Mi primer salto en paracaídas.

He tenido la gran suerte de que unos amigos franceses (sí, yo también tengo amigos allí) me invitaran en este mes de mayo a hacer una de esas locuras que todos deberíamos hacer alguna vez en la vida: saltar al vacío desde 4.000 m. enganchado a un tipo que no conoces.

Y al que le has de confiar tu vida esperando que se acuerde de abrir el paracaídas a su debido tiempo. El problema de tirarte al vacío cayendo a 200 Km/h y ver como el suelo se acerca más lentamente de lo que parece es que es algo totalmente adictivo. Es la sensación más cercana que he tenido a volar libre y os lo dice alguien que ha hecho algunas burradas pilotando avionetas. Sencillamente es el mayor subidón de adrenalina que creo haber tenido en apenas un minuto, el que transcurre cayendo entre los 4.000 y los 1.500 metros.

El lugar, el aeródromo de Gap/Tallard, una pequeña población ubicada entre la Costa Azul y las estribaciones de los Alpes Marítimos próxima al Parc National des Écrins y cercana a la frontera italiana. El momento, mes de mayo con un tiempo primaveral envidiable y una visibilidad que en términos aeronáuticos se denomina cavok, perfecta. La compañía, tres amigos que también se iban a tirar por primera vez en paracaídas.

La hora prevista para saltar era a las 4 de la tarde así que paramos a comer en un restaurante cercano al aeródromo. Finalmente llegamos, aparcamos y entre risillas nerviosas nos dirigimos al  despacho de Parachutisme-Reflex en el CERPS, Centre Ecole Régional de Parachutisme Sportif, para firmar todos los descargos de responsabilidad habituales en estos casos, entregar el certificado médico que se ha de realizar ex profeso y que garantiza tu buen estado de salud y, para terminar, dejar bien señalado a quién legas tus bienes en caso de fallecimiento.  También en este momento se pagan los 250€ que cuesta la broma (merci Tony) y si además quieres un vídeo para inmortalizar el momento has de pagar otros 90€ más, pero os aseguro que merece la pena.

.Peligro, aquí se salta....

Allí conocimos a los que fueron nuestros instructores durante el salto en tándem y es que lo bueno de esta modalidad de salto para el neófito es que el instructor se hace cargo de todo, de ponerte los arneses, de darte las claves necesarias para que no le golpees durante el salto, de cargar con el paracaídas y de charlar contigo para hacerse una idea de tu estado anímico.

.Preparación.

El día de mi primer salto en paracaídas fue mi día de suerte ya que como instructor y compañero de salto tuve a Rapahel Coudray, campeón de Europa en el 2011, Campeón del Mundo en el 2010, campeón de Francia no sé cuántas veces y miembro del equipo nacional francés de salto en paracaídas team4speed entre otras muchas cosas. Rapahel, Raph para los amigos, es un tipo tranquilo que en los buenos días se llega a tirar hasta 10 veces al vacío…Vamos, es como si me hubiera tocado jugar un partido de tenis con Rafa Nadal en Roland Garros o dar una vuelta en un Formula 1 con Fernando Alonso por el revirado circuito de Mónaco.

.Raphael Coudray con el equipo del team4speed.

También me comentó curiosidades técnicas y anécdotas varias ya que hay gente que se pone realmente nerviosa, vomita, grita, se marea, se desmaya…nos reímos un buen rato. Y es que subirse a una avioneta junto a otros 7 u 8 locos cargados de altímetros, cámaras, cascos, arneses y además con la intención de tirarse al vacío tiene que imponer lo suyo. Ahí yo jugaba con ventaja, por mis horas de vuelo, sobre mis amigos que empezaban a ponerse nerviosos mientras les colocaban los arneses y les daban las correspondientes instrucciones.

.Gracias Toni .

Llegó la hora. Subimos a una camioneta que nos traslado hasta la zona de aparcamiento de las avionetas, unas Twin Otter en cuyo interior nos acoplamos como pudimos. Cerca ya de los 4.000 m. todos empezamos a prepararnos: los cámaras se aseguraron los cascos y los demás las gafas, arneses y cierres.

Preparado para saltar.

Acto seguido alguien abrió la portezuela y el ruido de los motores y del viento invadió la cabina. Allí abajo, muy abajo casi no se veía la pista. El primero en saltar se agarro a un lateral y se tiró siguiendo a mi amigo Tony colgado de su instructor que desaparecieron en un santiamén.

Por fin Raph y yo nos acomodamos al borde de la portezuela mientras el cámara se colocaba casi colgado de la estructura de la avioneta. Allí al fondo se veían los Alpes todavía nevados, abajo el vacío y el paisaje agrícola del valle de Gap ante mis pies y entonces pensé “¡¡guauu!! esto sí que me va a gustar…” Al instante estaba gritando y cayendo y gritando a pleno pulmón mientras mi boca se secaba y sólo sentía la gozada, el placer de caer, flotar, caer y caer girando, dando vueltas, jugando con la muerte y sintiéndome libre al mismo tiempo.

En este vídeo de 3 minutos podréis ver lo mal que lo pasé, je, je… Haz click sobre la imagen de abajo.

.Saltando al vacío.

Cuando finalmente se abrió el paracaídas y sentí en todo el cuerpo como se clavaban los arneses debido al frenazo brutal exclamé mentalmente ¡¡¡nooooo!!! ¡tan pronto nooo! ¡quiero mááás!

.Vídeo saltando al vacío

1.

La bajada dando vueltas y manejando el paracaídas, muy similar a los que se usan en parapente, no me aportó ni de lejos el nivel de brutales sensaciones que había sentido durante la caída.

Mientras nos acercábamos a la zona de aterrizaje sólo pensaba en volver a subirme a esa avioneta posicionada para despegar en el punto de espera de la pista del aeropuerto. Después de un aterrizaje perfecto, de los saludos, las felicitaciones y los comentarios excitados con mis amigos, mis ojos se iban una y otra vez a esas Twin Otter que despegaban con su carga de locos a bordo y seriamente pensé en convertirme en uno de ellos.

Pulsa sobre la imagen inferior para ver la grabación subjetiva del salto en paracaídas filmado con una cámara GoPro.

 

 

Ni bañarme con tiburones blancos en Sudáfrica, ni caminar pegado a abismos en los Alpes o en los Andes, ni tomar tragos junto a matones armados en antros de América Central, ni pasear junto a ríos de lava de volcanes en erupción, ni ser perseguido por elefantes cabreados, ni el rafting nivel 5 en el río Pacuare donde me sentí como centrifugado en una lavadora descontrolada…ninguna de las locuras que he hecho en mi vida me ha dejado una sensación tan imborrable, ni una explosión de adrenalina tan fuerte como la de haber volado libre… aunque sólo fuera por un breve, intenso e inolvidable minuto.

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