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En Oslo la e-mobility es ya presente.

Sólo en Oslo circulan más de 60.000 automóviles eléctricos. Más que todos los matriculados el último año en Alemania, Francia y España juntos. Y esto pasa en Noruega, un país que es uno de los mayores productores de petróleo ¿Es esta una contradicción? ¿O quizás el éxito palpable de una visión de futuro donde prima la sostenibilidad?

Después de ver los cambios de los usos urbanos en los barrios de Grünerløkka y Vulkan, así como la recuperación de las orillas del río Akerselva, toca darse un paseo por las calles de Oslo. Y una de las cosas que más llama la atención es cruzarse con todo el catálogo de vehículos eléctricos e híbridos del mercado. Esto, además de ser admirable, exige ir con los ojos bien abiertos a la hora de cruzar una calle. Porque los vehículos eléctricos no se oyen. Tampoco emiten CO2, gases contaminantes, humos ni malos olores.

En total en Noruega circulan más de 200 mil vehículos eléctricos, el país con mayor número per cápita del mundo. Verás coches aparcados en las calles recargando sus baterías de cargadores públicos, y tranvías eléctricos además de muchas bicicletas de todo tipo. Es la nueva movilidad urbana, la e-mobility, que llama a la puerta de las ciudades cambiando su fisionomía, sus sonidos, la forma de recorrerla y hasta la forma de olerla y sentirla.

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En Noruega el futuro es eléctrico y en Oslo lo tienen muy claro

Uno puede pensar que como país productor de petróleo en Noruega los combustibles serán más baratos. Pero el gobierno no quiere fomentar su uso e impone unos impuestos elevados a su consumo. Porque el futuro es eléctrico. Y en Oslo lo saben desde que en el 2008 aprobaron un plan para reducir las emisiones de CO2 producidas por el trasporte urbano (un 60% del total) reduciéndolas en un 95% para el 2030. Para ello están haciendo que los vehículos eléctricos sea la opción favorita de los compradores.

Nada menos que un 30% de los vehículos vendidos en Noruega en lo que va de año es híbrido o eléctrico. En Oslo la cifra es superior: el 57% de las ventas de vehículos nuevos es de coches “limpios”. Porque los usuarios están comprobando que el uso de un vehículo eléctrico les supone ahorrar hasta 300 euros al mes en concepto de combustible, impuestos, mantenimiento mecánico, parking y peajes.

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Hoy ya nadie pone en duda que el futuro del trasporte urbano pasa por la movilidad eléctrica. Y esto en el Ayuntamiento de Oslo lo tienen muy claro. Su objetivo es que para el 2032 todo el trasporte público de la ciudad sea movido por energías sostenibles. Esta es la cúspide de la pirámide de la movilidad. El siguiente escalón es hacer de Oslo una ciudad para ciclistas con carriles exclusivos haciendo del centro una zona peatonal sin coches. Y el tercer escalón es el apoyo total al vehículo privado eléctrico.

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Así lo confirma Sture Portvik, responsable de “e-mobility” del Ayuntamiento de Oslo. Es la lógica que se está implantando tanto en los responsables del gobierno noruego, como en la población del país. Las ventajas están ahí y son reales: ahorro económico, menos contaminación por ruido, aire mucho más limpio, mayor calidad de vida y contribución a un planeta menos contaminado.

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El que emite cero, paga cero

Porque hay que hacer que las elecciones verdes sean asequibles, la financiación de los vehículos eléctricos se hace de forma que no afecte a la hacienda pública. Sencillamente quien quiera comprar un coche contaminante ha de pagar más impuestos. Esos impuestos revierten al comprador de un coche limpio en forma de descuentos en el precio final del vehículo. Las administraciones sencillamente instrumentalizan las normas, y son los consumidores quienes toma la decisión final. Al final el que contamina más, paga más. Además los vehículos eléctricos no pagan peajes, ni el estacionamiento en los parking públicos donde se están instalando postes de recarga eléctrica gratuitos de diferentes capacidades. Al igual que en muchas calles de Oslo.

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El problema es que mucha gente no tiene acceso a un garaje. El 61% de los habitantes de Oslo viven en apartamentos sin acceso a puntos de recarga. La electrificación para vehículos profesionales (furgonetas y caminones de reparto, trasporte, etc…) va muy despacio. Así como el trasporte urbano en autobuses, que se irán sustituyendo en su totalidad hasta el 2030. Por eso uno de los mayores retos para popularizar el uso del vehículo eléctrico es la instalación de cargadores en todas las viviendas. O en estacionamientos cercanos.

