Guna Yala, un lugar muy especial en Panamá.

La región semi autónoma de Kuna Yala en el Caribe panameño, ahora llamada Guna Yala, se convirtió en uno de mis lugares favoritos desde la primera vez que tuve la oportunidad de pasar unos días allí.

En esta ocasión y ante la falta de plazas libres en los vuelos, decidí curiosear por Internet hasta que encontré una agencia de viajes que organizaba viajes por tierra, excursiones y estancias en la región de los Guna.

En teoría la planificación era perfecta: recogida en el hotel de Ciudad de Panamá con un madrugón de padre y señor mío, viaje en un cómodo 4×4 directo hacia las islas de San Blas en región de Guna Yala, desayuno y transporte en lancha por varias islas vírgenes y regreso por la tarde en el cómodo 4×4. La empresa con la que contraté el viaje panamatravelunlimited subcontrata el servicio a varios conductores que intentan rentabilizar el viaje encajando al máximo nº de viajeros en sus 4×4. Tras recogerme en el hotel a las 05:30 con puntualidad, me llevaron al centro de Panamá a la central de reservas situada en un hotelito de backpackers para pagar los 135$ que costaba el viaje. Allí me tuvieron esperando una hora la llegada de más clientes con los que rellenar el 4×4 mientras la sensación de descontrol parecía aumentar a cada minuto que pasaba.

Por fin las piezas del puzzle parecieron encajar y salimos de Panamá pasando de nuevo por la puerta de mi hotel donde me habían recogido todavía de madrugada… Aún así tuve la suerte de ir sentado junto a Félix el conductor, muy majo, que me contó el funcionamiento de esta agencia y cómo ahorrarme un buen dinero contratando el servicio directamente con él. El viaje incorporó una parada de 45 min. para tomar un café y es que nadie parecía tener prisa por llegar y zambullirse en ese mar azul celeste de aguas limpias excepto yo. Cuando por fin entramos en la región de Guna Yala tras pagar 6$ en una casta de control eran las 9 de la mañana. Las vistas del paisaje selvático con el Caribe de fondo aliviaron las penas de los que iban embutidos en la parte de atrás…

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La selva de la región Kuna.

Y es que si te ha tocado en los asientos delanteros, fenomenal, pero como te toque en la parte de atrás puedes prepararte para sufrir para subir, encajar las piernas e ir doblado durante las 3 horas de trayecto mientras botas entre baches (auténticos cráteres) y caminos de tierra.

Llegamos al embarcadero de Cartí donde lanchas, barqueros Guna, turistas y conductores intentaban coordinarse hacia los diferentes destinos e islas…¡por aquí los de Isla tal, por allí los de Isla cual!, gritaban unos y otros, para instantes después enviarte hacia otra lancha. Al final un italiano y el que escribe acabamos embarcados en la lancha que parecía dirigirse a Isla Cartí donde desayunaríamos para luego embarcar hacia la paradisíaca Isla Perro.

.Embarcando

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En Isla Cartí nos esperaba un joven Guna que nos acompañó por el poblado comentándonos que estaban a punto de celebrar el aniversario de la Revolución Guna. En 1925 un grupo de indígenas se levantaron en armas contra los abusos policiales del gobierno panameño de la época. Tras una serie de enfrentamientos armados los Kuna consiguieron firmar un tratado que les permitía mantener una alto grado de independencia dentro del estado panameño, condición que les ha permitido gestionar su propio territorio y conservarlo casi intacto para las nuevas generaciones.

.Isla Cartí.

En la aldea se respiraba el olor y el humo de la preparación de «la chicha» elaborada con caña de azúcar, café y algunos ingredientes más que se mezclaban calentándolos en grandes recipientes y luego se dejaban fermentar durante 10 días. Tras solicitarnos un donativo para financiar las celebraciones, desayunamos y a continuación embarcamos hacia la Isla Aguja…pero…creo que hay una confusión, ¡yo he pagado por ir a Isla Perro! Sí, esa maravillosa isla con un barco hundido en la playa convertido en un bosque de corales lleno de peces de colores…

– Disculpe señor, pero nos han dicho que uds. van a Isla Aguja y en Isla Aguja les dejamos..-.Y así fue como acabamos abandonados Mirko el italiano y yo cual Robinsones en la pequeña Isla Aguja, rodeados de agua azul, palmeras que se inclinaban sobre el mar y un chiringuito donde nos ofrecieron un pescado y unos camarones para comer.

.Llegando al paraíso

Playa y palmeras
Llegando al paraíso.

Bueno, no había corales ni peces de colores pero sí una estupenda playa de aguas limpias y cálidas, un chiringuito para pedir cervezas y algún roncito, pelícanos zambulléndose a unos metros en el mar, la sombra de las palmeras, los cocos en la arena…

.Isla Aguja.

Tras una animada charla con Mirko que vivía desde hacía varios años en Dubái, vimos como desembarcaban de una lancha unos individuos uniformados y armados. A continuación formaron una fila y se pusieron a correr a paso ligero por la playa cantando temas militares mientras eran seguidos por los pocos niños que había en la isla. Uno de los gunas de la isla nos comentó que íbamos a disfrutar de uno de los ensayos que se hacían para celebrar la Revolución Guna de 1925.

En ese momento aparecieron dos jóvenes arrastrando teatralmente un cargamento de cocos. Lentamente fueron rodeados por las «fuerzas militares» y asaltados de una forma tan violenta que viendo las fotos me parce haber asistido a una auténtica sesión de tortura con asesinatos incluidos.

.Revolución Kuna ensayo

Ensayo Revolución Kuna

Ensayo Revolución Kuna 3

Ensayo Revolución Kuna

Ensayo Revolución Kuna 5.

Si eso era el ensayo no quería ni imaginar cómo sería la celebración que se iba a celebrar en un par de días con la asistencia de comunidades de toda la región de Guna Yala.

.Niños disfrutando del ensayo

Indígena Guna

bandera Guna.

El caso es que con todo este espectáculo se olvidaron de venir a buscarnos. Tras mucho preguntar a unos y a otros, y eso que la isla es realmente pequeña, finalmente apareció uno de los más entusiastas seguidores del ensayo que de golpe recordó que tenía que llevarnos a tierra firme. La sensación de ser unos «don nadie» se mezclaba con la evidente certitud de que en muchas partes del mundo los tiempos y las formas difieren profundamente de lo acostumbrado en nuestra alocada vida. Y curiosamente, de una manera o de otra, las cosas funcionan en este sistema que llamo de «desorganización organizada».

Llegamos más de una hora tarde a Puerto Cartí. En tierra firme no quedaba nadie en el embarcadero salvo un conductor que nos esperaba con cara de estar habituado a esperar a turistas olvidados en estas islas de auténtico ensueño. O quizás perdidos voluntariamente y para siempre en estos pequeños trozos de paraíso caribeño.

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