Isla Saona ¿merece la pena el viaje?

En Isla Saona encontrarás esas imágenes caribeñas de postal que creías que no existían. Una isla rodeada de aguas de tonalidades azul celeste y verdes esmeralda, con playas de arena blanca y cocoteros mecidos por el viento. Con piscinas naturales, arrecifes con peces de colores y bosques de manglares. ¿Quieres saber cómo llegar a este paraíso playero en el Caribe dominicano? Pues sigue leyendo. 

Sí, Isla Saona es ese lugar idílico por el que es imposible no sentir una atracción irresistible. Es la viva imagen de ese Caribe tropical que tenemos grabado en el cerebro. Ese Caribe que nos hace soñar con unas vacaciones exóticas tomando el sol en playas de arena fina y aguas cristalinas a la sombra de las palmeras. Hay lugares parecidos en la República Dominicana como algunas playas de Samaná en el norte del país, pero Isla Saona tiene algo especial.

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Isla Saona, la gallina de los huevos de oro

Con esa imagen en mente los tour operadores, hoteles, agencias y oficinas de Turismo de la República Dominicana se han lanzado a explotar la gallina de los huevos de oro. En este caso la gallina se llama Isla Saona, y corre el riesgo de que de tanto pedirle huevos de oro puede que acaben con ella.

Isla Saona pertenece a la República Dominicana que como sabéis comparte el territorio de la isla de La Española con Haití. Saona se encuentra en el extremo sureste del país donde se encuentran las aguas del Atlántico y del Caribe. Y como tantas otras fue descubierta para los europeos por Colón en 1494 en el segundo de sus viajes a América en busca de las Indias. Su nombre taíno era Adamanay pero fue renombrada Bella Savonesa. Un nombre demasiado largo que se fue reduciendo hasta convertirse en Saona.

Sus casi 110 km² están rodeados de aguas celestes, arrecifes de coral y playas de ensueño con cocoteros que llegan hasta el borde del mar. Este paraíso permaneció casi intacto con el paso de los siglos. En 1975 obtuvo la protección medioambiental del gobierno dominicano y posteriormente fue incluida en en el Parque Nacional del Este hoy llamado P. N. de Cotubanamá.

En la década de 1980 se decidió impulsar turísticamente la zona de La Romana. Y posteriormente la zona cercana de Bayahibe, el pequeño pueblo de pescadores más próximo a Isla Saona. Los grandes resorts turísticos ocuparon las mejores zonas de playas de Bayahibe, sobre todo la de Dominicus. Y comenzaron a ofrecer a sus clientes excursiones a Isla Saona partiendo desde el puerto pesquero de Bayahibe.

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Atardecer en la playa de Dominicus, Bayahibe

En apenas 3 décadas lo que comenzó siendo una visita playera más, se fue convirtiendo en el objetivo prioritario de miles y miles de turistas. La fama de paraíso natural de Isla Saona se fue extendiendo y a día de hoy es la excursión más demandada en la República Dominicana. Hace unos años llegó a ser elegida por la revistas Caribbean Travel & Life Magazine como una de las Ocho Islas de Ensueño del Caribe. Y después de haberla visto, os digo que con toda la razón.

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Isla Saona y su sostenibilidad

¿Cómo compatibilizar esta presión turística con su conservación y con el hecho de que Isla Saona sea un parque natural? En teoría está prohibido construir, pero en las playas de Saona más cercanas a la costa dominicana se levantan bohíos, pequeños restaurantes, tiendas de recuerdos y zonas de hamacas a la sombra de las  palmeras. Además hay que tener en cuenta que en la isla hay un pequeño pueblo de pescadores con unos 500 habitantes llamado Mano Juan que también se está reconvirtiendo a la actividad turística. Lo que no hay (todavía) son hoteles para hospedarse y pasar la noche.

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Sin embargo tengo que decir que todavía hoy Isla Saona sigue siendo un lugar único. Sencillamente maravilloso aunque me pregunto por cuanto tiempo. Como en todos estos lugares es fundamental encontrar el equilibrio entre los intereses turísticos, el aporte de ingresos a la población local y la sostenibilidad medioambiental. A día de hoy llegan a Isla Saona 2.500 personas al día, lo que significa casi un millón de personas al año. Además hay que tener en cuenta que hay 22 empresas con licencia para ofrecer excursiones a la isla en catamaranes y lanchas rápidas que además ofrecen servicios de comida, o la posibilidad de hacer snorkel en sus arrecifes.

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¿Ir o no ir a Isla Saona? ¿Con quién y desde dónde?

