Berlín: vive y deja vivir.

Berlín es una ciudad que nunca deja de sorprender y siempre tiene algo nuevo que ofrecer. Los cambios políticos vividos en Alemania, junto a una población innovadora y creativa, han conformado una ciudad que seguramente no es la que esperas. Y es que en los últimos años se han efectuado desarrollos urbanos extraordinarios que la han transformado en una de las ciudades más vanguardistas del continente.

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Pero, además, Berlín es conocida por la diversidad cultural de sus habitantes, por su espíritu abierto, liberal, tolerante y progresista. Aquí se vive y se siente el respeto al otro, a sus creencias, a los diversos estilos de vida y opiniones. En Alemania los berlineses son conocidos por valorar la libertad individual por encima de casi todas las cosas. Y también por su socarrón sentido del humor.

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Por todo esto no es de extrañar que Berlín se haya convertido en un polo de atracción cultural y artístico. Una ciudad que atrae cada año a multitud de emprendedores, creadores, diseñadores y artistas que contribuyen a crear un ambiente muy dinámico. Al tiempo que fomenta un activismo político y social del que carecen otras capitales europeas.

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Pero este «efecto llamada» también tiene consecuencias negativas. El mercado de la vivienda está por las nubes, y encontrar un lugar donde alojarte es casi misión imposible sin unos buenos ingresos. Los precios suben y las estructuras de los servicios públicos empiezan también a dar señales de agotamiento (los fallos en la red de trasportes están a la orden del día). Esto es algo ajeno a la mayoría de sus visitantes. A no ser que el día de tu vuelta a casa cancelen los trenes del S-Bahn que llevan al aeropuerto y no llegues a tiempo para subir a tu avión. 

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Sea como sea, Berlín bien vale una y muchas visitas. Si no has leído el primero de mis artículos dedicado a Berlín, hazlo ahora:

Berlín, el Ave Fénix de las capitales europeas

Encontrarás una introducción a la tortuosa historia de esta ciudad, ya que sin conocer su pasado es imposible entender el Berlín de hoy. Y te llevo a algunos de los lugares más interesantes del centro de Berlín: la Alexanderplatz, La Catedral de Berlín, la Isla de los Museos, la Puerta de Brandemburgo… Pero ahora sigamos conociendo algunos de los imprescindibles de Berlín.  

 

El Tiergarten, el mayor parque del centro de Berlín

Situado del otro lado de la Puerta de Brandemburgo, el Tiergarten es el gran parque por excelencia de Berlín. Como lo es el Parque del Retiro de Madrid, o el Central Park de Nueva York. Y el mejor momento para visitarlo es el otoño, cuando sus árboles de hoja caduca adquieren todo tipo de coloraciones amarillas, ocres y naranjas. En realidad, Tiergarten quiere decir «jardín de animales«, ya que este era el coto de caza de la nobleza prusiana. Hoy los animales del parque se encuentran en su conocido zoo.

Como no soy partidario de visitar a lo animales enclaustrados en espacios cerrados, no voy a recomendar su visita. Los animales, libres y en su entorno natural, es donde mejor están. Por otra parte, has de saber que casi todos los árboles de Tiergarten fueron replantados tras la destrucción casi total del bosque original durante la toma de Berlín en 1945. Además, los árboles que quedaron, fueron usados como combustible por la población al finalizar la II Guerra Mundial.

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Hoy el Tiergarten luce esplendoroso recorrido por paseos, salpicado de estatuas de políticos como Bismarck o de músicos como Richard Wagner, Beethoven, Haydn, Mozart… También hay monumentos conmemorativos, como la gran Columna de la Victoria de 70 m. de altura a la que se puede subir. O el Memorial de Guerra Soviético (de lo poco que queda en Berlín de la presencia soviética) presidido por la gran estatua de un soldado soviético flanqueado por 2 tanques T-34 y 2 piezas de artillería.

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En el Tiergarten también encontrarás cafés de toda la vida como el Café am Neuen See, ubicado junto a un pequeño lago en el centro del parque.  En definitiva, es el lugar perfecto para pasear, hacer un picnic, hacer deporte…Y si te apetece desnudarte para tomar el sol en verano, te hago saber que el Tiergarten tiene una zona naturista.  

 

El Reichstag: el corazón político de Alemania

MetroBundestag, línea U55.