También se van a instalar cargadores rápidos en las vías de acceso a Oslo. Ya están disponibles en algunos parkings de la ciudad como el de Vulkan o Akershus. Y se está triplicando anualmente el número de puntos de recarga en la calle que den servicio a los habitantes de los apartamentos. Por otro lado el Ayuntamiento de Oslo promueve acuerdos con los constructores para la creación de una red de cargadores comunitarios. Además de financiar a fondo perdido hasta el 20% del coste de la instalación de 18.000 nuevos cargadores en comunidades de vecinos.

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La sostenibilidad impulsa el nuevo urbanismo de Oslo

La mejor forma de comprobar cómo está cambiando en Oslo tanto la movilidad como el urbanismo es acercarse hasta el Centro. Muy cerca de la Estación Central y del magnífico edificio de la Ópera, se encuentra el Proyecto Barcode. Esta zona de Bjørvika comenzó a desarrollarse hace unos años con bastante polémica, pero hoy se ha convertido en una zona de referencia urbanística.

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La moderna arquitectura de Oslo tiene aquí algunos de sus mejores exponentes. Los diferentes edificios de oficinas y multinacionales se entremezclan con plazas, modernos restaurantes, gimnasios y cafés. Por el lado de la calle que da a la Estación Central, Barcode está terminado. La acera de enfrente es todavía un proyecto en marcha, una zona de obras repleta de grúas y actividad.

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Hasta hace unos años esta era una zona cerrada a la ciudad por instalaciones portuarias y autopistas. La Autoridad Portuaria dependiente del Ayuntamiento decidió aliarse con empresas privadas para urbanizar Bjørvika. Se creo así el consorcio Bjørvika Utvikling/Oslo S Utvikling, encargado de desarrollar las nuevas actuaciones en Bjørvika. Pero en este Oslo del Siglo XXI decidieron hacer las cosas de una forma diferente siempre con la sostenibilidad en mente. Por eso las nuevas edificaciones cuentan con un exigente pliego de condiciones donde el uso de materiales ecológicos y el respeto medioambiental es la norma. Desde el uso de hormigones que no afectan al medio ambiente a aceros reciclados y materiales aislantes naturales.

Por supuesto el ahorro energético es la clave. Para ello se utilizan paneles solares para la producción de energía eléctrica y las fuentes de agua termal del subsuelo para la calefacción de los edificios. El 50% de los edificios cuenta además con “tejados verdes” que son usados como jardines o pequeños huertos que además sirven como aislante del exterior.

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Al mismo tiempo se construyeron autopistas subterráneas y estacionamientos soterrados para sacar el tráfico de la superficie. Esto dejó espacio libre para crear zonas peatonales y para el uso de bicicletas. El objetivo es que para el 2020 parte del centro de Oslo se convierta en peatonal. El acceso quedará limitado a vehículos eléctricos en algunas zonas, y el resto sólo podrá ser accesible a pie o en bicicleta. Es la respuesta a una demanda social y una conciencia ecológica en aumento imparable desde 1990.

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Porque en Oslo después de electrificar el trasporte urbano, fomentar el uso de la bicicleta es el siguiente objetivo. Oslo es una ciudad no muy grande y se puede recorrer fácilmente en bicicleta. Por eso hoy los carriles bici y los estacionamientos para bicicletas son parte integrante del paisaje. Además vía app se pueden alquilar las Oslo City Bikes en cualquiera de las con 200 estaciones existentes. El alquiler de un día sale por 5€  y el bono anual por 40€.

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El siguiente paso es que los ferris y barcos que conectan Oslo con las islas del fiordo sean también eléctricos. Y si lo tienen pensado, es que lo van a hacer. Porque la tecnología ya existe: el primer ferry eléctrico de Noruega, el Future, ya está funcionando entre Flam y Gudvangen recorriendo el Aurlandsfjord y el Nærøyfjord, dos de los más escénicos fiordos cercanos a Bergen.

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Huertos urbanos y zonas residenciales

Saliendo de Barcode el paseo por la Dronning Eufemias Gate entre árboles de 3 continentes te llevará hasta un lugar que no esperas. Entramos en la zona de Sørenga bordeando un parque donde apenas se ven las ruinas de piedra de la iglesia de María. Este es el lugar donde se fundó la ciudad de Oslo originalmente antes de ser devorada por varios incendios y moverse a su emplazamiento actual.

Justo enfrente se encuentra Losæter uno de los huertos urbanos más exitosos de Oslo. En realidad es uno más de los nuevos proyectos culturales, en este caso relacionados con la producción urbana de alimentos. Plantado entre las torres de ventilación de la autopista que pasa por debajo, es un proyecto que impulsa el regreso a una vida más cercana a la Naturaleza.