Antes de ir y teniendo todo esto en cuenta me preguntaba si no son demasiadas personas para un lugar tan pequeño y tan frágil. Y si no contribuiría con mi visita a ensuciar la isla, estropear los arrecifes y dañar el ecosistema de un entorno tan privilegiado. La otra gran pregunta era qué excursión escoger. Porque hay opciones para todos los gustos y para todo tipo de bolsillos. En general todas ofrecen los servicios básicos de traslado desde los hoteles a la ida y la vuelta, comida y bebida, además de la visita a alguna playa de Isla Saona. El otro punto en común es que en todas te hacen madrugar para aprovechar las mejores horas del día.

Y para que veas lo que te vas a encontrar, aquí te dejo este vídeo por arena, mar y aire:

En la diferencia de precios influye si la excursión parte desde Punta Cana o desde Santo Domingo (2 horas de viaje), desde La Romana (media hora) o desde Bayahibe. Sea como sea todas las excursiones parten desde Bayahibe. Por eso si quieres ahorrarte los largos trayectos en autobús busca alojamiento en esta zona. El pueblo de Bayahibe todavía conserva ese sabor local que no existe en las zonas ocupadas por los grandes resorts. Pero si no quieres renunciar al “todo-incluido” de los resorts en la cercana playa de Dominicus encontrarás lo que buscas. Además la playa de Dominicus es bastante mejor que la de Bayahibe.

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Recomendaciones prácticas:

  • Vengas para lo que vengas no te olvides contratar tu seguro de viajes antes de venir a la República Dominicana. Te ahorrarás muchas preocupaciones.
  • Que no te falte el bañador y la toalla. El sol tropical es implacable, así que trae sombrero o gorra y gafas de sol.
  • Usa crema de protección solar biodegradable para no intoxicar a las especies marinas.
  • Lleva tus gafas y tubo de snorkel.
  • No toques los arrecifes y si puedes resistir la tentación, deja tranquilas a las estrellas de mar.
  • Tráete de vuelta toda la basura que produzcas y no dejes colillas ni plásticos tras tu paso.
  • Y no te pases con la “vitamina R”.

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Excursiones para todos los gustos

Aunque con algún elemento diferenciador, se pueden resumir en 3 tipos:

La excursión pachangero-festiva en catamarán. Suelen ser las más económicas porque van hasta las playas más cercanas de Saona. Incluyen el viaje, bebidas a bordo y una comida sencilla en la playa. Rondan los 45-65 dólares. Si quieres fiesta, bachatas y merengues, además de “vitamina R” (ron) a mansalva durante horas esta es tu excursión. Lo peor es que visitas sólo una playa y que el viaje en catamarán es bastante lento. Pero ¿a quién le importa cuando estás de fiesta en bañador navegando por el Caribe en un catamarán junto a 50 personas más bailando merengue?

La excursión intermedia. Puede ser en catamarán o en lancha rápida. Es más familiar y además de playa puede ofrecer bajarse en Mano Juan para tomar el almuerzo bufé. Además de recorrer la zona de manglares y una parada en la piscina natural donde se encuentran las estrellas de mar. Esta excursión puede rondar los 65-75 dólares.

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La excursión VIP. Así se denomina a las excursiones que hacen el recorrido en lancha rápida llegando hasta la mejor playa de Saona, la del Canto de la Playa, para estar allí un par de horas. Tienen después parada para comer en Mano Juan con opción de elegir langosta además del bufé. En Mano Juan también se puede visitar el centro de reproducción de tortugas marinas (sólo en época de cría), además de poder dar una vuelta por el pueblo. La excursión recorre los manglares y tiene parada en la piscina natural para darse un baño rodeado de estrellas de mar. Para terminar las mejores excursiones siguen viaje para adentrarse entre las paredes selváticas del río Chavón. Puede costar entre 75 y 85 dólares, más un plus si pides langosta.

Ya os anticipo que esta fue la opción que elegí y que reservé con Isla Saona Tours. Todo un acierto porque desde el primer momento la atención es totalmente personalizada. Fueron puntuales y cumplieron con lo prometido en la excursión. Además tanto el piloto de la lancha como sus ayudantes hicieron algo que considero fundamental: incidir en el cuidado medioambiental y en la atención a los pobladores locales, temas de los que hablaré más adelante.

Y un detalle a tener cada vez más en cuenta para todos los touroperadores: por favor, eviten el uso de platos, vasos y material de plástico desechable y utilicen materiales de papel o material reciclable. Isla Saona, el entorno natural y todos nosotros se lo agradeceremos.

