejor es venir a Uganda con el respaldo del mejor seguro de viajes. Yo siempre viajo con MONDO que tiene las más amplias coberturas y cubre todo tipo de aventuras y contingencias viajeras, incluso las provocadas por el Covid19. Además, contratando tu seguro desde aquí, obtendrás un 5% de descuento.
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  • Ya que venís hasta aquí, aconsejo una estancia mínima de dos días. Nosotros nos hospedamos en el Gorilla Bush Lodge, sin duda el mejor de esta zona. Un lodge con todos los servicios y comodidades imaginables ubicado justo frente a la selva. Desde las terrazas de sus bungalows de madera los amaneceres y atardeceres con la neblina danzando entre las colinas selváticas, son realmente de ensueño.
  • Venir equipado con unas buenas botas de media caña totalmente impermeables (o mejor una “katiuskas” de plástico como las que llevan los guías). Imprescindible un buen pantalón resistente con protección inferior, y un impermeable con capucha.
  • También son recomendables unos guantes de goma para aferrarse a lianas, ramas y troncos, además de para evitar daños en los resbalones y caídas.
  • Para la caminata es recomendable llevar un “stick” o palo de andar para apoyarse en las subidas y bajadas por las laderas. Uno solo, ya que con 2 es casi imposible avanzar.
  • Llevar mucha agua para beber y algo para comer durante la caminata de regreso al área de recepción del Parque.
  • No dejes nada de lo que lleves. Cualquier objeto perdido, plástico abandonado o desperdicio, puede matar a uno de estos gorilas.
  • Seguir siempre las instrucciones de los rangers del parque, que nos recordarán mantener una distancia de unos 7 metros con los gorilas, guardar silencio y evitar el contacto visual directo prolongado.
  • Para evitar la trasmisión de cualquier enfermedad infecciosa a los gorilas, también nos pedirán usar mascarilla cuando nos encontremos cerca de ellos.

Consejos para fotografiar a los gorilas (y no acabar desesperado en la selva)

Fotografiar en la selva tropical supone tener que hacer frente a la humedad, a terrenos complicados, a una selva muy densa y a condiciones de luz escasa. Además, los gorilas adultos son reacios al contacto visual directo. Por todo esto deberemos tener la cámara preparada y siempre a punto para poder captar sus mejores expresiones.

  • Llevar un equipo fotográfico lo más limitado posible. La caminata para llegar a al lugar donde se encuentran los gorilas puede llevar entre 1 y 3 horas. Y aunque se pueden contratar porteadores, llegará un momento en el que tendremos que cargar con nuestro equipo por la selva. Además, hay que pensar también en el regreso.
  • Llevar la batería cargada a tope y otra de repuesto. Y las tarjetas de memoria, con todo el espacio libre disponible.
  • Lo mejor es llevar un objetivo polivalente, como un 70-200 o 300 mm f/2.8. El rango de estos teleobjetivos es suficiente para fotografiar a una distancia prudencial. Y el f/2.8 permite jugar con los desenfoques y fotografiar con una velocidad de obturación lo suficientemente rápida en condiciones de baja luminosidad.
  • Llevar el equipo fotográfico protegido en un entorno tan húmedo es fundamental. Una media hora antes de llegar a nuestro destino hay que sacarlo de su funda protectora para evitar fotografiar con las lentes empañadas. Y una vez que saques la tapa cubre-objetivos, no la vuelvas a poner o se te empañará la lente.
  • Si vuestras cámaras lo permiten, quitad los sonidos del disparador (en las cámaras sin espejo), los pitidos electrónicos, bip-bip, lucecitas (del auto-enfoque) y otros ruiditos que son una auténtica molestia para los gorilas.
  • Utilizar el enfoque puntual para enfocar la cara de los gorilas evitando la distracción de ramas, hojas y demás. Podemos centrarnos en llenar el encuadre con el rostro o el cuerpo del animal con una apertura de f/6.3 por ejemplo. Si queremos un encuadre más amplio usaremos una apertura más amplia (f/2.8 o f/4) si queremos desenfocar el entorno.
  • Disparar en modo ráfaga. Los gorilas cambian de expresión rápidamente. Contar con el mayor número de fotos posible nos permitirá elegir después las mejores. 
  • Nunca usar el flash, ya que a los gorilas les incomodan mucho. En realidad, su uso está prohibido y los guías así os lo recordarán.
  • Evitar la sobrexposición. La combinación de un entorno verde, intensos contrastes de luz y el pelaje oscuro de los gorilas puede confundir a los medidores de exposición de nuestras cámaras. Es conveniente configurarlas para evitar que el pelaje negro de los gorilas salga gris debido a la sobreexposición a la que tienden las cámaras en entornos de poca luminosidad.
  • Si la cosa se complica o lo ves demasiado difícil, dispara en modo P o A, que para eso están. Mejor usar los modos automáticos que volver a casa sin ninguna fotografía aceptable.
  • Y lo más importante: no te olvides de disfrutar de esos momentos únicos.

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