El Parque Nacional de los Tres Ojos.

Recorrer las calles empedradas y en constante restauración del centro histórico de Santo Domingo supone un ejercicio de imaginación histórica. Las viejas casas y palacios coloniales construidos en piedra de arrecife por los españoles hace 500 años son lo que queda de un mundo desaparecido.

Quiero perderme por las playas de Samaná.

Playas interminables de arenas doradas y tacto suave, aguas límpidas de color azul turquesa, cocoteros balanceándose en la orilla del mar con la suave brisa del atardecer. Y más palmeras que cubren todo el horizonte de un intenso verdor.

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