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Visitando Isla Saona

Son las 9 de la mañana cuando subo a la lancha junto a una veintena de personas, casi todo parejas y familias. Tras una breve introducción del piloto al plan del día, nos ponemos en marcha. En unos instantes el faro de la playa Dominicus desaparece de la vista mientras avanzamos en una lancha rápida paralelos a la costa. Vamos dejando atrás una sucesión de pequeñas playas, bosques costeros y paredes de roca de coral que apenas se eleva unos metros sobre el mar. Es una mañana ventosa y el mar está un tanto revuelto. Aún así el color del agua que pasa sucesivamente del celeste, al verde esmeralda y al azul oscuro nos tiene fascinados a todos. No paramos de admirar ese agua y los cocoteros que se asoman al mar por millares.

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Tras dejar atrás el Canal Catuano aparecen las primeras playas de Saona: Catuano, playa Bonita y playa del Gato. Desde la lancha vemos los bohíos hechos de palma y las hamacas preparadas en la playa a la sombra de los cocoteros. Cuando llevamos 40 minutos paramos para dejar las provisiones en el pueblo de Mano Juan donde nos prepararán el almuerzo. Y un cuarto de hora más tarde llegamos al Canto de la Playa, considerada la mejor playa de Saona. Y la verdad es que a medida que te aproximas sólo puedes decir ¡¡WoW!! ¡Qué playa!

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El Canto de la Playa

El Canto de la Playa es una postal hecha realidad. No faltan los cocoteros asomándose al mar, la fina arena, la barrera de arrecifes donde rompen las olas y un mar azul, casi blanco, que deslumbra bajo el sol que se vuelve implacable a medida que avanza la mañana.

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Tras desembarcar el personal de la lancha prepara «el bar» en un par de mesas, y nos dan unas instrucciones que hemos de seguir para no dejar huella en la isla. Respetar los corales, no tocarlos, no caminar sobre ellos, no dejar basura…Al mismo tiempo nos presentan al señor que hace piñas coladas en piñas de verdad, al que vende aceite de coco natural extraído en la isla, a las señoras que te hacen un masaje a la sombra de las palmeras…O a la que vende artesanías hechas de las conchas y semillas que encuentra en la isla. Todos son habitantes de Saona y viven de lo que ofrecen a los turistas. Y no hay que olvidar que cuando hablamos de la sostenibilidad en el Turismo también hablamos del beneficio que aportamos a las poblaciones locales con nuestra visita.

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Durante la primera hora apenas 40 personas ocupamos la sombra de los cocoteros o nos dispersamos por la playa. Aquí una advertencia: si hace viento, cuidado con los cocos que te pueden caer encima ya que te pueden matar. Pero después empiezan a llegar varias lanchas en sucesión con su cargamento de visitantes. Lo que al principio era una playa paradisíaca se acaba convirtiendo en un decorado caribeño ocupado por unas 200 personas. El ser humano es gregario por naturaleza y tiende a juntarse hasta en lugares como este donde hay espacio para perderse. Basta con alejarse por los laterales de la playa unos 100 metros para disfrutar de la sensación de tener la playa para ti solo. Y entre paseo y chapuzón, no puede faltar la “vitamina R” a base de ron Brugal servido en el “bar” de la playa.

Las dos horas aquí pasan tan rápido que apenas tengo tiempo de acercarme nadando a la barrera de arrecifes. Aquí el mar está agitado por el viento y apenas distingo una culebra marina y un banco de peces de colores que se mantienen cerca de una roca aguantando las corrientes. Aunque en la lancha te facilitarán gafas y tubo para hacer snorkel siempre es recomendable traer tu propio equipo. Por higiene y porque tu máscara la has comprado tras comprobar que se adapta a la forma de tu cara.

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Almuerzo en Mano Juan

Llega la hora del almuerzo y toca partir hacia el pueblo de Mano Juan. El personal de la lancha recoge todo llevándose las bolsas de basura y dejándolo todo como lo encontramos al llegar. En 15 minutos desembarcamos en este pequeño pueblo fundado en 1944 con 14 familias. Hoy son unas cuantas más y sus casas de madera y techos de paja cuentan con placas solares y telefonía móvil.

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La comida es tipo buffet y se sirve junto a unas mesas corridas a la sombra de las palmeras. El celeste del mar entra por los ojos mientras degusto una langosta a la brasa. No faltan las bebidas, la cerveza, el ron y el café ¿Qué más se puede pedir?