A unos 100 m. al norte de la Puerta de Brandemburgo se alza, imponente, la mole de piedra del Reichstag, el Parlamento alemán. Tras los destrozos sufridos cuando los rusos entraron en Berlín a principios de mayo de 1945, el Reichstag, en estado de ruinoso y rodeado de escombros, queda en la zona occidental de Berlín. En 1954 se decide dinamitar su maltrecha cúpula e iniciar las obras de reconstrucción que se prolongan hasta 1973. Pero no es hasta la reunificación de Alemania, con el traslado de la capital de Bonn a Berlín, cuando se decide acometer una reforma completa de este edificio cargado de simbolismo político.

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El Reichstag en ruinas tras los bombardeos de la II Guerra Mundial. Fuente: Ghetto Fighters House Archives

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La renovación del Reichstag, acometida entre 1995 y 1999 por el equipo del arquitecto Norman Foster, incluyó la combinación de elementos históricos con elementos modernos. Y retomó muy acertadamente la idea de recuperar la gran cúpula, esta vez hecha de cristal, en la parte superior del edificio. Una cúpula que pronto se convirtió en un nuevo símbolo arquitectónico de Berlín. Y no me extraña, porque la cúpula y su pasarela interior ofrece unas vistas inolvidables del Reichstag y de la ciudad. Por supuesto te recomiendo su visita, que es gratuita, aunque has de reservar la fecha y hora en la página oficial del Reichstag con antelación.

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El Checkpoint Charlie

Metro: Kochstraße, línea U6

Al sur de la Unter den Linden, y flanqueado por un Hard Rock Café, un Mac Donalds y un Kentucky Fried Chicken, se encuentra el que fue uno de los puestos de control más “animados” de la Guerra Fría. El Checkpoint Charlie estaba ubicado en una zona de nadie entre la zona occidental de Berlín controlada por los USA, Inglaterra y Francia, y la zona oriental controlada por los soviéticos. Hasta que se levantó el Muro de Berlín, era uno de los pocos pasos por donde se podía pasar de un sector de la ciudad al otro. Fue en esa época cuando se convirtió en un símbolo de la división de Berlín y, por ende, de la división de Alemania.

Con la construcción del Muro, el Checkpoint Charlie pasó a ser uno de los lugares por los que los alemanes de Este intentaban escapar al sector occidental, y también un lugar de intercambio de espías. Hoy el Checkpoint Charlie es un lugar muy frecuentado por los turistas, aunque poco hay que ver excepción de unos sacos terreros protegiendo una caseta de vigilancia. Lo interesante está justo enfrente, en las exposiciones del Museo del Muro dedicado a contar la historia de la división de la ciudad durante la Guerra Fría con un buen número de fotografías de la época.

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Tanques del US Army hacen frente al ejército Soviético en el Checkpoint Charlie en octubre de 1961

 

El Muro de Berlín: la East Side Gallery

A estas alturas, te estarás preguntando dónde ha ido a parar el Muro de Berlín. Gran parte de los casi 160 km. de muro que perimetraban el Berlín Occidental fue destruido tras 1989 y el proceso de unificación alemana. Aun así, todavía hoy quedan bastantes partes del muro repartidas por la ciudad. Por cierto, si por las calles de Berlín ves una hilera doble de adoquines en el suelo, es que por ahí pasaba el muro.

El Muro de Berlín comenzó a levantarse el 13 de agosto de 1961. Su construcción fue ordenada por el gobierno de la República Democrática Alemana (RDA), para frenar la migración masiva de sus ciudadanos hacia la República Federal de Alemania (RFA). Desde el inicio de su construcción más de 5.000 personas trataron de cruzar el Muro de Berlín y más de 3.000 fueron detenidas. Unas 100 murieron en el intento, la última de ellas en febrero de 1989, pocos meses antes de la caída del Muro. Finalmente, comenzó a derribarse el 9 de noviembre de 1989, marcando el comienzo de la reunificación alemana y el colapso de la URSS, y por lo tanto, del sistema comunista en Europa del Este.

En la Bernauer Straße Metro: Warschauer Straße, línea U1. Tren: Ostbahnhof, líneas S3, S5, S7, S9 y S75, se encuentra un tramo de muro que demarcaba la línea fronteriza entre los dos berlines, además de una torre de vigilancia. Es un monumento conmemorativo del Muro de Berlín, que se está ampliando para crear un área con exposiciones al aire libre conservando las secciones de muro todavía existentes.

Pero el tramo más extenso (1,3 Km.) e interesante del muro es el que corre paralelo al río Spree en la llamada East Side Gallery. Sí, aquí es donde se encuentran los famosos murales que desde 1990 decoran los grandes bloques de hormigón.

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Los más conocidos y famosos, como del beso entre el líder de la antigua URSS, Leonid Brezhnev y el jefe de estado de la RDA, Erich Honecker, se repintan de vez en cuando.

