Es Miércoles Santo y me encuentro en la Catedral de Quito a punto de presenciar una ceremonia cuyo origen se remonta a tiempos de la antigua Roma. Desde una hora antes del mediodía ya casi no se puede entrar a la Catedral.
la Iglesia de la Compañía de Quito, el Barroco americano en su máxima expresión.
La Iglesia de la Compañía de Quito es de esos lugares que desde la primera vez que se ven, sorprenden, entusiasman y acaban instalándose en la memoria con derecho propio. Eso me pasó la primera vez que atravesé la puerta principal de acceso a esta iglesia y supe que había entrado en otro mundo. Estaba frente a una obra maestra del barroco hispano en América.
Llevaba años escuchando maravillas acerca del Mercado de Artesanías de Otavalo. Pero nunca encontraba el momento para acercarme a esta población de la Sierra andina situada a unas dos horas de Quito, la capital de Ecuador.
Ahí está por fin el Cotopaxi. Parece que casi lo puedo tocar con la mano cuando por fin se desvanece el manto de nubes. Estoy ascendiendo por la ladera volcánica de uno de los volcanes más majestuosos de Ecuador a más de 4.500m. de altura. Donde las cosas se sienten de otra manera.
Promocionada a mi parecer de forma excesiva como la «pequeña Galápagos» la Isla de La Plata se encuentra a poco más de una hora de navegación de la costa ecuatoriana continental. Es esta una isla agreste, de acantilados rocosos.
Cuando llegas a Puerto López en la costa de Ecuador lo más normal es que se te caiga el alma a los pies a pesar de su bonita ubicación en una bahía bañada por una amplia playa. Es uno de los pueblos con menos atractivo que he visitado últimamente.
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