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Los habitantes de Mano Juan se dedicaban a la recolección de cocos, la caza y la pesca en unas condiciones más que precarias. Sin embargo la llegada del Turismo les ha permitido mejorar su nivel de vida. Hoy la venta de artesanía, recuerdos y los servicios de restauración ocupan a muchos de sus habitantes. Mano Juan todavía conserva ese aire de pueblo del fin del mundo, de asentamiento perdido en una isla caribeña.

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Los manglares y la piscina natural

Tras un baño en la playa toca emprender el camino de regreso. Las playas de Saona se han convertido en el fondeadero de decenas de barcos, catamaranes y lanchas que tren hasta aquí a centenares de turistas. La siguiente parada la tenemos en la zona de manglares del Canal Catuano. Un lugar que todavía conserva su belleza primigenia con las raíces del mangle adentrándose en el agua azul celeste del mar. La importancia de los manglares es cada día más evidente ya que son la zona de puesta de huevos y cría de muchas especies de peces y crustáceos.

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Recorremos ya la costa sur de Dominicana por un mar que parece una inmensa piscina rodeada de palmeras. La lancha ralentiza la marcha y en el fondo arenoso comenzamos a ver grandes estrellas de mar. Estamos llegando al banco de arena ubicado frente a la playa de la Palmilla, una especie de gigantesca piscina natural de apenas un metro de profundidad. El piloto nos advierte inmediatamente que aunque podemos tocar las estrellas de mar no podemos bajo ningún concepto sacarlas fuera del agua para evitar que se asfixien. Incluso tocarlas en exceso, manipularlas sin cuidado o jugar con ellos puede matarlas. A pesar de su textura dura, son animales muy delicados.

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Nos cuenta que el número de estrellas de mar ha descendido muchísimo y que hay que cuidarlas. Uno de los guías se tira al agua y nos muestra como cogerlas sin sacarlas del agua. También nos advierte de caminar con cuidado para no pisarlas. A continuación todos nos tiramos a la “piscina” y en la lancha de nuevo abren el “bar”. Tomarte un ron con cola mientras te bañas en un lugar así puede parecer una turistada, pero con el calor que hace y rodeado de un mar celeste es una auténtica gozada. Las estrellas de mar son unos seres fascinantes y veo que tras las advertencias todos, incluidos los niños, las tratan con una delicadeza extrema. Aunque la verdad pienso que lo mejor sería no tocarlas y dejarlas tranquilas.

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Tras media hora de relax, subimos a la lancha y nos dirigimos hacia el río Chavón. Pasamos frente a la playa de Dominicus y el puerto de Bayahibe en dirección a La Romana. Allí desemboca este río que ha sido lugar de filmación de escenas de películas míticas como Apocalypse Now, Parque Jurásico o Rambo. Una vez que te adentras en el río entre paredes de roca cubiertas de vegetación tropical comprendes por qué fue uno de los lugares elegidos para grabar estas películas.

Son las 5 de la tarde y toca regresar al puerto de Bayahibe para finalizar la excursión. En la entrada a la bahía paramos de nuevo para tirarnos al agua por última vez y nadar entre peces de colores que ni se inmutan con nuestra presencia. Ha sido un día magnífico repleto de escenas que se quedan grabadas en la memoria. Un día de colores celestes, esmeraldas, y verdes tropicales. De arenas blancas, de sabor a mar y de un sol implacable que nos ha tostado a fuego lento.

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Pero esto es sólo el aperitivo de lo que te puede ofrecer Isla Saona. Porque si tienes más tiempo y ganas te puedes adentrar en sus senderos para descubrir por qué este lugar es una reserva natural. Cerca de Mano Juan está la Laguna de los Flamencos y la Cueva de Cotubamaná. Aquí se ocultaban los indios taínos de los ataques de los indios caribes y después de los conquistadores españoles. Por el camino podrás descubrir algunas de las especies de plantas endémicas de la isla. Y también aves como fragatas, gaviotas zancudas o cotorras verdes. Pero la mayor riqueza natural de Saona se encuentra en sus costas y en el mar que la rodea. Es el hogar de manglares, peces tropicales, arrecifes de coral, moluscos, tortugas, delfines, ballenas, mantas raya, manatíes y muchas otras especies que hay que cuidar y proteger.

Esta es una excursión muy completa que recomiendo si en tus vacaciones en Dominicana quieres algo más que estar tumbado en una hamaca de la playa. Pero elige bien qué excursión quieres hacer. Y no te olvides cuidar y respetar el entorno en el que te vas a mover. Que este paraíso perdure está en las manos de cada uno de nosotros.

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