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Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben («Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor letal»), del artista ruso Dimitri Vrubel, es una de las obras más buscadas en la East Side Gallery

¿Sabías que esta imagen es conocida como «El beso fraternal» o «El beso de Brezhnev y Honecker»?. Fue capturada el 19 de junio de 1979 por el fotógrafo Régis Bossu en el punto fronterizo del Checkpoint Charlie. La imagen se convirtió en un símbolo de la Guerra Fría y del clima político, ya muy tenso, que rodeaba al Muro de Berlín y a las relaciones entre la URSS y la RDA.

La mayoría de las obras de la East Side Gallery se van cambiando por artistas venidos de todo el mundo. Una tradición que comenzó en el año 1990 cuando más de 100 artistas llegados de veinte países comenzaron a pintar este largo tramo del muro de Berlín. Por supuesto hay pinturas estupendas, y otras que da pena verlas. Pero en conjunto la visita merece mucho la pena.

La East Side Gallery está bastante alejada del centro, así que vas a tener que coger cualquiera de los trenes de las líneas S3, S5, S7 y S9 de la S-Bahn (trenes de cercanías), y bajarte en la parada Berlin Ostbanhoff, o mejor en Warschauer Straße. Y desde aquí caminar unos minutos hacia la orilla del río para darte de bruces con el muro.

Y ya que te estás dando una vuelta por el río Spree, puedes acercarte en un largo paseo hasta la escultura del Hombre Molécula.Una enorme obra de arte que consta de tres esculturas de figuras humanas agujereadas de 30 m. de alto. que parecen estar caminando sobre el agua del río. De camino pasaras junto al puente Oberbaum con sus dos grandes torres y su inconfundible estructura de ladrillo rojo.

Por cierto ¿cómo saber si estoy en lo que era una parte del Berlín Occidental o del Berlín Oriental? Durante muchos años fue fácil saberlo por el diferente tipo de urbanismo y trasportes entre una y otra zona. En la zona Oriental, en los semáforos, aparecía un hombrecito que con el paso del tiempo se ha convertido en otro de los símbolos de Berlín: el Ampelmann. Ahora con la intensa renovación urbana de la antigua zona oriental, y el éxito del Ampelmann que se ha extendido por toda la ciudad, hay que buscar otras referencias.

Para ello buscaremos las zonas de Berlín recorridas por los tranvías amarillos típicos de la zona oriental de Berlín, pero no en la occidental. De todas formas ¿qué más da? Berlín ha cambiado para no mirar atrás, y el Berlín dividido es ya también parte del pasado y de la historia de esta ciudad palpitante y en acelerada transformación.  

La silueta del inconfundible Ampelmännchen, el «hombrecillo del semáforo», una joya del diseño urbano obra de Karl Peglau, creado en 1961 como parte de una propuesta para modificar el diseño de los semáforos del Berlín Oriental

 

Cómo moverse por Berlín

Gran parte del centro de la ciudad es fácilmente accesible a pie. Para distancias más largas, por ejemplo, de Alexanderplatz a la Puerta de Brandemburgo o al Tiergarten, te recomiendo usar el bus o el Metro (U-Bahn). Muchas de las estaciones de Berlín están compartidas por el servicio de Metro y las líneas de trenes de cercanías (S-Bahn) que son las que tendrás que usar para ir o venir a sitios más alejados como el aeropuerto (Línea S9), o el castillo de Chalottenburg, por ejemplo. Casi toda el área urbana de Berlín se encuentra dentro de las zonas tarifarias A y B. El aeropuerto, se encuentra en la zona C.

Antes de ir Berlín te aconsejo comprar la Berlin Welcome Card con la cual, durante los días seleccionados (de 2 a 6, desde 25€) podrás moverte por Berlín en los trasportes públicos de forma ilimitada. Hay 3 modalidades de Berlin Welcome Card: la básica, la que incluye entradas a los museos de la Isla de los Museos, y la “all inclusive”. La más cara. Si no, puedes comprar el billete de trasporte para un trayecto, o para viajes ilimitados desde uno 1 a varios días en cualquiera de las estaciones de transporte. El U-Bahn y el S-Bahn funcionan de manera integrada y te llevarán a las principales atracciones turísticas y barrios de interés en Berlín.

Por su facilidad recomiendo usar el metro y el tren, pero si te gusta ver por donde pasas también puedes usar los autobuses y el tranvía (más lentos y con más paradas). Por otro lado, si quieres mover las piernas, la bicicleta es uno de los medios de trasporte más usados por los berlineses. Hay numerosos carriles bicis que cubren casi todos los puntos de la ciudad.

