Combarro, imágen icónica de la Galicia mariñeira.

Combarro es un ejemplo de lo que deberían hacer muchos pueblos gallegos. Este pequeño pueblo marinero a orillas de la ría de Pontevedra ha sabido conservar y restaurar su arquitectura tradicional. Y con ello atraer a miles de visitantes. La imagen de sus hórreos levantados junto al mar es una de las más icónicas de Galicia.

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El patrimonio etnográfico que atesora esta pequeña población le valió la declaración de Conjunto Histórico Artístico en 1972. Desde entonces Combarro ha crecido, ha recuperado gran parte de sus 60 hórreos y ha restaurado muchas de las casas abandonadas del casco antiguo.

Todavía me recuerdo de niño corriendo por sus calles de piedra, trepando a los hórreos y subiéndome a las barcas cuando bajaba la marea. O buscando conchas y cangrejos por la arena cuando bajaba la marea. Combarro está unido a mis recuerdos y, sobre todo, a muchos homenajes gastronómicos familiares inolvidables. Porque Combarro, además de su patrimonio arquitectónico, cuenta con una oferta gastronómica que te hace volver una y otra vez.

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En Combarro se siente la Galicia marinera. La que huele a mar, a los vientos húmedos del Oeste, a nasas secándose al sol. Y a comida. Por eso Combarro no son sólo sus hórreos, sus cruceiros o las viejas casas con escalinatas y balconadas de granito. Aquí se viven sensaciones que convierten este pequeño lugar de apenas 1.600 habitantes en uno de los más visitados de Galicia. Y esto en determinadas épocas del año supone también un problema. Es tal la masificación en fechas veraniegas que resulta imposible encontrar un lugar para aparcar o pasear sin verse arrastrado por una muchedumbre. Y ya no digo encontrar una mesa libre para comer si no has hecho reserva previa.

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Por eso os recomiendo venir a Combarro un día de semana al atardecer. Y mejor si es en primavera o a finales del verano. Así podrás disfrutar a gusto de sus callejuelas con vistas a la ría, de sus hórreos rodeados de macetas con flores, de los detalles marineros decorando sus callejuelas y de sus redes secándose al sol. Por supuesto no falta el color violáceo de las camelias, las señoras que reclaman tu atención desde las puertas de sus tiendas de recuerdos, ni los menús de los restaurantes que te abrirán el apetito.

No dejes de traspasar alguna puerta para descubrir viejas tascas marineras. Y disfruta de la vida tomando un Albariño local bajo algún hórreo con vistas al mar mientras la marea sube o baja. Estas cosas y más son las que hacen de Combarro uno de mis lugares favoritos de Galicia.

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Hórreos, cruceiros y mucha piedra

Para quien todavía no lo sepa, los hórreos son parte intrínseca del patrimonio etnográfico y cultural del Noroeste de España, incluyendo Galicia, Asturias y parte del Bierzo en León. Estas construcciones elevadas y aireadas para evitar la humedad y el asalto de los animales, han sido la despensa y el granero de la Galicia rural durante siglos. Las familias los levantaban como un anexo a sus casas. Las más humildes los construían de madera con techos de paja, las palleiras. Las más acaudaladas las construían de granito con techo de pizarra o teja.

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En Combarro veréis muchas de estas construcciones levantadas entre los siglos XVIII y XIX formando, seguramente, el mayor conjunto de hórreos de Galicia. Y lo más curioso es que casi la mitad de ellos están emplazados en la misma orilla del mar. La explicación es sencilla: en un entorno costero como este era más fácil trasportar las mercancías o acceder a los terrenos de cultivo en barcas por mar que en carretas por tierra. Y si conocéis las Rías gallegas entenderéis el por qué.

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Además de hórreos, en Combarro encontraréis varios cruceiros. Estas cruces de piedra, a veces rematadas con esculturas muy elaboradas, se sitúan sobre una plataforma y un fuste en lugares con un significado especial. Normalmente a la entrada de iglesias, en lugares sagrados o en cruces de caminos. Aunque la cultura popular los asocia a lugares mágicos o relacionados con la cultura celta, hay que decir que la mayoría se construyeron entre los siglos XVI y XVIII tras la Contrarreforma católica nacida del Concilio de Trento de 1545. Aunque también es cierto que tradicionalmente la iglesia católica hizo suyos lugares con una especial significación espiritual o simbólica, levantando en estos lugares sus santuarios e iglesias.