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Vibeke Hermanrud de Bjørvika Utvikling/Oslo S Utvikling, la empresa encargada de desarrollar el barrio, muestra con orgullo los parterres de flores que rodean los pequeños huertos comunales. Aquí se producen granos de cereales locales y hortalizas. En el centro se levanta una pequeña edificación de madera en forma de casco de barco invertido. Dentro se encuentran los hornos donde se elabora el pan y se realizan algunas de las actividades comunales. Losæter es un lugar donde se cultiva la tierra siguiendo los ritmos naturales para recuperar los cultivos tradicionales ya olvidados en las ciudades. Es una forma de crear conciencia ecológica y de recuperar el amor a la tierra con todo lo que ello supone.

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Justo enfrente el antiguo muelle de contenedores de Sørenga se ha transformado en un barrio residencial completamente nuevo a orillas del fiordo de Oslo. Esta zona de viviendas destaca por sus soluciones arquitectónicas que invitan a  residentes y visitantes a disfrutar de la vida al borde del mar. Un parque verde con varios canales se extiende a lo largo del barrio. Y  durante el verano se puede disfrutar de las piscinas abiertas al mar, las Sørenga Seawater Pool. Bañarse aquí era imposible hace unos años cuando toda el puerto estaba completamente contaminado. Hoy es uno de los lugares más populares y visitados por los vecinos de Oslo.

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Oslo y sus nuevas “joyas de la corona”

Desde Sørenga se puede llegar por el pantalán peatonal hasta el lugar donde se está levantando el nuevo Museo Munch. Aquí se trasladará toda la colección que se expone actualmente en el Munch museet ubicado en el barrio de Tøyen. El edificio es obra del Estudio Herreros de arquitectura y será el edificio más alto del puerto de Oslo. Cuando se inaugure en 2020 las vistas desde su terraza prometen ser magníficas.

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Pero la joya de la corona es el edificio de la Ópera de Oslo. Su impactante diseño es obra del estudio Snohetta, cuya sede central se encuentra muy cerca, en uno de los muelles del puerto. En realidad el de la Ópera fue el primer proyecto simbólico que inauguró la trasformación urbana de Oslo.

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La Ópera de Oslo fue el primer gran proyecto para la creación de edificios públicos en los que el prestigioso estudio Snohetta ha sabido aunar arquitectura, diseño y paisaje. Luego le siguieron proyectos como la sede de la nueva Biblioteca de Alejandría en Egipto, o el King Abdulaziz Centre for World Culture de Dharan, en Arabia Saudí. La arquitecta Arrate Arizaga define algunas de las claves que caracterizan a Snohetta. Aquí se trabaja en una estructura horizontal e igualitaria en formatos multidisciplinares. Siempre de acuerdo con el cliente final y con la intervención de personas de diversos ámbitos como artistas, diseñadores, paisajistas o ingenieros. La sostenibilidad en la arquitectura es otra de las cuestiones claves para este innovador estudio según explica Ellen Heier, Senior Architect de Snohetta. Para su desarrollo han creado el modelo Powerhouse. En él se definen las metas que lo diferencian del resto de construcciones. El factor clave que define las construcciones Powerhouse es que en un plazo de 60 años la edificación debe producir más energía que la que ha gastado en ese tiempo incluyendo su coste de construcción y sus costes energéticos. Un modelo que ya está en marcha y materializado en un par de proyectos que definen cómo será la arquitectura del futuro.

La Ópera es impresionante se la mire por donde se la mire. Su estructura inclinada que parece hundirse en el fiordo, su color blanco inmaculado y los tejados por los que pasear o tomar el sol, la han integrado totalmente en la ciudad. Un espacio de amplios y luminosos interiores del que se puede disfrutar fácilmente ya sea de forma pública o asistiendo a alguno de los conciertos programados. La Ópera es el punto de referencia urbano del puerto de Olso por excelencia y a su alrededor se está levantando la Biblioteca de Oslo, así como el nuevo barrio de Bjørvika.

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En este paseo por el nuevo Oslo ya es posible comprobar cómo la sostenibilidad y la ecología están en la base de la calidad de vida en un entorno urbano. A nivel global este no es un cambio que se vaya a realizar en pocos años, sino el trabajo de varias generaciones. Pero es justo en estos momentos de inflexión cuando necesitamos de narrativas poderosas y optimistas que destilen esperanza para las generaciones futuras. Y la de la sostenibilidad es precisamente una de las más potentes y realistas que podemos regalar a nuestros descendientes.

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Este conjunto de artículos sobre la sostenibilidad en Oslo se realizan con el apoyo de VisitOsloVisitNorway Innovation Norway, organismo estatal que fomenta la innovación de las empresas noruegas y del turismo promoviendo el desarrollo de una economía sostenible.

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