Una recomendación: si vas a pie, mucho cuidado con pasear por los carriles bicis. Los berlineses se transforman en auténticas fieras cuando van a toda velocidad por el carril bici. No frenarán, te gritarán y preferirán chocar contigo y llevarte por delante antes de frenar o apartarse. Por la ciudad encontrarás muchos lugares donde alquilar bicis. Así como diferentes compañías para alquilar patinetes eléctricos, aunque este servicio sale bastante caro en comparación con la bici.

 

Comer en Berlín

La gastronomía alemana no es famosa por su delicadeza, finura y exquisita elaboración. Por lo tanto, no esperes grandes experiencias culinarias en tu visita a Berlín (a no ser que pagues una pequeña fortuna en determinados restaurantes). En los restaurantes más típicos no faltan la kartoffelsuppe (sopa de patatas), las salchichas, las boulette o frikadelle (las típicas albóndigas berlinesas), o las Königsberger klopse (albóndigas servidas en salsa blanca).

Todo esto servido con el socorrido acompañamiento a base de puré de patatas, chucrut, mostaza y encurtidos. También encontrarás el Wiener snichtzel (filete de carne empanado), y el eisbein, una forma de preparar el codillo muy popular en Berlín. Consiste en una pierna de cerdo salada y ahumada, cocida a fuego lento hasta que la carne esté tierna y la piel crujiente, servida con chucrut y puré de guisantes o puré de patatas. Como veis, una comida potente con la que recuperar energías y seguir recorriendo Berlín.

Podréis disfrutar de algunas de estas especialidades, por ejemplo, en el Markthalle Neum (entre Eisenbahnstraße y Muskaser Str.) Un mercado del barrio de Kreuzberg, pequeño y de ambiente local, con puestos de comida casera. Al mediodía se llena, pero siempre encontrarás alguna mesa donde sentarte.

La gastronomía berlinesa también refleja la multiculturalidad de la ciudad y ofrece una amplia gama de opciones gastronómicas. Desde restaurantes de comida callejera hasta restaurantes gourmet de alta cocina. Puedes encontrar comida vietnamita, tailandesa, japonesa, italiana, griega, india…

Y, por supuesto, no puedo olvidarme de los restaurantes turcos, donde se suele comer muy bien (y barato) una comida más ligera que la alemana. Verás que en Berlín hay muchos barrios del centro, sobre todo de la antigua zona occidental, donde residen numerosos turcos llegados a Alemania durante la década de 1960-70 para cubrir la alta demanda de puestos de trabajo. Con ellos, trajeron sus costumbres y su gastronomía. Por si no lo sabías, el Döner-Kebab fue popularizado en Alemania y el resto de Europa, por un inmigrante turco llamado Kadir Nurman del barrio de Kreuzberg en Berlín.

Y para comida rápida y económica, el currywurst es el plato estrella de Berlín. Se vende por todos lados, en ferias, mercadillos y puestos callejeros. Es una salchicha de cerdo frita o hecha a la parrilla, cortada en rodajas y cubierta de ketchup y curry en polvo acompañada casi siempre de patatas fritas. Y los más golosos, los postres pueden incluir el Berliner pfannkuchen, unos bollos redondos y esponjosos, rellenos de mermelada de frutas y cubiertos con azúcar glaseado. O las diversas tartas donde brillan con luz propia la de manzana (apfelstrudel) y el käsekuchen (tarta de queso) en sus diversas variedades.  

La loca vida nocturna de Berlín

La noche de Berlín es algo especial. Es cierto que ha perdido algo de su “encanto” inicial cuando abundaban las fiestas improvisadas en locales abandonados reconvertidos en antros de diversión. Hoy algunos de esos locales y fábricas abandonadas se han convertido en clubs y discotecas conocidos mundialmente. Además de todos los bares y locales que puedas encontrar en Barrios o zonas muy animadas como Neuköln, Hackescher Markt , Prenzlauer Berg o Budapester Str. 

Tengo que nombrar aquí alguno de esos templos glorificados de la juerga y el desmadre nocturno entendidos al modo berlinés. Y como no, tengo que empezar por esa antigua central eléctrica de arquitectura soviética reconvertido en el club más difícil de entrar y exclusivo en Berlín: el Berghain Berlin Club.

Ubicado en una zona industrial cerca de la estación de Ostbahnhof, puedes escuchar desde la distancia el bum-bum de la música que ruge en su interior brotando de esta mole de hormigón. Lo más difícil de este local, tras esperar en su larga cola, es superar el examen de aprobación de los porteros de la entrada. Si no os dejan entrar, recordad que conocidas personalidades, entre ellas Elon Musk, han sido rechazadas por los porteros.