Los cruceiros son un elemento del paisaje muy común tanto en Galicia como en el norte de Portugal. Pero a partir del S.XVIII apenas se levantaron nuevos cruceiros. Curiosamente, en casi todos los de Combarro la imagen de la Virgen está orientada hacia el mar, mientras que el Cristo crucificado se orienta tierra adentro. Fijaros que la Virgen lleva una porra con la que golpea al diablo.

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En Combarro las calles son de granito, así como la mayoría de las casas. Incluso veréis que muchas de ellas se han levantado sobre la misma roca. Algunas de las más antiguas todavía conservan la solaina, ese balcón con balaustrada de piedra orientado hacia el este o el mediodía, donde se tomaba el sol. Quizás el mejor ejemplo es el del Ateneo Corredoira, una casa construida en 1773. Justo al lado, en la Plaza de San Roque, se encuentra la Biblioteca. En este caso a la solaina se accede por una escalera que sirve también de entrada a la vivienda ubicada en la planta superior. Aquí encontrarás uno de los siete cruceiros de Combarro.

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Esta combinación de elementos, además de su emplazamiento con vistas a la ría y el hecho de que el casco antiguo sólo se puede recorrer a pie, hacen de Combarro un lugar muy especial. Desgraciadamente la mayoría de los pueblos costeros de Galicia no han sabido o podido conservar su patrimonio. El desarrollismo de mediados del Siglo XX arrasó con gran parte de la herencia arquitectónica de los siglos anteriores, sustituyéndola por impersonales y feos edificios de ladrillo y cemento.

Afortunadamente quedan algunos lugares como Combarro que milagrosamente han sobrevivido a esta hecatombe patrimonial. Esta es la razón de que hoy Combarro sea considerado uno de los pueblos con más encanto de las Rías Baixas.

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A Rúa do Mar

Si hay algún lugar donde se todavía se aprecie el carácter marinero de Combarro es la calle de A Rúa. Aquí se levantan la mitad de los hórreos del pueblo a la orilla del mar, casi todas pertenecientes originariamente a familias de pescadores. En los últimos años ha perdido parte de su esencia para convertirse en una combinación de paseo turístico salpicado de tiendas de recuerdos y restaurantes con terrazas mirando al mar. Hay que reconocer que el Turismo, a pesar de los problemas puntuales de masificación, le ha dado una nueva vida a Combarro.

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Mientras que muchos pueblos costeros de Galicia languidecen tras los sucesivos recortes de las cuotas de pesca y la pérdida de caladeros, Combarro bulle de actividad. Aunque a veces, bulle demasiado. Como ya he dicho, encontrar mesa en determinadas fechas en cualquiera de los restaurantes de esta calle o en las terrazas que se asoman al mar, puede resultar misión imposible.

Esta estrecha calle peatonal parte de la Praza Peirao da Chousa. Esta plaza era antiguamente una playa donde los pescadores dejaban sus barcas. Hoy es lugar de paso obligado para acceder al casco viejo del pueblo. O para buscar aparcamiento en la avenida que bordea el nuevo puerto marítimo y deportivo de Combarro. En la plaza verás los primeros hórreos y el camino que te lleva hasta unas escaleras que dan paso a las calles empedradas del casco viejo. A Rúa termina en la pequeña Praza da Fonte presidida por una fuente y un cruceiro. Más adelante, casi en la misma playa de Pinela, encontrarás un hórreo y otro cruceiro. Fijaros que en éste la imagen del Cristo crucificado sí mira hacia el mar.

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Por un lado, A Rúa es una sucesión de hórreos y terrazas con vistas al mar. El otro está ocupado por las casas de pescadores con sus bajos convertidos en  tiendas de recuerdos. Entre esos “souvenirs” no faltan el aguardiente y los vinos de Albariño locales, los hórreos, los adornos de inspiración celta como espirales, triskeles, nudos y cruces celtas. Tampoco faltan las meigas, ni los recipientes de barro con sus cuncos para la queimada con su correspondiente conxuro. Además, por aquí encontrarás también algunos de los mejores restaurantes y tabernas de Combarro.

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La gastronomía en Combarro, o cómo darse un homenaje

Es algo inevitable: ese olorcito a marisco cocido, a pulpo y a empanada despertará tus adormecidas papilas olfativas y gustativas. Te hará segregar saliva y hará que tus ojos salten inmediatamente a las fuentes de marisco, de empanadas, de mejillones y de pulpo que ocupan las mesas de los afortunados comensales. Hay quien dice que venir a Combarro y no comer en alguno de sus restaurantes debería ser considerado como un pecado grave. Y yo comparto esa opinión. Así que recuerda: para evitar quedarte sin mesa, reserva con antelación.

