La Depresión del Danakil: volcanes, salares, paisajes extremos y la vida del pueblo Afar.

Visitar la Depresión del Danakil, en el noreste de Etiopía, pertenece al tipo de viajes de aventura que se disfrutan, se sufren y se sienten con total intensidad. El Danakil no es un destino cómodo, ni fácil, ni siquiera bonito en el sentido clásico de la palabra. Y, sin embargo, es uno de los lugares más impactantes y alucinantes que he recorrido jamás.

Danakil Dallol

Dallol: cuando la Tierra parece un cuadro impresionista.

Si hay un lugar que define visualmente un viaje a la depersión del Danakil, ese es Dallol. Nombre que proviene de la lengua de los Afar y significa “disolución” o “desintegración”, lo cual describe perfectamente la acción de los fluidos calientes y ácidos que remodelan el paisaje. Un paisaje cambiante que parece vivo, pero que es mineral, considerado por muchos científicos como el lugar más extremo, peligroso e inhóspito de la Tierra.

Los Afar, un pueblo forjado por la dureza del desierto.

Más allá de volcanes y los paisajes surrealistas de la Depresión del Danakil, lo que más me marcó de este viaje por esta zona del noreste de Etiopía  fue conocer al pueblo Afar. Viven en uno de los entornos más duros, áridos y hostiles del planeta. Y, aun así, lo hacen con una dignidad y una fortaleza admirables.

Los combates de donga: violencia ritualizada en el valle del Omo.

Ser testigo de una pelea ritual con dongas es algo excepcional. Es imposible no sentir una avalancha de sensaciones encontradas entre la brutalidad y la estética del combate, frente al ceremonial de bailes y cánticos y ante la épica de la lucha hombre a hombre. La sangre de las heridas abiertas junto al sufrimiento silencioso y digno de los hombres derrotados contrasta con la alegría contenida de los victoriosos. Estas imágenes son el colofón a una ceremonia peligrosa y casi prohibida.

El «cattle camp», base de la cultura ganadera de los surma.

Todavía es de noche cuando el guía surma nos interna por los senderos invisibles de la selva. Las primeras luces del alba apenas consiguen dar vida un cielo grisáceo de tintes plomizos. Vamos en busca de uno de los “cattle camp”, un campamento de ganado de los surma o suri. Allí seremos testigos de algunas de sus costumbres más chocantes e insólitas a ojos de cualquier occidental.

En busca de los surma.

Los tres días en territorio surma fueron los más intensos de este viaje al valle del Omo. Fueron días en los que pasábamos de la armonía al conflicto en un instante. Siempre bajo la atenta mirada de una gente reacia a cualquier influencia externa. Los surma nos hicieron sentir que habíamos llegado a los confines de un territorio todavía salvaje. Un lugar donde ellos eran los amos y señores.

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