Por lo tanto, tengo que hablaros de los códigos de entrada y comportamiento en este y en otros templos del tecno berlinés. Por supuesto son normas no escritas, subjetivas, sin sentido, y siempre decididas por el personal de la entrada. Mejor no presentarse en grupos. En el Berghain, originariamente un club gay, se sigue aconsejando que las chicas vayan acompañadas por un varón, lo más guaperas posible. Y, en cualquier caso, cuanta más extravagante y menos ropa se lleve, mejor. Presentaros con total seguridad en la puerta, como si hubierais nacido en el Berghain y fuera vuestra casa. Y no se os ocurra sacar vuestro móvil, hacer fotos o grabar vídeos. En el Berghaim y otros clubs de Berlín no está permitido el uso de teléfonos móviles para respetar la privacidad de los asistentes.

 

Si de forma casi milagrosa conseguís entrar, os toca pasar por caja. El equipo de sonido y sus potentes altavoces hacen temblar las paredes y ventanas del edificio, mientras las ondas sonoras atraviesan tu cuerpo. Decenas de cuerpos semi-desnudos y sudorosos en pleno trance se mueven entre las diferentes plantas del edificio al ritmo de lo último de la música Techno.

Lo mejor de la “fauna“ berlinesa se reparte por las pistas de baile, las barras de los bares, los columpios, los baños siempre atestados de gente, el Panorama Bar…Y para lo más viciosos, el Lab.oratory, la zona gay donde todo puede pasar ubicado en el sótano. Al final, acabas por entender porque el ambiente loco del Berghain, libertino, desinhibido y en el que cada uno va a lo suyo, engancha a tanta gente. Y eso a pesar de la sordera con la que sales.

Vamos con otro de los referentes de la fiesta berlinesa: el KitKat Club, ubicado cerca de la parada del metro de U Heinrich-Heine-Straße. Fundado por un conocido productor de películas porno de los años 90, es una mezcla de desenfreno animado por el sonido techno más potente. Aquí, a la extravagancia ya vista en el Berghain, hay que sumar el que hay que entrar semi desnudos, es decir, casi sin ropa. Os podéis imaginar cómo se pone el KitKat de madrugada tras unas cuantas horas de desenfreno de bailoteo rozando cuerpos casi al natural. Y cómo se anima el personal por los sofás, en los baños o por los rincones.

Estos son sólo 2 de los lugares más conocidos de la alocada noche berlinesa. Pero hay muchos más y para todos los gustos. Hay que tener en cuenta que Berlín una ciudad en constante cambio, con nuevos lugares emergentes y que ofrece mucho más ocio nocturno en zonas diferentes de la ciudad. Además, también hay eventos y fiestas, así como clubes y bares escondidos en diferentes partes de la ciudad. Por eso, si tienes tiempo y ganas, te aconsejo darte una vuelta por:

Kreuzberg.- Conocido por ser uno de los barrios más animados de Berlín. Aquí encontrarás una gran cantidad de bares, clubes y restaurantes con una atmosfera alternativa y ecléctica. La calle Oranienstraße y el área alrededor de Görlitzer Park son las más populares.

Friedrichshain.- La zona alrededor de Simon-Dach-Straße es famosa por sus numerosos bares y clubes, donde podrás disfrutar de música en vivo y locales con  cerveza artesanal.

En Mitte encontrarás una mezcla de bares elegantes, clubes nocturnos exclusivos y lugares de música en vivo. En las orillas del río, pasado el Marx-Engels Forum, llegarás a la zona de Nikolai donde se encuentra la iglesia de San Nicolas. Es un área peatonal con terrazas, restaurantes típicos alemanes y algunas calles que sobrevivieron a la destrucción de Berlín durante la II Guerra Mundial. En sentido inverso, hacia el norte, acércate hasta el Hackescher Market, una de mis zonas favoritas del centro de Berlín. Aquí encontrarás mercadillos al aire libre, restaurantes, terrazas y bares siempre rebosantes de animación.

Y también puedes conocer algunas terrazas chulas, como las del Monkey Bar enfrente del zoo, GMF o Klunkerkranich.

Sea como sea, recuerda respetar las reglas no escritas de comportamiento en cada lugar. Y si no sabes cuáles son, aplica el dicho de: “Allá donde fueres, haz lo que vieres”. Al que en Berlín hay que sumar el que dice:

«VIVE Y DEJA VIVIR»

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