Os puedo decir que es difícil, muy difícil, comer mal en Combarro. Elijas el lugar que elijas, pide la especialidad local o el pescado y marisco que esté fresco. En los últimos años los precios han subido mucho, pero en general la calidad de los productos se ha mantenido. No dudes en probar los chocos de la ría, las empanadas de millo (maíz) o la de bacalao con pasas, los arroces con bogavante (lubrigante si tiene el típico tono azulados de su cola), el pulpo “a feira”, las cigalas, los berberechos…

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Desde hace años mi restaurante favorito es O Bocoi. Y en esto comparto opinión con mi buen amigo Sele, otro conocedor desde hace muchos años de las excelencias de Combarro. Lo que empezó siendo una pequeña bodega de pescadores y luego una casa de comidas familiar, se ha convertido en uno de los restaurantes más solicitados de la ría de Pontevedra. Su secreto está en la calidad de los productos que ofrecen. No tiene terraza al aire libre, pero sí un ventanal acristalado que da directamente a la ría. Comer aquí con estas vistas es todo un privilegio.

No os voy a detallar lo que se siente saboreando su arroz con bogavante o centollo (inolvidables), su empanada de millo con berberechos (con zamburiñas es también deliciosa), sus gambones, vieiras, navajas y almejas. Por no hablar de su parrillada de mariscos, sus filloas rellenas de crema o su milhojas de nata (para llorar de gusto). Todo acompañado de un buen vino Albariño.

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Sólo os digo que saldréis casi rodando tras haber disfrutado como pocas veces del pecado de la gula. Para rematar os recomiendo tomar algún aguardiente o un licor café en la taberna del mismo nombre que está justo enfrente. Su ambiente marinero es de los que ya no se ven.

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Pero si tenéis curiosidad por descubrir otros lugares no dejad de pasaros por la terraza frente al mar de O Peirao. Si os gustan los churrascos de carne y los pescados es una estupenda opción. También os puedo recomendar el arroz con chocos de la Taberna Leucoiña, con sus mesas encajadas entre los hórreos y la ría. Las almejas, las navajas, el pulpo con cachelos, las sardinas, los postres caseros y la terraza del bar Pedramar también son recomendables. En fin, no me voy a extender más porque se me está haciendo la boca agua.

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Después de leer esto, estoy seguro que en vuestra próxima visita a Galicia Combarro ocupará un lugar preferente. Este pequeño pueblo marinero ha sabido guardar la esencia de tiempos pasados adaptándose a un turismo que disfruta de la riqueza paisajística y patrimonial. Y, por supuesto, del buen comer.

Su pequeño tamaño, sus callecitas de piedra y sus rincones con vistas al mar donde los hórreos están siempre presentes, hacen de Combarro un pueblo muy acogedor. Uno de esos lugares donde te sientes bien y al que siempre apetece regresar. Como hago yo año tras año.

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Datos prácticos:

-Combarro se encuentra a apenas 6 km. de Pontevedra en la carretera PO-308 que va a Sanxenxo.

No verás Combarro desde la carretera. Tendrás que bajar hasta el nuevo puerto deportivo para buscar aparcamiento. Y desde allí caminar hasta el Peirao da Chousa para entrar en el casco viejo.

– En verano mucha gente, desesperada por no encontrar sitio, aparca en los arcenes de la carretera. Ten mucho cuidado al circular por aquí. El tráfico es muy intenso.

– Si prefieres el trasporte público, cualquiera de los autobuses que unen Pontevedra desde la Estación de Autobuses con Sanxenxo, hacen parada en Combarro. Es muy barato y te ahorrarás el sufrimiento de buscar aparcamiento.

El centro de Combarro es peatonal. Sus calles empedradas son muy estrechas, algunas con pronunciadas cuestas y escaleras.

– No suele ser habitual, pero si sopla viento del sureste y el aire adquiere un olor pestilente, mala suerte. Es uno de los regalos tóxicos que la fábrica de celulosa de ENCE, ubicada en la otra orilla de la ría, ha dejado a los habitantes de Pontevedra y pueblos cercanos. Por supuesto ninguna guía te hablara de este problema medioambiental ni de muchos otros ligados a esta fábrica.

– Si estás por aquí a mediados de agosto, no puedes faltar a la procesión de San Roque, el santo local. Es de esos días en los que en Combarro no cabe ni un alma más. Pero ya que estás aquí, disfrutarás como nunca del ambiente local y de los paisajes de la ría.

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