Perdido por Higashiyama.

Voy caminando y de pronto me veo rodeado de maikos, tiendas artesanales de alfarería y puestos de comida. Esquivo veloces ricksaws con chicas vestidas de coloridos yukatas que me saludan sonrientes.

Un día en Arashiyama.

Japón es una continua sorpresa, un país que nunca se acaba de conocer. Tras unos días buscando el hanami primaveral del cerezo, de estremecerme en el Memorial de la Paz de  Hiroshima y de recorrer la isla de Miyajima bajo la lluvia, llegó la hora de visitar Osaka y Kioto.